25/02/2026 |

El Gobierno rompió al peronismo, lo dejó sin autoridades en el Senado y gana fuerza para negociar la Corte

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Los peronistas que responden a Jalil, Sáenz y Jaldo rompieron el interbloque y pasan a engrosar el andamiaje oficialista de Bullrich. La designación de la jujeña Moisés como vice en el Senado y la furia del cristinismo. El peronismo a un voto de perder su tercio vetador.

“Vos no aprendiste de Perón, vos que fuiste peronista. Todo en su medida y armoniosamente. Pero como dijo Milei: vos que tenés una formación violenta, haces todo violentamente”, le espetó José Mayans a Patricia Bullrich en la cara minutos antes de la sesión preparatoria que dejaría al peronismo, por primera vez desde el retorno de la democracia, sin autoridades en el Senado. “Es una decisión estratégica”, atinó a responder Bullrich, quien cerró un acuerdo con la jujeña Carolina Moisés para cederle a ella la silla que le correspondía a la bancada peronista. Moisés, que acababa de romper el interbloque que lidera Mayans, no dijo nada. Quedó en silencio.

La decisión se venía gestando hace semanas, pero se ejecutó el lunes por la noche. Tres gobernadores peronistas alineados con el Gobierno Raúl Jalil (Catamarca), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Gustavo Sáenz– habían digitado, primero, el respaldo a la reforma laboral y, luego, la ruptura del interbloque peronista en el Senado. El Gobierno estaba exultante: ya habían logrado hacerse con la primera minoría en la Cámara de Diputados de este modo –Jalil había mandado a romper a los diputados catamarqueños del bloque Unión por la Patria– y ahora se anotaba un triunfo no menor en el Senado. El peronismo, por primera vez desde el 83’, se había quedado a un voto de perder el tercio vetador.

Solo tres quedaron del original subbloque Convicción Federal: Fernando Rejal (La Rioja) y Fernando Salino (San Luis) no rompieron con el peronismo

 

La partida de Moisés, Guillermo Andrada (Catamarca) y Sandra Mendoza (Tucumán) fue anticipada, primero, por La Libertad Avanza. El Gobierno ya había dejado correr la voz de que había logrado partir el interbloque Popular –que es como se llama la bancada peronista oficial que preside Mayans– y Moisés tuvo que apurar el anuncio de que se iban del bloque para armar un “espacio propio dentro del peronismo federal”.

La contracara de la ruptura vendría el día después, con la designación de Moisés como vicepresidenta primera del Senado.

El grupo de los 47

“Tomamos esta decisión porque forma parte de nuestra estrategia general”, explicó Bullrich en la reunión de labor parlamentaria, que se desarrolló en el despacho de Victoria Villarruel, previo a la sesión preparatoria en la que se designarían las autoridades del Senado. Mayans se enteró ahí de que, pese a contar con 25 senadores y ser la primera minoría en el Senado, el peronismo no contaría con la vicepresidencia primera. El lugar, que antes le había correspondido a la neuquina Silvia Sapag y que el peronismo quería ahora para Lucía Corpacci –ex gobernadora de Catamarca enfrentada con Jalil–, sería para Moisés.

Moisés, que presidía un bloque de 3 senadores, se había quedado con el lugar que le había correspondido a su ex interbloque. Mayans estaba furioso y, como toda respuesta, Bullrich explicó que era una estrategia que se había digitado en pos de priorizar la consolidación de una mayoría propia. La senadora de LLA trabaja para ofrecerle al Gobierno una mayoría contundente en el Senado y, con la fuga de los senadores peronistas, había logrado anotarse tres porotos más. El club de los 44 se había convertido, en solo un mes, en el club de los 47.

Patricia Bullrich amplió de 44 a 47 el total de aliados en el Senado

 

“El Gobierno está construyendo gobernabilidad. Aquellos senadores que quieran acompañar esta propuesta reformista son los que tienen que ocupar esos cargos”, afirmó Bullrich en una conferencia de prensa, en donde aseguró que el acuerdo era que todos los senadores del grupo se habían comprometido a acompañar el quórum de las leyes del Gobierno y la mayoría de las votaciones en general.

La jefa del oficialismo blanqueó, así, lo que en Convicción Federal –la bancada que preside Moisés– se resistía a admitir: los senadores peronistas rompían con el interbloque liderado por Mayans para pasar a formar parte del engranaje oficialista en el Senado. El comunicado que habían sacado la noche anterior –en el que insistían su pertenencia peronista y opositora al Gobierno– había quedado trunco. La propia Bullrich los había mandado al frente.

La aritmética peronista

“Ellos ya no votaban con nosotros en las cuestiones estratégicas. Solo se blanqueó lo de Jalil, Jaldo y Sáenz. El problema no es Moisés, sino quien le paga”, sostuvo, irritado, un peso pesado del interbloque peronista poco después de que hubiera finalizado la sesión preparatoria que los había dejado sin autoridades.

Casi como si supieran lo que iba a pasar, la respuesta de la conducción cristinista había llegado de manera premonitoria, el día anterior. A través de un comunicado del PJ Nacional, Cristina Fernández de Kirchner apuntó contra la reforma laboral de Javier Milei y denunció que quienes la votaron lo hicieron en contra “de la doctrina histórica del movimiento”. Era un tiro por elevación a Jalil, Jaldo y Sáenz, con quienes el cristinismo viene sosteniendo una relación tirante hace años. El PJ Nacional ya intervino los PJ locales de dos de las tres provincias e, incluso, desafilió a Moisés –que es jujeña, pero juega políticamente con Sáenz– por haber votado el Presupuesto 2026.

El jefe del bloque peronista, José Mayans, se quedó sin autoridades

 

La intervención del PJ nacional sobre los PJ locales fue, de hecho, una de las excusas que utilizaron los senadores de Convicción Federal para romper. La pelea del peronismo del interior con CFK tiene más de 10 años, pero terminó de implosionar poco después de la derrota electoral del año pasado. Y la suspensión de Moisés, que venía intentando negociar lugares con el resto del cristinismo –exigía, por ejemplo, una silla en la Auditoría General de la Nación–, terminó de acelerar el trámite.

Con 25 senadores propios, el peronismo se arriesga a quedarse en minoría por primera vez en 40 años de democracia. Bullrich negoció la incorporación de Luis Juez a LLA en paralelo a la ruptura del bloque peronista y festejó, casi en simultáneo, que el bloque libertario subiera a 21 senadores cuando el peronista bajaba a 25. Casi iguales.

Por fuera del efecto simbólico, sin embargo, hay un interés político muy concreto: si logran sacarle un senador más al peronismo, Karina Milei podrá prescindir de CFK para negociar los pliegos de la Corte Suprema. Con 48 senadores más o menos alineados, el oficialismo cuenta con una mayoría calificada para hacer cualquier cosa: designar al procurador general de la Nación, distribuir las más de 300 vacancias judiciales y reordenar la Corte Suprema a piacere.

Karina Milei festeja la aprobación de la reforma laboral en un palco de Diputados

 

El peronismo cristinista, por ahora, no se alarma. Confía en que, cuando llegue el momento, Karina prefiera negociar con ellos que con un ramillete de intereses que incluyen, además de los radicales y las fuerzas provinciales, a Mauricio Macri. La negociación por la Corte Suprema todavía no empezó: la secretaria de la Presidencia necesita primero encontrarle un reemplazo a Mariano Cúneo Libarona en el Ministerio de Justicia y, a partir de entonces, comenzará a profundizar las conversaciones por la Corte.

El peronismo espera que sea con ellos. Pero una cosa es segura: el lugar de fuerza desde el que CFK negociaba –y volteaba– los pliegos de la Corte Suprema ha desaparecido.

María Cafferata

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