Hay una película argentina de 1993, “De eso no se habla”, dirigida por María Luisa Bemberg, en la que, en un pequeño pueblo, todos saben de la existencia de una “enana”, pero existe un acuerdo tácito: de eso no se habla. El silencio termina convirtiéndose en una forma de negar aquello que incomoda.
Algo parecido parece ocurrir en la Provincia de Buenos Ayres con los datos: están ahí, son públicos, medibles y difíciles de discutir. Sin embargo, en buena parte del debate político provin-cial se habla mucho de responsabilidades, culpas y disputas partidarias, pero poco de los números concretos que describen la realidad social y productiva.
Según el Observatorio Económico de la Provincia de Buenos Aires del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), desde noviembre de 2023 hasta abril de 2026 se perdieron 91.270 puestos de trabajo registrados en territorio bonaerense. Es el 26,7% de todos los empleos registrados destruidos en la Argentina. La desocupación llegó al 9,7%, frente al 7,8% nacional. En el conurbano llega casi al 11%.
Pero detrás del empleo perdido hay también endeudamiento. Buenos Ayres concentra 2.195.427 deudores morosos: el 37,4% de todos los morosos del país. Entre los jóvenes de 20 a 24 años, la morosidad alcanza el 37,7%.
Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 desaparecieron 8.114 puestos registrados de trabajadoras de casas particulares en Buenos Aires, una caída del 4,7 por ciento. Representan el 28,1 % de todas las bajas registradas en el país en esa actividad.
La interpretación del CEPA es explícita: “los hogares de clase media ya no pueden sostener esa fuente de empleo”. Y agrega que el impacto tiene “un fuerte sesgo femenino”, porque se trata de una de las actividades más feminizadas del mercado laboral.
Mientras tanto, los servicios esenciales corrieron muy por delante de los ingresos. Entre diciembre de 2023 y junio de 2026, transporte aumentó 423%, comunicación 443% y vivienda -incluyendo gas, electricidad y agua- 555%. El peso de los servicios públicos (luz, gas, agua y transporte) representan el 30 – 35% del salario de los trabajadores.
El aparato productivo tampoco escapa. Buenos Ayres concentra el 40% de los establecimientos productivos del país, pero desde la llegada del actual gobierno nacional cerraron 7.625 unidades productivas bonaerenses y cuatro de cada diez máquinas están paradas. La provincia revela un 27% de los cierres empresariales registrados en todo el país. En mayo de 2026, además, la industria nacional utilizaba apenas el 58,4% de su capacidad instalada. Y el promedio de actividad entre diciembre de 2023 y abril de 2026 estuvo 6,1 % debajo del nivel de noviembre de 2023.
Algunos sectores se encontraban todavía peor. La metalmecánica, excluido el sector automotor, utilizaba sólo el 38,7 % de su capacidad. Caucho y plástico, el 39,6 %. Textiles, 42,2. Y la industria automotriz, 45,5 %.
El CEPA resume su interpretación con una definición política: “en el gobierno de Milei la industria no forma parte de las políticas económicas”.
El resultado inevitable aparece en el consumo: las ventas reales de supermercados bonaerenses ca-yeron 6,2% interanual en mayo, mientras que en los centros comerciales del Gran Buenos Ayres la caída llegó al 9,1%.
Y aquí aparece la cuestión política central. Menos empleo significa menos consumo. Menos con-sumo significa menos producción. Menos producción significa menos recaudación. Y menos re-caudación significa menos recursos para los municipios y para la propia Provincia, en un territorio que ya sufrió una caída real del 2,1% en las transferencias por coparticipación durante el primer semestre de 2026.
Por eso Buenos Ayres necesita algo más que una pelea entre oficialismo y oposición. Necesita mirar sus propios números y discutir qué modelo productivo, laboral, fiscal y municipal quiere construir. La provincia de Buenos Ayres está sufriendo con una intensidad superior al promedio nacional.
EL bonaerense no debe acostumbrarse a administrar el deterioro. Tiene que volver a pensar en términos de descentralización política, producción, trabajo, infraestructura, arraigo y desarrollo. Porque cuando una sociedad deja de discutir sus problemas reales, el silencio también se convierte en una política.
Buenos Ayres ya tiene demasiadas cosas de las que durante demasiado tiempo no se habló.
Luis Gotte
La trinchera bonaerense






























































