Ingeniero agrónomo y productor de cuarta generación, Gabella sorprendió en la Fiesta Provincial de la Vendimia con sus etiquetas «Finca La Juanita» y «La Vitícola». Con una cepa poco convencional para la región y una producción artesanal que agotó stock en horas, el proyecto nacido en el confinamiento de 2020 se posiciona como la nueva revelación vitivinícola del suelo Torquistense .
Francisco Gabella, ingeniero agrónomo y productor de cuarta generación en Pellicurá, presentó por primera vez sus vinos en la Fiesta de la Vendimia y sorprendió a todos con una cepa atípica. Lo que comenzó como un «pasatiempo de pandemia» terminó con stock agotado y un reconocimiento especial en la cata dirigida.
Para muchos asistentes a la reciente Fiesta Provincial de la Vendimia, el nombre de Francisco Gabella fue un descubrimiento absoluto. El productor de Pellicurá llegó al evento sin demasiadas pretensiones, pero se retiró con la satisfacción de haber sido uno de los más elogiados. «Fui con cero expectativa y no pensaba que iba a tener la repercusión que tuvo. Era la primera vez que presentaba mi vino y fue muy reconfortante», confesó Gabella, aún procesando el éxito del fin de semana.
Uno de los hitos de la jornada fue la selección de su vino para una cata reducida entre proyectos de toda la provincia, donde resultó elegido como uno de los favoritos. La respuesta del público fue igual de contundente: «En pocas horas se vendió todo. Mi primera venta la hice el sábado a un chico de Tornquist», recordó con orgullo.
Gabella representa a la cuarta generación de una familia asentada en Pellicurá, históricamente dedicada a la ganadería y la agricultura. La vid llegó a su campo casi por curiosidad durante el confinamiento de 2020. «Empezaron a surgir actividades para matar el tiempo: huertas, pollos, y esto salió ahí», relató el ingeniero agrónomo.
Aunque lo define como un «hobby» que convive con sus vacas de cría, el proceso detrás de sus etiquetas, «Finca La Juanita» y «La Vitícola», es riguroso. Tras la cosecha a fines de marzo del año pasado, el vino descansó doce meses en barricas de roble francés antes de ser embotellado justo a tiempo para la fiesta. «El trabajo de armarlo es lo más fácil; lo más difícil es mantenerlo: controlar plagas, programar el riego y trabajar mucho», explicó.
El gran diferencial de su viñedo es el Carignan, una variedad poco común en Argentina que encontró en el suelo de Pellicurá su lugar ideal. «Tengo Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon y con la que más ‘la pegué’ es con esta variedad atípica. Tengo 200 plantitas que fueron las que mejor se adaptaron y más producción me dieron. Evidentemente les gustó el terreno», analizó Gabella sobre esta cepa de origen catalán.
A pesar del éxito, el productor mantiene los pies sobre la tierra, especialmente por los desafíos climáticos que enfrenta la zona. Tras una producción de 1.500 botellas, las heladas y granizadas de octubre afectaron los brotes, por lo que anticipa que la próxima cosecha será más reducida. Sin embargo, la energía de lo vivido en la Vendimia parece ser el motor para seguir apostando a este rincón vitivinícola en medio de la llanura pampeana.
Para conocer más: Podés seguir el proyecto en Instagram a través de @finca.la.juanita.
































































