El Presidente anunció un decreto para reforzar las capacidades militares en Tierra del Fuego y anticipó que pedirá al Congreso nuevas herramientas económicas y diplomáticas para sancionar a empresas que participen de la explotación de hidrocarburos en las Islas. También cuestionó el derecho a la autodeterminación de los isleños.
El presidente Javier Milei utilizó este jueves la cadena nacional para anunciar el sanciones más duras para evitar la explotación petrolera en las Islas Malvinas y la construcción de una base militar en Tierra del Fuego.
En un mensaje grabado en el Salón Blanco junto a todo el gabinete nacional, el Presidente sostuvo: “Las Malvinas son argentinas por historia y por derecho, no hay discusión al respecto”. Y remarcó que los isleños “no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación”.
En ese sentido, aseguró que firmará un decreto para “ampliar los recursos del Ministerio de Defensa con el fin prioritario de construir una base naval en Tierra del Fuego e incrementar las capacidades en comunicación”. Según el Presidente, se trata del “polo logístico más importante del Atlántico Sur”. Además, anticipó que pedirá al Congreso “que le otorgue al Consejo facultades para que el Estado pueda responder con herramientas económicas y diplomáticas frente a actores estatales que amenacen la seguridad nacional”.
“No alcanza con sostener nuestro reclamo: el Estado argentino tiene la obligación de utilizar todas las herramientas diplomáticas, económicas, judiciales y legales disponibles para defender nuestra soberanía y nuestros recursos”, dijo y agregó que “eso exige leyes adecuadas, organismos del Estado coordinados y herramientas efectivas para avanzar en un objetivo que trasciende a cualquier gobierno”.
Sobre la sanción a las empresas petroleras que operen en las Islas Malvinas de manera unilateral, Milei aseguró que buscará “dotar de mayor celeridad a los procedimientos sancionatorios que impone la ley 26.659 contra quienes participan de iniciativas de explotación de petróleo”.
El anuncio tuvo un destinatario en particular: el avance del proyecto hidrocarburífero Sea Lion, impulsado por las firmas Rockhopper Exploration y Navitas Petroleumpara la prospección de crudo. Pocos minutos después del mensaje en cadena nacional, la Oficina del Presidente emitió un comunicado en el que informó que el Presidente dispuso la firma de un decreto reglamentario y el envio de un proyecto de ley al Congreso, “en respuesta al avance del condenable proyecto Sea Lion hacia la explotación de petróleo en las Islas Malvinas sin autorización de la República Argentina”.
Milei dejó en claro que tomó el guante que le dejó Donald Trump. El mandatario estadounidense viene amagando con revisar la el apoyo de ese país al Reino Unido. En su discurso, Milei dijo que los Estados Unidos “está revaluando su posición histórica con relación a Malvinas. Esta amenaza no es inocua. Los Estados Unidos evalúan ese cambio de posición porque saben que en la Argentina tiene un socio confiable, alineado con los valores occidentales, en una posición de relevancia estratégica, que puede ser un aliado valioso en las décadas por venir”.
Y sostuvo que este posible cambio de posición se debe al “declive” del Reino Unido frente al “futuro floreciente” que promete Argentina. Según su opinión, esto se debe en parte a que Argentina no tiene los “problemas” de inmigración que sí tienen los británicos.
En el Gobierno hay preocupación por el avance de la explotación de hidrocarburos en la Cuenca Malvinas Norte. El pasado 25 de agosto, el gobierno de Tierra del Fuego expresó su preocupación por la llegada del buque VS Promise, dedicado al transporte de crudo y registrado bajo bandera británica, amarró en el muelle comercial del Puerto de Ushuaiatras realizar operaciones de carga en la terminal de Río Cullen, en el norte de Tierra del Fuego.
La presencia del buque no es un hecho menor: la Ley Provincial 852, conocida como Ley Gaucho Rivero, prohíbe desde 2011 la permanencia, el amarre y el abastecimiento de barcos con bandera británica en puertos fueguinos, en rechazo a la ocupación del Reino Unido sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur.
“La Cancillería argentina ya ha enviado cerca de 180 notas de desaliento a empresas y a más de 29 países involucrados en distintos proyectos en nuestras islas”, dijo Milei.
Pero el discurso de Milei de esta noche viene empujado por dos hechos que escapan a la voluntad presidencial. Por un lado el gesto desafiante de los jugadores de la Selección que levantaron la bandera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas” luego de derrotar a Inglaterra en las semifinales del Mundial 2026. A los futbolistas poco les importó el pedido de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva de no llevar al encuentro ninguna mención al conflicto. Esa imagen sin planificación derivo en un repentino fervor patriótico frente a la posición elgiosa del Presidente sobre la figura de Margaret Tatcher.

Los jugadores con la bandera de las Malvinas.
“Criticar a alguien por su nacionalidad o raza es muy intelectualmente precario. He escuchado muchos discursos de Margaret Thatcher. Ella era brillante. Entonces, ¿cuál es el problema?”, había dicho Milei en una entrevista con la BBC en mayo de 2024.
La segunda razón que explican esta cadena nacional hay que encontrarla en otro hecho que tampoco tiene que ver con la pericia del Gobierno para encontrar una solución al conflicto. Hay que rastrearlo en el enojo de Donald Trump con sus socios británico de la OTAN. El mandatario estadounidense quiere mayor presencia del Reino Unido en su guerra contra Irán y a la vez presiona para que el gobierno del laborista Andy Burnham destine más presupuesto al financiamiento de la OTAN.
En abril de este año se conoció un correo interno del Pentágono sugiere que Estados Unidos podría retirar el apoyo diplomático a Reino Unido sobre las Islas Malvinas. El documento, filtrado por la agencia Reuters, especifica la posibilidad de reevaluar el amparo estadounidense a las “posesiones imperiales” europeas, algo que afectaría al archipiélago que la Argentina reclama históricamente y que llevó a una guerra en 1982 en la que murieron 650 soldados argentinos y 255 británicos
Este lunes, un periodista le preguntó a Donald Trump por la postura de Estados Unidos sobre la soberanía del archipiélago. “Siempre reviso cada posición. Esa es apenas una entre muchas”, respondió el mandatario norteamericano, sin comprometerse a nada concreto pero sin descartar tampoco un cambio. La frase llegó después de que medios británicos reportaran la semana pasada que el gobierno de Trump estaría evaluando retirar su respaldo histórico a la posición del Reino Unido sobre las islas, como forma de presionar a Londres para que eleve su gasto en Defensa hasta el 3% del PBI que reclama la Casa Blanca a sus socios de la OTAN. Así, la ambigüedad de Trump tendría menos que ver con Argentina que con una pulseada financiera entre Washington y Londres.
Al día siguiente, la idea de aprovechar la ola terminó de tomar forma durante una reunión de gabinete en la Casa Rosada, donde el tema ocupó buena parte de la discusión internacional y el canciller Pablo Quirno presentó un informe sobre los movimientos diplomáticos que viene realizando el Gobierno.
Rápido de reflejos, Santiago Caputo, el hermético asesor presidencial, se apuró a escribir en su cuenta de X: “Es saludable que los Estados Unidos revisen su postura sobre Malvinas. Sería extraño que no lo hicieran. No se puede esperar menos de un aliado estratégico. Malvinas es una causa sagrada para los argentinos”.
Habrá que ver ahora hasta que punto es confiable el apoyo de Donald Trump. Por lo pronto, el vocero de Burham ya aclaró que no existe ningúna posibilidad de que el Reino Unido revise su posición sobre Malvinas.
Fuente: elDiarioAR





























































