El Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora de julio retrata a una sociedad que dejó de llegar a fin de mes con lo que gana: dos de cada tres argentinos agotan sus ingresos, como máximo, el día 20 del mes, mientras que el 86,6% está convencido de que un solo empleo ya no alcanza para vivir. En ese escenario, el crédito dejó de ser una herramienta de progreso para volverse un mecanismo de subsistencia: el 61,9% se endeudó en los últimos seis meses y la mitad de esos hogares lo hizo para pagar los gastos básicos.
El punto de partida es un salario que perdió la carrera contra los precios y no la recupera. El 87,4% de los encuestados afirma que su ingreso no le gana a la inflación, un techo que ya no distingue posiciones políticas: el 73% de los votantes oficialistas admite esa pérdida, cifra que entre los opositores trepa al 97,1%. La diferencia entre ambos electorados no está en si el deterioro existe —lo sienten los dos— sino en cómo se lo nombra: costo de una transición para unos, fracaso económico para otros. Cuando una experiencia material es tan transversal que alcanza incluso a quienes respaldan al Gobierno deja de ser un problema de gestión para convertirse en una condición de época.






INDEC
La desconfianza hacia el termómetro oficial de los precios es tan profunda como la pérdida de poder adquisitivo que la alimenta. El 67,1% de los argentinos cree que el dato de inflación que publica el INDEC no refleja la variación de precios que percibe en su vida cotidiana, mientras que apenas el 29,6% le da crédito. No es un rechazo aislado: como se dijo antes, el 87,4% siente que su salario no le gana a la inflación, y ambos números se retroalimentan. Quien ve que la plata se le acaba el día 20 difícilmente acepte que los precios subieron sólo lo que dice el organismo estadístico. Así, la percepción se construye en la góndola y en el resumen de la tarjeta, no en el índice. Cuando el dato oficial y la experiencia del bolsillo divergen mes tras mes, la sociedad termina confiando en su propia billetera antes que en la estadística.

El dato tiene, además, una lectura política que el Gobierno no puede eludir. La baja de la inflación es la principal bandera de gestión de la administración Milei, su activo más defendido. Pero si casi dos de cada tres argentinos no le creen al índice que la mide, cabe preguntarse si esa batalla, aun ganándose en el papel, se está ganando en la percepción social. Y ahí aparece la paradoja de fondo: la inflación efectivamente desacelera y, sin embargo, el pesimismo económico no cede. La explicación probable es que la sociedad nunca respaldó “bajar la inflación” como un fin abstracto, sino como el medio para dejar de perder. Lo que la gente valida no es el número del Índice de Precios al Consumidor (IPC) sino su consecuencia esperada —recomponer el ingreso, volver a llegar a fin de mes—, y mientras esa consecuencia no llegue al bolsillo, la mejora macro seguirá siendo un dato de laboratorio que no consigue traducirse en humor social.
Principales preocupaciones
Cuando se pregunta cuál es hoy la principal preocupación, los argentinos ubican en lo más alto un problema que no es estrictamente económico: la corrupción encabeza el ranking con el 48,8%. El dato tiene un peso simbólico difícil de ignorar. En un país donde el sueldo no llega al día 20 y la deuda se volvió subsistencia, que la corrupción siga siendo la inquietud más señalada revela que buena parte de la sociedad canaliza el malestar material hacia una explicación moral y política: no alcanza con vivir el ajuste en el cuerpo, se lo asocia a una forma de hacer política que se percibe como la causa de fondo. La corrupción funciona, en ese sentido, menos como un problema aislado que como el nombre que la gente le pone a su desconfianza general hacia la dirigencia.

Pero apenas se corre el foco de ese primer lugar, el mapa de preocupaciones vuelve a ser, casi íntegramente, económico. Ingresos/salarios aparece en segundo lugar con el 46,9%, prácticamente empatado con la corrupción, y la incertidumbre económica se ubica tercera con el 41,6%. Más atrás asoman el desempleo (29,1%) y las tarifas de servicios públicos (26,8%). Cuatro de las cinco principales inquietudes remiten, directa o indirectamente, al bolsillo. La foto es coherente con todo lo que viene mostrando el informe: la corrupción ocupa el podio como diagnóstico político, pero es la economía la que estructura el grueso de la angustia social. Lo que preocupa, en definitiva, es la misma pérdida de poder adquisitivo que atraviesa el salario, el calendario del mes y el endeudamiento; la corrupción es la lectura moral de ese mismo deterioro.
Imágenes políticas
Javier Milei terminó julio con una imagen negativa del 58,5% frente a apenas 30,9% de positiva, un diferencial de casi 28 puntos que lo confirma como la figura con el balance más adverso del informe. El deterioro no es puntual sino sostenido: su imagen positiva, que en febrero llegaba al 47%, perdió 16 puntos en el año sin que el rechazo diera tregua. La segmentación etaria dibuja su núcleo de resistencia y su zona de derrumbe: entre los menores de 40 años conserva su mejor desempeño relativo (38% de positiva), mientras que a partir de esa edad la negativa se estabiliza por encima del 58%, tocando el 59,6% entre los mayores de 60. La brecha de género es todavía más filosa —36,8% de positiva entre varones contra apenas 25,1% entre mujeres, donde el rechazo escala al 65,9%— y la geográfica lo castiga en el AMBA (63,6% de negativa) mucho más que en el interior. En intención de voto para 2027, Milei exhibe el perfil más polarizado del tablero: combina el piso más firme (24% de “seguro lo votaría”) con el techo de rechazo más duro (57% de “jamás lo votaría”). Se configura un votante fiel, pero sin aire para expandirse. Su perfil de mejor imagen es nítido: varón, menor de 40 años, del interior del país. El de peor imagen es su espejo invertido: mujer, mayor de 40 años, del área metropolitana.




Sobre el estudio
Los datos surgen del Monitor de Opinión Pública (MOP), un estudio desarrollado desde Zentrix Consultora con el propósito de relevar percepciones políticas y económicas de la población residente en la Argentina. El relevamiento, correspondiente a la medición de julio incluyó 1.468 casos válidos con cobertura nacional y se realizó entre el 21 y el 30 de julio de 2026. Se hizo mediante un diseño muestral ponderado por región, edad, sexo y voto declarado (balotaje presidencial de 2023 y elecciones legislativas de octubre de 2025) según el último padrón electoral. La recolección de datos se efectuó a través de un cuestionario autoadministrado en línea, con difusión controlada y posterior depuración de registros inválidos. Bajo estas condiciones, el margen de error teórico se estima en ±2,1%, con un nivel de confianza del 95%. Los resultados no deben extrapolarse a niveles subnacionales sin la debida cautela metodológica.
Sobre Zentrix Consultora
Zentrix está conformada por profesionales especializados en estadística, economía, análisis de datos y comunicación, con el objetivo de producir informes claros, sólidos y técnicamente consistentes. A través del relevamiento, el procesamiento de información y la elaboración de análisis sociales y económicos, buscamos aportar datos útiles al debate público, mejorar la comprensión del entorno y acompañar a organizaciones e instituciones en la planificación y en la construcción de mensajes estratégicos con mayor sustento y precisión.
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