Hace 26 años, el esfuerzo mancomunado de la Cooperadora del Parque Provincial Ernesto Tornquist y su personal, lograban lo que parecía imposible: inaugurar el complejo en la base del Cerro Ventana, compuesto por un sector de atención al visitante, un espacio para sala de interpretación, oficina, batería de baños públicos y otro para el personal, además de la construcción del actual kiosco.
Antes de ese día, los guardaparques y guías, cumplían sus funciones a la intemperie, bajo un mangrullo, sin acceso a agua ni servicios básicos. Aquella inversión fue el fruto de años de gestión prolija y constante, una administración transparente de los ingresos que logró transformar la realidad del parque y marcar un estándar de dignidad para trabajadores y visitantes.
Sin embargo, a más de dos décadas de aquel apogeo que nos situó en la cúspide de la gestión ambiental, hoy la realidad nos devuelve una postal de deterioro. Lo que nació como un proyecto de vanguardia ha derivado en la crisis más profunda del Sistema de Áreas Naturales Protegidas; una gestión que hoy parece haber olvidado su propósito, dejando caer aquello que tanto costó construir. Porque no solo se trataba de infraestructura, sino de las herramientas necesarias para abordar la tarea más importante: la de la conservación del pastizal serrano, su ambiente y biodiversidad.
Hoy el Parque Provincial Ernesto Tornquist, se encuentra en una situación de absoluta vulnerabilidad. Un servicio de Guardaparques que no actúa con el poder que la fuerza de la nueva ley le otorgó. Que sigue el pulso político partidario actual pero efímero. Porque las gestiones pasan pero los problemas se instalan y profundizan.
En la actualidad el Parque Tornquist, no cuenta con un Encargado, nombrado por disposición de la Dirección de Áreas Naturales Protegidas, como en otras épocas, con una función clara y determinada, pero con altas responsabilidades. La administración de la Reserva Natural se encuentra a cargo de un coordinador (entrevista a Rubén González en fm reflejos 21/10/2025), un cargo que solo puede existir en la esfera política. Se ha degradado tanto la función de los guardaparques que aceptan vulnerarse de esta manera. Juegan a la política pero no están dispuestos a asumir las consecuencias de ello. Vaya este aviso: “hay consecuencias”.
El Parque provincial ha pasado por muchos hitos. Tiene una historia de transformaciones profundas. Antes de ser un refugio para la biodiversidad era un coto de caza, vivero de exóticas y pastoreo para ganado. Sin embargo la visión del primer guardaparque del sistema y un Ingeniero forestal (que hoy no está entre nosotros) cambió el curso de la historia. En tiempos diferentes pero tan complejos como los actuales, tuvieron la determinación de retirar el coto de caza, el vivero y las vacas del pastoreo, sentando las bases del actual sistema de Areas Naturales protegidas.
Nuestro Parque Provincial no es solo un paisaje; es la cuna del agua. El pastizal serrano actúa como una esponja natural que resguarda la lluvia y alimenta los arroyos que llegan hasta el Dique Paso de las Piedras, fuente vital para el abastecimiento de toda nuestra región. Este ecosistema está agonizando y, con él, todas las especies que lo habitan.
Pero esta crisis no es un accidente natural, sino el resultado de la ausencia total de políticas de cuidado. Lo más doloroso es que el servicio de guardaparques —históricamente la voz y el escudo del parque— se encuentra silenciado.
El 11 de mayo ya no es un festejo; es un grito de auxilio
Feliz aniversario querido Parque Provincial Ernesto Tornquist
Lic. Patricia González
Educadora Ambiental
































































