Los datos de julio revelaron un retroceso del 5% mensual en ambos sectores, superando las previsiones más pesimistas de los analistas. Advierten por el aumento de la morosidad empresaria, el cierre de pymes industriales y un crecimiento cada vez más desigual impulsado únicamente por los recursos naturales.
La recuperación de la economía argentina sufrió un severo traspié durante el mes de julio, encendiendo las alarmas en el sector productivo y en los centros de análisis económico. Según los últimos datos oficiales publicados por el Indec, tanto la industria manufacturera como la construcción experimentaron contracciones mensuales del 5% en sus mediciones desestacionalizadas, configurando una aceleración en la velocidad de la caída que sobrepasó las estimaciones previas.
La profundidad de este deterioro provocó un reajuste a la baja en las proyecciones globales de la actividad económica. En el más reciente Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) difundido por el Banco Central, las consultoras redujeron la estimación de expansión del Producto Bruto Interno (PBI) para este año a tan solo un 2,1%, alejándose holgadamente de las previsiones iniciales del Fondo Monetario Internacional (FMI), que proyectaban un avance del 3,5%.
Sectores en alerta y pérdida de dinamismo
El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) registró en julio una baja del 4,9% interanual y un retroceso del 5% en comparación con junio. Con este resultado, el entramado industrial acumula una contracción del 2,6% en los primeros siete meses del año. La recesión muestra un alcance transversal, afectando a 12 de las 16 divisiones relevadas, entre las que sobresalen Maquinaria y equipo, Prendas de vestir, calzado y Productos textiles.
Por su parte, el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) mostró un panorama igualmente complejo, con una caída interanual del 4,5% y un freno mensual del 4,6%. A pesar de que el sector conserva un saldo acumulado positivo del 1,7% en lo que va del año, la brusca desaceleración de julio borró el impulso previo y sembró dudas sobre la viabilidad de su recuperación en el segundo semestre.
El fenómeno expone con claridad una brecha creciente: la fuerte tracción de actividades intensivas en recursos naturales —como el agro, la energía y la minería— ya no alcanza para compensar el estancamiento de los sectores vinculados al mercado interno, el consumo y la generación de empleo masivo.
Aumento de la morosidad y riesgo de cierres masivos
El impacto microeconómico del escenario actual comienza a reflejarse en los balances financieros de las empresas. Según un informe de la consultora I+D (Industria+Desarrollo), dirigida por el economista Diego Coatz, las firmas industriales enfrentan un «torniquete» generado por tasas de interés reales positivas combinadas con precios de venta que corren por detrás de sus costos operativos.
Como consecuencia de este esquema, la morosidad del sector industrial se multiplicó por cinco en el último año y medio, elevándose del 0,7% al 3,8%. De acuerdo con estimaciones privadas, si la tendencia actual persiste y no se generan mecanismos de integración con los sectores dinámicos, el año podría culminar con la pérdida de más de 3.000 pymes industriales.
Especialistas del sector señalan que el modelo vigente contrapone la lógica histórica del entramado productivo local, caracterizada por tipos de cambio competitivos y esquemas crediticios adaptados a la producción. Los analistas coinciden en que el comportamiento de la actividad durante agosto será determinante para esclarecer si las cifras de julio representaron una caída aislada o la consolidación de una fase de enfriamiento más prolongada.


































































