Una fotografía rescatada del baúl de los recuerdos en las redes sociales encendió la mecha de la memoria colectiva en Saldungaray. En una entrevista en FM Reflejos, la historiadora local y escritora Nora Gómez de Sequeira rememoró un insólito y peligroso episodio de la década de 1960 que conecta a este rincón de la provincia de Buenos Aires con la época dorada —y hoy cuestionada— de los espectáculos circenses con animales.
La historia gira en torno a un vecino catalogado como «intrépido y valiente»: Néstor Gómez, conocido popularmente en el pueblo como «El Chato». En aquellos años sesenta, el circo «Águilas de Plata» se instaló en la intersección de las calles Donado y Cuatro Picos. Su mayor atractivo consistía en un reto casi de ciencia ficción para los pobladores locales: quien se animara, podía subir a pelear cuerpo a cuerpo contra un oso de gran tamaño.
El testimonio de un pueblo audaz
Nora Gómez de Sequeira, quien estuvo presente en la función, relató con lujo de detalles la tensión que se vivió bajo la lona:
«Néstor se animó y se metió en la jaula con el oso pero bueno fue un espectáculo todos con un miedo terrible de que le hiciera algo. Había que animarse a semejante bicho. El oso estaba bien, tenía sus garras bien tapadas no sé si tenía vendas debajo de los guantes o qué y tenía también una trompeta tipo protección en el en el hocico o sea que con bozal. No era tan sencillo».
Según la escritora, «El Chato» Gómez era un «muchachón muy intrépido… un ser especial… un bonachón de aquellos», cuya hazaña no fue la única de la noche. En esa misma función, marcada por el coraje de los habitantes, otra vecina llamada Juanita Esmoli se animó a ingresar a la jaula de los leones para brindar y tomar una copa con el domador. «Había que tener ese coraje», sentenció Nora.
El mito del Oso Bongo y Martín Karadagián
El relato de Saldungaray no es un hecho aislado, sino que abre el interrogante sobre si el contrincante del «Chato» fue el mismísimo Oso Bongo, el mítico animal que saltó a la fama nacional de la mano de Martín Karadagián en el Luna Park.
Durante la misma entrevista, se recordó el impacto que causaban estas atracciones. En el Luna Park, Bongo utilizaba guantes de boxeo y bozal, pero mantenía sus patas traseras descubiertas, lo que llegó a provocarle severas heridas en la espalda al célebre luchador de Titanes en el Ring en combates sumamente sangrientos.
La estrategia del circo «Águilas de Plata» de desafiar a los lugareños se replicó en Tornquist y en numerosas localidades del interior bonaerense y del país. En los registros históricos de varios pueblos argentinos, la leyenda de un «oso luchador» que desafiaba a los hombres más fuertes de cada lugar permanece viva, sugiriendo que Bongo (u osos de similares características contratados por los promotores de la época) recorrió miles de kilómetros protagonizando este tipo de espectáculos itinerantes.
Una atrocidad de época vista desde el presente
Hoy en día, estas historias se recuerdan con una mezcla de nostalgia y asombro por la audacia de los vecinos, pero también bajo una fuerte mirada crítica respecto al bienestar animal.
Nora Gómez de Sequeira reflexionó sobre cómo eran aquellos años sesenta, catalogándolos como «la época en la que los circos explotaban a la fauna». Lo que en aquel entonces se vivía como una diversión familiar y un acto de valentía comunitaria, hoy es reconocido como una crueldad y una atrocidad de la época. Aquellos animales, sacados de sus hábitats, confinados a jaulas diminutas, trasladados en vagones y obligados a pelear o actuar bajo coerción y elementos de sumisión como bozales y garras amputadas o vendadas, representan un modelo de espectáculo que, afortunadamente, la sociedad ha decidido desterrar mediante normativas que prohíben los circos con animales.
A pesar del rechazo actual a la práctica comercial con fauna, el valor de rescatar estos relatos radica en la preservación de la identidad y la memoria oral de los pueblos. Como concluyó la entrevistada: «Son cosas que tienen que quedar en la memoria, son, trascienden de una generación a otra y es lo que va armando la historia de los pueblos».
Foto original de portada editada con IA






































































