En una profunda entrevista brindada a FM Reflejos, la científica e investigadora María Sol González, integrante del Observatorio de Desarrollo Humano y Vulnerabilidad de la Universidad Austral, advirtió sobre la alarmante crisis demográfica que atraviesa la República Argentina. A partir de un estudio decenal sobre la familia, la especialista reveló un cambio cultural drástico: en los últimos diez años, el deseo y la importancia otorgada a tener hijos se desplomó del 77% al 46%, posicionando al país en un escenario crítico con una tasa de natalidad de apenas 1.2 hijos por mujer.
La consolidación de un escenario alarmante
Durante la emisión radial, coincidente con la conmemoración del Día de la Independencia, González desglosó los datos más preocupantes del reciente informe e indicó que la cantidad de nacimientos en el territorio nacional sufrió una caída de casi el 50% en la última década. Este descenso abrupto ubica a la Argentina dentro de las tasas de fecundidad consideradas «ultra bajas» a nivel internacional (aquellas situadas por debajo de los 1.3 hijos por mujer), encabezando el tope de la región junto a Chile, Uruguay y Costa Rica.
El fenómeno del saldo natural negativo y el estancamiento demográfico
Uno de los puntos más críticos señalados por la investigadora radica en la preocupante inversión de la pirámide demográfica en distritos clave. De acuerdo con el estudio del Observatorio, existen jurisdicciones del país donde el crecimiento vegetativo —la diferencia entre nacimientos y defunciones— ya es negativo o nulo.
El caso de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se presenta como el más agudo, registrando apenas 21.000 nacimientos frente a 30.000 fallecimientos anuales. Por su parte, la Provincia de Buenos Aires muestra un desbalance de 14.000 alumbramientos frente a 15.000 defunciones por año. Esta tendencia se replica con un saldo natural nulo en provincias como Córdoba, La Pampa y San Luis, mientras que regiones como Mendoza, Tucumán, Entre Ríos, Chaco, Misiones y Salta logran retener, por el momento, un margen positivo.
González advirtió que, de continuar esta inercia, la Argentina se encamina de forma inminente hacia un estancamiento demográfico, perdiendo su capacidad de crecer por dinámica propia y dependiendo exclusivamente de los flujos migratorios externos para sostener su población económicamente activa en el futuro cercano, afectando directamente al sostenimiento de la industria y el comercio.
Un cambio cultural por encima de la economía
Al indagar en los motivos que configuran esta transformación social, la científica aclaró que se trata de un fenómeno multicausal donde la inestabilidad económica, si bien incide al momento de postergar o limitar la cantidad de hijos, no constituye el factor preponderante en la pérdida del deseo de maternar o paternar. «Hay razones más ligadas a un cambio cultural y a los proyectos de vida de las nuevas generaciones», puntualizó.
El relevamiento estadístico arrojó que el 60% de los encuestados que no tienen descendencia manifiesta explícitamente no tenerlo contemplado dentro de sus planes de vida, priorizando el desarrollo profesional, la realización de viajes, la búsqueda de nuevas experiencias o atribuyéndolo a la falta de estabilidad en los vínculos de pareja. Asimismo, un 22% de los consultados vincula su negativa a factores exógenos como las crisis ambientales, sociales y políticas globales, argumentando el temor de traer un hijo a un entorno inestable.
No obstante, el estudio destaca un dato contracultural: a pesar del desinterés generalizado por la procreación, la institución familiar continúa siendo catalogada como la principal fuente de satisfacción de los argentinos. La diferencia estructural radica en que, para las nuevas generaciones, el concepto de familia se ha disociado del imperativo biológico de tener hijos, revalorizándose estrictamente desde la contención vincular y afectiva.
Desafíos urgentes para la agenda pública y legislativa
González remarcó con preocupación la velocidad con la que se asienta este proceso en la región. Mientras que la transición demográfica hacia la baja natalidad demoró más de veinte años en el continente europeo, en la Argentina se consolidó en menos de una década, acortando sustancialmente los márgenes de reacción del Estado.
Al ser consultada sobre las herramientas políticas para revertir la tendencia y propiciar una conciliación armónica entre el mundo familiar y laboral, la especialista detalló las demandas más urgentes surgidas de la encuesta: un 63% de los participantes reclama la implementación de esquemas de flexibilidad horaria, el fomento del trabajo remoto y el acoplamiento de la jornada laboral al calendario escolar. Asimismo, un 37% de los ciudadanos ubica a la reforma de las licencias por paternidad como un eje central.
Finalmente, la investigadora lamentó la marcada brecha que separa a la legislación nacional de los estándares europeos (donde las licencias parentales compartidas y rotativas se extienden por seis meses), contrastándola con el régimen local actual que otorga escasos días a los padres y apenas tres meses a las madres, desatendiendo los requerimientos médicos y biológicos del puerperio y actuando, en última instancia, como un desincentivo racional para la natalidad en el país, especialmente frente a reformas laborales recientes que no acompañan las necesidades de cuidado.


































































