En vísperas del 13 de mayo, Villa Serrana la Gruta se prepara para una semana de profunda devoción. Vanesa Weigandt, servidora del Santuario, detalla los preparativos para la Fiesta Patronal y recuerda el conmovedor testimonio que permitió erigir el templo tras una promesa de guerra.El Santuario de Nuestra Señora de Fátima, bajo la gestión de su comunidad parroquial, se encuentra en plena labor de recepción para lo que será la festividad central del próximo 13 de mayo. Vanesa Weigandt destacó que, este año, la comunidad cuenta con la presencia especial del rector del Santuario de San Cayetano de la diócesis de Quilmes, quien acompañará las actividades durante toda la semana.
El cronograma para el lunes 13 de mayo, día central de la aparición de la Virgen en 1917, contempla las siguientes actividades:
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Apertura del Santuario: El templo permanecerá abierto para los fieles de 08:00 a 20:00 horas.
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Momentos de Oración: Se realizarán Rosarios meditados a las 11:00 y a las 15:00 horas.
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Confesiones: A partir de las 16:00 horas, varios sacerdotes estarán disponibles para el sacramento de la reconciliación.
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Procesión y Misa Central: A las 17:30 se iniciará la procesión desde el Cristo Redentor, recorriendo el predio hasta el Santuario, donde se celebrará la Misa presidida por el Obispo Fray Carlos Azpiroz Costa.
La celebración se extenderá durante los días subsiguientes con jornadas para servidores (jueves 14), adoración al Santísimo (viernes 15) y misas de cierre hacia el domingo 17 de mayo.
Crónica de una Fundación: La Promesa que levantó el Santuario
La historia del Santuario en Villa Serrana la Gruta es un testimonio vivo de persistencia y gratitud, donde se entrelazan la devoción de la colectividad portuguesa y los ecos de la historia argentina reciente.
La génesis de este espacio sagrado se remonta a la figura de Doña Carmen de Oliveira, una mujer de fe inquebrantable que trajo desde Portugal una imagen de la Virgen. Durante más de 35 años, Carmen custodió la imagen en su hogar mientras buscaba el lugar y el momento propicios para cumplir su anhelo de donarla a una iglesia. Al visitar Villa La Gruta, encontró en su relieve una similitud conmovedora con Cova de Iria, el sitio original de las apariciones en Fátima.
Sin embargo, el terreno necesario pertenecía a Miguel Di Palma, quien inicialmente se negó a ceder las tierras. El punto de inflexión ocurrió en 1982, bajo el contexto de la Guerra de Malvinas. El hijo de Di Palma había sido convocado para el servicio militar y se encontraba en preparación para el conflicto. Fue entonces cuando su madre le hizo una promesa a su esposo:
«Si nuestro hijo vuelve de Malvinas con vida, en agradecimiento a la Virgen, accederás al pedido de Doña Carmen».
El joven regresó sano y salvo a su hogar, y Miguel Di Palma cumplió su palabra, donando casi cinco hectáreas a la Arquidiócesis. A partir de ese gesto de gratitud, Carmen, junto con la colectividad portuguesa y cientos de peregrinos, aunaron esfuerzos para recaudar los fondos y construir el templo que hoy se erige como un refugio de paz y oración en medio del sistema serrano.




































































