A través de un dramático testimonio, la nieta de la víctima relató las cuatro horas de calvario que vivió su abuela entre las 2 y las 6 de la mañana de este miércoles. Con los delincuentes simulando las voces de sus hijos ausentes por viaje, la anciana los enfrentó con astucia arrojando trapos viejos en una bolsa. La trama policial se resolvió de forma increíble en una estación de servicio local.
La tranquilidad característica del Barrio San Bernardo, en la localidad de Sierra de la Ventana, se vio brutalmente interrumpida en la madrugada de este miércoles. Entre las 2:00 y las 6:00 de la mañana, una vecina de 92 años se convirtió en el blanco de una de las modalidades delictivas más despiadadas y psicológicamente violentas de los últimos tiempos: el «cuento del tío» bajo la modalidad de secuestro virtual. Durante cuatro agónicas horas, la anciana permaneció incomunicada, bajo el yugo de extorsionadores que jugaron con su amor de madre y abuela, sumiéndola en una situación de pánico absoluto.
Todo comenzó en plena penumbra, cuando el teléfono comenzó a sonar con insistencia. Al atender, la pesadilla cobró forma de inmediato. Al otro lado de la línea, una voz idéntica a la de la hija de la víctima —quien casualmente se encontraba de viaje — suplicaba por su vida entre sollozos. «Agarrá la plata y dáselas porque me van a matar», imploraba la voz fingida. Para dotar a la puesta en escena de un realismo escalofriante, los delincuentes sumaron a la simulación la supuesta presencia del yerno de la mujer, recreando perturbadores gorgoreos que sugerían que el hombre se encontraba maniatado y amordazado por los captores.
«La abuela la pasó súper mal, pobrecita. A las 2 de la mañana empezó todo y la tuvieron así casi hasta las 5 o 6 de la mañana… Le decían que la tenían secuestrada y hacían ruidos como de que estaban maniatados», relató con profunda conmoción la nieta de la víctima, reconstruyendo el calvario familiar.
Bajo una presión psicológica asfixiante, los malvivientes le exigieron la entrega inmediata de una suma inalcanzable para ella: 5.000 dólares en efectivo. Fue en ese instante de desesperación extrema cuando la lucidez y el instinto de supervivencia de la mujer de 92 años entraron en juego. Consciente de que no disponía de las divisas exigidas pero urgida por la supuesta amenaza de muerte que pesaba sobre su familia, decidió simular la entrega. Tomó una bolsa de consorcio y comenzó a hacer «bulto» introduciendo trapos de piso viejos en su interior. Para darle credibilidad al engaño, sumó un fajo con 100.000 pesos argentinos que guardaba en su hogar.
La orden de los delincuentes fue tajante: debía salir de inmediato a la calle y depositar el botín. Acompañada únicamente por su bastón, con el pulso tembloroso y el teléfono pegado a la oreja de forma obligatoria por orden de los extorsionadores, la mujer avanzó hacia la calzada. En ese instante, la situación se tornó aún más terrorífica: los criminales parecían estar observando cada uno de sus movimientos en la oscuridad. «Ahí no, más en el medio de la calle, más en el medio», le ordenaron con frialdad matemática a través del receptor.
Apenas dos minutos después de colocar la bolsa en el suelo, el rugido de un motor rompió el silencio de la madrugada. Una motocicleta pasó a gran velocidad y un ocupante recogió el bulto. Sin embargo, la farsa no tardaría en desmoronarse. Al revisar el botín en plena huida y percatarse de que habían sido burlados con trapos de limpieza, la furia de los estafadores se desató a través del teléfono. «¡Me cagaste, vieja hija de puta!», le gritaron con violencia antes de cortar la comunicación, profiriendo todo tipo de insultos y amenazas que paralizaron el corazón de la damnificada.
El pánico posterior fue total. La anciana se refugió en el interior de su vivienda, con la firme convicción de que los delincuentes regresarían a asesinarla en represalia. Sumida en una crisis nerviosa, trancó la puerta y comenzó a gritar con desesperación. Sus gritos alertaron a una vecina que se acercó al domicilio; la víctima le suplicó que diera aviso a la policía, aunque de acuerdo a los registros oficiales, las fuerzas de seguridad nunca recibieron una alerta formal en ese horario crítico de la madrugada.
El epílogo de esta dramática historia sumó un giro imprevisto por la mañana. Una mujer que transitaba en moto por el Barrio divisó la bolsa tirada en la calle y decidió llevarla hasta la estación de servicio YPF «Don Juan». Horas más tarde, cuando los efectivos policiales se encontraban abocados a revisar las cámaras de seguridad del sector para esclarecer el hecho, fueron sorprendidos por el aviso de un playero de la estación de servicio, quien les informó que tenían bajo resguardo una bolsa con dinero y trapos que había sido abandonada en el lugar.
Advertencia y Reflexión Familiar sobre Redes Sociales
La nieta de la víctima aprovechó la visibilidad del caso para encender las alarmas en la comunidad de la Comarca respecto al uso de las redes sociales y la sobreexposición de la intimidad. Según explicó, este tipo de bandas suele valerse de información minuciosa obtenida de perfiles digitales abiertos.
«Quería alertar más que nada por eso, para que también la gente tenga cuidado con las redes sociales», reflexionó, exponiendo cómo la inocente publicación de unas vacaciones familiares pudo haber brindado a los delincuentes el escenario perfecto para perpetrar el despiadado ataque.
Fuente: Familiares de la víctima y Policía de Sierra de la Ventana

































































