La reciente adjudicación de la Etapa II-A de la Red Federal de Concesiones por parte de Vialidad Nacional encendió las alarmas en el sur de la provincia de Buenos Aires. Lo que el Gobierno Nacional presenta como una exitosa transferencia del mantenimiento vial al sector privado por 20 años sin costo estatal, es calificado por el Ing. Ricardo Lasca, titular de la Comisión Nacional de Defensa del Usuario Vial (CONADUV), como un «disparate total», un «falso peaje» y una «estafa» con inversión cero.
El nuevo mapa de los peajes: De 3 a 8 estaciones hacia Bahía Blanca
El cambio más drástico para los usuarios que transitan el corredor entre la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y Bahía Blanca (un tramo de unos 650-700 kilómetros sobre la Ruta Nacional 3) será la multiplicación de las cabinas de cobro.
Actualmente, los usuarios deben abonar tres peajes: dos en la Autopista Riccheri – Ezeiza – Cañuelas y uno en el kilómetro 90 de la Ruta 3 (Cañuelas). Con el nuevo esquema, se sumarán cinco nuevas estaciones, totalizando ocho peajes en el trayecto.
Aproximadamente en un año, se instalarán los nuevos pórticos en el sur bonaerense, ubicados de forma estratégica:
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Entre Pehuen Co y Monte Hermoso.
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A la altura de Tres Arroyos.
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En las inmediaciones de Olavarría.
«Es un cobro de peaje cada 90 kilómetros, una locura total», advirtió Lasca, señalando que la medida generará un fuerte impacto económico regional. Además, adelantó que a nivel nacional se sumarán 54 nuevas estaciones a las 39 ya existentes.
Un «impuesto al tránsito» con inversión cero
Lasca criticó con dureza los argumentos económicos detrás de las concesiones y desmitificó la idea de que «el peaje solo lo paga el que usa el camino»:
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Impacto inflacionario indirecto: Al no haber un flujo vehicular suficiente para financiar grandes obras con una tarifa base (fijada en $997 + IVA para automóviles), el peaje se convierte en un «impuesto al tránsito». Este costo se traslada de inmediato a los fletes, al transporte de pasajeros y, por ende, a los precios de todos los productos de la economía. «Tenga o no tenga vehículo, todo el mundo va a pagar el peaje», afirmó.
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Maquillaje en lugar de autovías: Los pliegos de la licitación no prevén la ampliación de la red vial, la construcción de autopistas o la duplicación de calzadas para evitar choques frontales. Las tareas iniciales se limitan a un «simple bacheo y corte de pasto». Las obras de envergadura que se requieran a futuro se financiarán con créditos externos o con el Impuesto a los Combustibles, por lo que el usuario terminará pagando doble.
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Postergación de obras críticas: Como ejemplo del desinterés en la seguridad vial, la esperada rotonda en la intersección de la Ruta 3 vieja y la Ruta 3 Norte —un punto crítico de alta siniestralidad fatal— quedó postergada recién para después del tercer año de la concesión.
Inconstitucionalidad, falta de control y «Menemismo puro»
Desde la CONADUV denuncian que el sistema vulnera la Constitución Nacional debido a la falta de caminos alternativos libres de peaje (afectando la libertad de tránsito) y la doble imposición, ya que el Estado ya recauda unos 3.000 millones de dólares anuales a través del Impuesto a los Combustibles que deberían destinarse a las rutas.
Lasca comparó la gestión actual con el «menemismo puro» y criticó la cartelización del sector, señalando que los consorcios adjudicados (integrados en el Tramo Sur por Concret Nor S.A., Marcalba S.A., Pose S.A. y Coarco S.A.) involucran a empresas salpicadas por causas de corrupción como la de los «cuadernos».
Finalmente, lamentó la falta de un marco regulatorio que proteja al ciudadano:
«Las concesiones viales tienen carácter de servicio público y merecemos participar porque somos los dueños de las rutas. Los caminos son de dominio público, no de un presidente, un gobernador o un intendente».
Ante la acefalía e inestabilidad de funcionarios en Vialidad Nacional y el rechazo de los recursos de amparo en la Justicia, el panorama para el usuario vial es alarmante. En tono irónico y resignado, Lasca concluyó: «Habrá que preparar el sulky… aunque el alimento del caballo también está caro».






























































