Frente al trascendental cruce entre Argentina e Inglaterra por las semifinales de la Copa del Mundo, el filósofo Santiago Liaudat analizó en FM Reflejos el trasfondo histórico de esta rivalidad. A partir de sus 17 puntos sobre la dominación inglesa en el país, el docente y científico desentrañó cómo el fútbol opera como un «exorcismo popular» frente a una herida de dependencia que excede largamente la cuestión de Malvinas.
El fútbol en Argentina nunca es un hecho estrictamente deportivo, y mucho menos cuando el rival que se para enfrente viste la camiseta de Inglaterra. En un momento de «gargantas y ánimos atenazados» por la disputa de las semifinales de la Copa del Mundo, la expectativa social trasciende el juego y roza las fibras más sensibles de la identidad y la historia nacional.
Para comprender la densidad política, cultural y emocional que rodea a este enfrentamiento, Santiago Liaudat —filósofo, científico, profesor de Introducción a la Filosofía en la Facultad de Trabajo Social de la UNLP y especialista en Estudios Latinoamericanos— dialogó con FM Reflejos. En una profunda charla, el intelectual analizó el impacto de su reciente publicación, un trabajo sintético de 17 puntos donde repasa dos siglos de neocolonialismo británico en el país, conectando el fervor mundialista con una estructura de dependencia económica y cultural que sigue vigente.
Malvinas como el resultado de una larga historia de expoliación
Al ser consultado sobre el significado de este partido en una nación que arrastra profundas heridas, Liaudat explicó que la enorme carga simbólica del encuentro deportivo se nutre de una memoria histórica que va mucho más allá de la guerra de 1982.
«Es obvio que tiene que ver con las Malvinas, es obvio que es la herida más reciente en relación a un imperio que nos ha infligido muchas heridas […], pero está bueno saber que Malvinas es el resultado de una historia».
A través de su reconstrucción histórica, el docente detalló cómo la influencia británica moldeó un subdesarrollo estructural y una matriz de dependencia en la Argentina, especialmente durante los primeros 150 años de vida patria. Esta dinámica de dominación se consolidó mediante hitos que Liaudat enumera con precisión:
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El inicio de la deuda externa: Contraída en 1824 con la banca Baring Brothers, inaugurando una espiral de endeudamiento.
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La desmembración territorial: La intervención británica para propiciar la escisión de la Banda Oriental (Uruguay) para evitar que un solo país controlase la estratégica cuenca del Plata, así como su promoción activa de la Guerra del Paraguay.
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La ocupación de Malvinas: Iniciada formalmente con la invasión ilegal de 1833 sobre las islas que contaban con un gobernador argentino.
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La apropiación de recursos e infraestructura: El posterior control de la red ferroviaria —inicialmente financiada con fondos públicos nacionales—, las masacres obreras de La Forestal en Santa Fe y los fusilamientos en la Patagonia rebelde propiciados por estancieros ingleses.
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La injerencia política y financiera: El golpe de Estado a Hipólito Yrigoyen en 1930 (con participación de la petrolera Shell), la firma del Pacto Roca-Runciman en 1933, el control del Banco Central y la posterior asistencia en el bombardeo a Plaza de Mayo en junio de 1955 contra el gobierno de Juan Domingo Perón, que había nacionalizado los servicios públicos.
La disputa por la Antártida y el Atlántico Sur
Liaudat advirtió que el conflicto territorial no es un recuerdo del siglo pasado, sino una disputa geopolítica sumamente actual que abarca las islas de Atlántico Sur, las Sándwich, las Georgias y todas las áreas marítimas circundantes. El filósofo puso especial énfasis en la desmesura del reclamo británico sobre el continente blanco:
«¿Cómo va a estar Gran Bretaña, que está en el hemisferio norte, reclamando una porción de la Antártida más grande que la de Chile y la Argentina? Se dan cuenta de la locura que es esto, ¿no?».
Esta constante vocación de militarización y control, de la cual la Operación Tabarin en los años 40 fue un claro exponente, es la que define la «lógica inglesa» que luego heredó directamente Estados Unidos en los ámbitos financiero, económico y cultural.
El fútbol como «exorcismo» simbólico
En la conclusión de la entrevista, Liaudat llamó a mantener la perspectiva, reconociendo que, en última instancia, «no deja de ser un partido de fútbol» y no se debe caer en excesos. Sin embargo, resulta imposible desvincular el juego de la carga mística que el pueblo argentino le imprime como un canalizador de justicia.
Frente al televisor o en las tribunas, la disputa deportiva representa, para el sentido popular, una pequeña trinchera simbólica contra doscientos años de asimetría. Por eso, cada vez que la Selección Argentina se mide ante el seleccionado inglés, el grito de aliento se convierte en una vía de escape, una memoria activa y un recordatorio de que la soberanía se defiende en todas las canchas
Ver: 200 años de neocolonialismo inglés resumido en 17 puntos




































































