Investigadores de la Universidad Austral, el Hospital Universitario Austral y el CONICET hallaron signos de envejecimiento vascular persistente en sobrevivientes de cáncer de mama. Por qué este descubrimiento obliga a repensar el seguimiento cardiovascular de las pacientes. El estudio se realizó con pacientes del Hospital Universitario Austral y fue publicado en la revista internacional Cardio-Oncology.
Buenos Aires, 8 de octubre de 2026 – Científicos argentinos identificaron una secuela poco conocida del cáncer de mama: las mujeres que padecieron la enfermedad presentan una mayor rigidez arterial que aquellas sin antecedentes, incluso años después de recibir el alta oncológica. Esta alteración persistente —asociada con un mayor riesgo de infarto, ACV y otros eventos cardíacos— fue descubierta por un equipo de investigadores del Hospital Universitario Austral, la Universidad Austral y el CONICET. Su trabajo, publicado recientemente en la prestigiosa revista internacional Cardio-Oncology, aporta nueva evidencia sobre el impacto cardiovascular del cáncer más frecuente entre las mujeres argentinas.
El hallazgo marca un punto de inflexión en la atención médica. Al demostrar que la rigidez de las arterias persiste al menos cinco años después de finalizado el tratamiento contra el cáncer de mama, el estudio obliga a replantear el seguimiento a largo plazo e incorporar el control cardiovascular como un pilar imprescindible en la vida posterior al cáncer.
Por qué la investigación marca un antes y un después
Para entender el alcance del descubrimiento, basta mirar cómo funcionan las arterias. En condiciones normales son elásticas: se expanden y contraen en cada latido para amortiguar el paso de la sangre. Cuando se endurecen, el corazón se ve obligado a bombear con más fuerza, lo que acelera el desgaste del sistema circulatorio y eleva el riesgo de sufrir complicaciones.
Lo habitual es que las arterias pierdan flexibilidad por factores de riesgo tradicionales: la edad, la presión alta, el colesterol elevado, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo o el sedentarismo. Para aislar el impacto real del cáncer de mama, los científicos aplicaron una metodología estadística que permitió comparar a parejas de pacientes virtualmente idénticas en todas esas variables. La única diferencia era el antecedente oncológico.
Los investigadores analizaron a más de 2.300 mujeres de entre 35 y 65 años sin enfermedades cardíacas previas y midieron la velocidad de la onda de pulso, el indicador de referencia a nivel mundial para evaluar la elasticidad vascular. El resultado fue contundente: aun compartiendo el mismo perfil de salud, el mismo peso y la misma edad, las sobrevivientes de cáncer de mama registraron arterias significativamente más rígidas que sus pares.
Los motivos del fenómeno
Aunque el trabajo no permite determinar con certeza qué origina este fenómeno, la hipótesis más fuerte de los autores es que se trataría de un proceso multifactorial, en el que confluirían: la toxicidad vascular de algunos tratamientos oncológicos (como ciertos esquemas de quimioterapia), la inflamación persistente de bajo grado (una respuesta del organismo que puede mantenerse incluso después de superado el cáncer) y una serie de cambios metabólicos y celulares (que alteran el funcionamiento normal de los vasos sanguíneos y aceleran el envejecimiento de las arterias). Esa combinación explicaría que la alteración persista incluso años después de superado el cáncer de mama.
Para contrarrestar esta secuela, los autores proponen incorporar la medición de la rigidez arterial —un estudio simple, rápido y sin pinchazos— como una herramienta clave de control preventivo. De este modo, se identificaría de forma temprana a las pacientes con mayor desgaste vascular y se diseñarían estrategias de protección cardiovascular personalizadas —con hábitos saludables, ejercicio o medicación— mucho antes de que se manifieste cualquier síntoma.
Así se menciona en este trabajo de relevancia internacional, realizado por un equipo multidisciplinario de especialistas argentinos: los doctores Renzo Melchiori, Manglio Miguel Rizzo, Noelia Brenzoni, Héctor González Alemán, Pamela Alarcón, Guido García, Alejandro Hita y Sergio González. Los investigadores pertenecen a las Unidades de Cardiometabolismo y Cardio-Oncología y al Departamento de Oncología Clínica del Hospital Universitario Austral, así como al Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (Universidad Austral–CONICET).
“Desde hace varios años los cardiólogos junto a los oncólogos, venimos observando aspectos epidemiológicos confluyentes entre la enfermedad oncológica y la patología cardiovascular y esto es de gran relevancia dado que nos interpela sobre la posibilidad de identificar nuevos criterios en la estratificación de riesgo en esta particular población. Es por ello que desentrañar aspectos fisiopatológicos que nos permitan comprender esta problemática también nos permitirá proteger mejor a nuestros pacientes”, señala el Dr. Alejandro Hita, consultor de Cardiología del Hospital Universitario Austral.
Por su parte, el Dr. Manglio Miguel Rizzo, jefe de Oncología Clínica del Hospital Universitario Austral e integrante del grupo de trabajo de inmunobiología del cáncer del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (CONICET-UA), remarca la responsabilidad del equipo médico ante el avance de los tratamientos: «Entender el impacto a largo plazo que tiene el diagnóstico de cáncer y sus tratamientos en los pacientes, es particularmente relevante en la actualidad. Los pacientes con antecedentes de cáncer curados son cada vez más numerosos, y saber cómo cuidarlos para prevenir otras enfermedades es una responsabilidad de todo el equipo multidisciplinario”.
Finalmente, el Dr. Renzo Melchiori, jefe del servicio de Ecocardiografía y coordinador de Cardio Oncología del HUA, sintetizó la relevancia del hallazgo: “Nuestro trabajo aporta más evidencia a la idea creciente del impacto arterial a largo plazo del denominado binomio cáncer-tratamiento. Cabe remarcar que, a iguales factores de riesgo cardiovasculares, las pacientes con antecedentes de cáncer de mama presentan una mayor rigidez arterial, transcurridos los 5 años de superada la enfermedad. Esto nos interpela a optimizar las estrategias de prevención primaria cardiovascular en estos pacientes que, generalmente, no se encuentran representados en las poblaciones de riesgo cardiovascular”.
El artículo —titulado Arterial stiffness in long-term breast cancer survivors: a propensity score–matched analysis in primary prevention(“Rigidez arterial en sobrevivientes de cáncer de mama a largo plazo: un análisis con emparejamiento por puntaje de propensión en prevención primaria”)— se publicó a fines de marzo de este año en Cardio-Oncology, una prestigiosa publicación internacional dedicada a estudiar la intersección entre oncología y cardiología. Su aporte sienta un precedente claro para la medicina preventiva: comprender este impacto en las arterias permite actuar a tiempo, integrar la cardiología al cuidado integral de las sobrevivientes de cáncer de mama y proteger su salud mucho antes de que aparezcan complicaciones cardiovasculares.
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