Dos aulas, una misma semana. El martes 28 de octubre, en el atrio de la Escuela Técnica Roberto Rocca, en Campana, trescientos cincuenta y seis chicos de Campana y Zárate recibieron sus becas mientras un panel de exbecarios contaba qué había sido de sus vidas desde que alguien, hace años, apostó por ellos.
El programa cumplía cincuenta años. Tres días después, el viernes 31, en la Universidad Torcuato Di Tella, el Presidente de la Nación calificó de «pelotudeces del tamaño de una casa» cualquier propuesta de moderar el ajuste, volvió a cargar contra Paolo Rocca por el precio de los tubos de acero, contra Javier Madanes Quintanilla por el cierre de Fate, y, en un pasaje que pretendía ser ético, confundió una y otra vez a Odiseo con un tal «Eliseo».
Confieso que la coincidencia me pareció demasiado elocuente para dejarla pasar. En una de esas aulas se celebraba lo que se construye con paciencia. En la otra se teorizaba sobre lo que se tala con convicción. Dos Argentinas que conviven en el mismo calendario y que, sin embargo, parecen hablar idiomas distintos. Una tiene por símbolo una motosierra. La otra, quizás sin proponérselo, una campana.
El inventario
Acaso sea pertinente empezar por la cuenta de lo que la motosierra se llevó, porque la lista es larga y la memoria pública, corta. Según el Centro de Economía Política Argentina, el salario mínimo perdió el 40,8% de su poder adquisitivo entre noviembre de 2023 y septiembre de 2026, y la jubilación mínima con bono cayó un 19,2% real en el tercer trimestre de este año frente al último del gobierno anterior. Desaparecieron más de treinta mil empresas empleadoras, la mayoría pymes que no tenían espaldas para esperar la prosperidad prometida. Las personas con discapacidad pasaron a ser una partida a recortar antes que una responsabilidad a cumplir. Y una generación entera de jóvenes aprendió que el primer empleo, cuando llega, llega en una aplicación, sin aportes y sin horizonte.
Ningún desarrollista serio defiende el desorden fiscal ni la inflación como forma de gobierno. El orden de las cuentas no es el problema. El problema es haber confundido el orden con el proyecto, y la poda con la tala. Porque de todo ese inventario hay dos pérdidas que no se recuperan con el próximo rebote del índice: la industria y la educación. Son las dos raíces. Y una motosierra, por definición, no distingue entre una rama seca y una raíz.
Precio y valor
Empecemos por la industria. De acuerdo con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo procesados por CEPA, entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 los trabajadores registrados en la industria manufacturera pasaron de 1.215.092 a 1.117.780: casi noventa y siete mil puestos menos. En el mismo período hubo 4.020 empresas industriales con empleo registrado menos. Entre 2023 y 2025, la industria argentina tuvo el segundo peor desempeño entre 56 economías relevadas, apenas detrás de Hungría. En septiembre, según ADIMRA, la industria metalúrgica utilizó apenas el 40,2% de su capacidad instalada, el peor septiembre desde que existe la serie. Mientras tanto, las importaciones de bienes de consumo final del primer semestre marcaron un récord. Las fábricas se apagan y los contenedores llegan: la ecuación no requiere un doctorado.
Es en este contexto donde hay que leer la pelea del Presidente con Paolo Rocca. En enero, cuando Tenaris perdió frente a la india Welspun la licitación de los caños para el gasoducto de exportación de GNL hacia la costa rionegrina, Milei lo bautizó en las redes «Don Chatarrín de los tubitos caros» y sugirió que quienes cuestionaban la decisión cobraban de Techint. En abril preguntó por qué debería beneficiar a «tres corruptos ineficientes» en contra de cuarenta y ocho millones de argentinos. En la Di Tella volvió sobre lo mismo.
Conviene ser precisos, porque el debate merece algo mejor que un apodo. Nadie en su sano juicio pide pagar caro por patriotismo, y el Desarrollismo Inteligente no le reclama al Estado que elija ganadores por afecto. Pero tampoco puede aceptar que el Estado trate a su base industrial como a un enemigo. Oscar Wilde sentenciaba, por boca de uno de sus personajes, que un cínico es aquel que conoce el precio de todo y el valor de nada. La frase le cabe al modelo como un guante. Un tubo fabricado en Campana tiene un precio, que puede discutirse. Pero también tiene un valor que no figura en la planilla: el ingeniero que se formó al lado del horno, el proveedor pyme que vive de ese contrato, la escuela técnica que existe porque existe la planta, y una capacidad productiva que, una vez desmantelada, no se reconstruye con un decreto. Ese valor tiene una medida concreta: según el propio Rocca, el grupo invirtió 1.400 millones de dólares en el país en 2024, 1.600 millones en 2025 y tiene comprometidos 2.400 millones para 2026, y Tenaris exporta el 70% de lo que produce en Campana. Quien exporta siete de cada diez tubos que fabrica compite en el mundo todos los días. Llamarlo chatarrero no es una política industrial. Es un estado de ánimo.
A modo de provocación operativa, para usar la expresión de Edward de Bono, sentenciaré: ningún país se desarrolló importando sus tubos y exportando a sus ingenieros.
Destruir seduce
¿Por qué, entonces, la motosierra conserva su encanto? Aquí conviene bajar a la capa psicológica.
El psicoanalista Erich Fromm, en Anatomía de la destructividad humana, propuso distinguir entre dos orientaciones del carácter. La biófila, que ama lo que crece, lo que se desarrolla, lo que todavía no es pero puede llegar a ser. Y la necrófila, que se siente atraída por lo inerte, por lo mecánico, por lo que puede ser controlado precisamente porque ya no vive. Fromm no hablaba de economía, pero su distinción ilumina algo esencial de nuestro momento político: destruir ofrece una gratificación inmediata y visible, mientras que construir exige tolerar la demora. El árbol caído se ve en el acto. La escuela que forma técnicos rinde sus frutos quince años después, cuando nadie recuerda quién puso el primer ladrillo.
El Presidente suele invocar a Joseph Schumpeter y su célebre «destrucción creativa». Acaso sea útil recordar lo que Schumpeter efectivamente escribió en Capitalismo, socialismo y democracia: que el motor del capitalismo es el empresario innovador que crea nuevas combinaciones productivas, y que la destrucción es apenas el efecto secundario de esa creación. En la Argentina de la motosierra el orden se invirtió. Hay destrucción en abundancia. La creación quedó para el trimestre que viene.
El refrán de barrio lo resume mejor que cualquier economista: es más fácil romper que arreglar.
La tiza ausente
La segunda raíz es la educación, y allí los números no admiten demasiada interpretación. Según el informe de Argentinos por la Educación, el Estado nacional invertirá en 2026 el 0,77% del PBI en educación, la cifra más baja en al menos veinte años, frente al 1,42% de 2023. En términos reales, la caída entre 2023 y 2026 es del 47,3%. La infraestructura escolar se proyecta un 92,8% por debajo de 2023, la formación docente cerca de un 60% y las becas estudiantiles un 77,2%. Detengámonos un instante en esa última cifra. Mientras el Estado recorta tres de cada cuatro pesos destinados a becas, una empresa entregaba la semana pasada más de mil doscientas. No es un elogio: es una radiografía de quién está sosteniendo qué.
Hay, además, una dimensión que los presupuestos no capturan. En agosto, Nancy Godoy, maestra rural en el Taragüí correntino, envió una carta a las autoridades educativas describiendo el mal estado de su escuela, la falta de mantenimiento, los riesgos de accidentes y la imposibilidad de pasar las noches allí. Semanas después desapareció. Hoy la Justicia investiga su femicidio, hay detenidos y las hipótesis siguen abiertas; no corresponde a quien escribe estas líneas adelantar culpables. Pero la carta existe. Y una carta de una maestra que nadie responde es el síntoma más elocuente de un sistema que dejó de escuchar a quienes lo sostienen. La responsabilidad es compartida entre jurisdicciones y gobiernos de distintos colores. Precisamente por eso, el abandono no se resuelve con otra motosierra.
La campana

Entrega de Becas Roberto Rocca, octubre de 2025
Y sin embargo, hay otra Argentina. La que no hace ruido.
John Donne, el poeta inglés del siglo XVII, escribió en una de sus Meditaciones que ningún hombre es una isla, y que por eso nunca debemos preguntar por quién doblan las campanas: doblan por nosotros. Hemingway tomó de allí el título de su novela. Las campanas, sin embargo, no sólo doblan. También llaman. En cada escuela del país hubo alguna vez una campana que convocaba a clase, y en el corredor que une Zárate con Campana la palabra tiene, además, nombre de ciudad.
Vale la pena mirar con atención lo que pasó allí el 28 de octubre. Las Becas Roberto Rocca, nacidas hace medio siglo, se entregan en 2026 a 1.205 estudiantes en todo el país, 1.100 secundarios y 105 universitarios. Forman parte de un sistema más amplio que incluye la Red de Escuelas Técnicas, el programa de pasantías Gen Técnico y la propuesta Extra Clase. La escuela de Campana, abierta en 2013 con especialidades en electrónica y electromecánica, fue elegida en 2023 entre las diez preseleccionadas en la categoría Innovación de los World’s Best School Prizes. Según la presidente de Tenaris para el Cono Sur, Andrea Previtali, más del 90% del presupuesto de desarrollo social de la compañía va a educación. Guillermo Hang recordó que Roberto Rocca había sido profesor del MIT. El dato no es anecdótico: la empresa lleva en su origen la convicción de que el acero empieza en el aula.
Hubo un detalle de formato que me interesó más que los discursos. El panel central no lo protagonizaron directivos sino tres exbecarios, Gustavo Colombo, Pedro Napoletano y Daniela Sol Miño, y lo moderó Erika Bienek, directora global de Relaciones con la Comunidad del Grupo Techint. Ceder la palabra a quienes recibieron la apuesta, en lugar de a quienes la financiaron, es una decisión editorial. Y las decisiones editoriales dicen mucho sobre cómo una organización entiende su propio rol: no como benefactora que exhibe su generosidad, sino como parte de un ecosistema cuyo resultado se mide en biografías.
Pero sería injusto y además falso sugerir que la Argentina que construye cabe en un solo atrio. A mil kilómetros de allí, en Taco Pozo, en el Impenetrable chaqueño, Gloria Cisneros enseña a quince chicos de primero a séptimo grado en la Escuela N°793. A comienzos de este año fue elegida entre los diez finalistas del Global Teacher Prize, el llamado Nobel de la educación, entre unos cinco mil postulantes de 139 países. Llevó paneles solares e internet a su escuela, trabaja por proyectos con inteligencia artificial, gestionó agua potable y consiguió becas para sus alumnos y para otros treinta y cinco estudiantes. Su proyecto más conocido se llama «La biblioteca en mi casa»: los chicos se llevan libros para leerlos con sus familias. Ninguna motosierra hubiera inventado eso. Tampoco ningún presupuesto.
La maestra del Impenetrable y la escuela técnica de Campana tocan, cada una a su modo, la misma campana. Una campana que no dobla por lo que se perdió, sino que llama a lo que todavía puede hacerse.
Los que construyen
En la industria la campana también suena, aunque cueste escucharla entre tanto estruendo. En mayo, Mercedes-Benz Camiones y Buses inauguró en Zárate, vecina de Campana, una planta de 110 millones de dólares con quinientos empleos directos y dos mil indirectos. En Vaca Muerta, Tenaris puso en marcha su tercer set de fractura hidráulica con una inversión de 110 millones de dólares. Y en Bariloche, INVAP, una empresa propiedad de la provincia de Río Negro con alrededor de 1.800 trabajadores, exporta reactores, radares y tecnología satelital a una docena de países, entre ellos los Países Bajos, donde construye el reactor Pallas. Una empresa estatal que vende reactores nucleares en Europa debería bastar para desmentir que el problema argentino sea la existencia del Estado. El problema es su ausencia de proyecto.
Cada uno de estos casos tiene algo en común: ninguno se explica sin una escuela técnica cerca, sin un sistema científico detrás, sin una cadena de proveedores alrededor. Son nodos de una red. Y una red, a diferencia de un árbol, no se tala de un golpe: se deshilacha de a poco, hilo por hilo, cierre por cierre, hasta que un día alguien descubre que ya no sostiene nada.
El mito equivocado
En la Di Tella, el Presidente eligió ilustrar su ética con el mito de Filoctetes. Conviene recordar la historia completa, porque es más elocuente de lo que él mismo advirtió. Filoctetes, herido por una serpiente y con una llaga que nadie soportaba, fue abandonado por los griegos en la isla de Lemnos camino a Troya. Diez años después, un oráculo les reveló que aquel herido guardaba el arco de Heracles, y que sin él nada de lo que se habían propuesto podía cumplirse. Y los mismos que lo habían dejado solo tuvieron que volver a buscarlo. Sófocles le dedicó una tragedia entera. Quien fue a buscarlo, por cierto, fue Odiseo, no Eliseo.
Acaso, sin proponérselo, el Presidente haya elegido el mito correcto para el país y el equivocado para sí mismo. La industria y la educación son nuestros Filoctetes: abandonados en la isla porque su herida molestaba, porque costaban, porque no cerraban en la planilla. Y la Argentina, tarde o temprano, tendrá que volver a buscarlos, porque ningún proyecto de país se completa sin ellos. La única pregunta es cuánto tiempo perderemos antes de admitirlo.
Otra pirámide
El Desarrollismo Inteligente no propone un domador para la motosierra. Propone otra arquitectura. Una en la que el Estado no es ni el botín a repartir ni el enemigo a destruir, sino el nodo que articula a seis actores, la ciencia, la producción, la educación, los emprendedores, el financiamiento y el trabajo, en una pirámide cuya cúspide no manda sino que conecta. En esa arquitectura, lo que hoy hacen una empresa en Campana o una maestra en el Chaco por voluntad propia deja de ser una excepción heroica y se convierte en política de Estado. El vínculo entre escuela técnica y empresa, que Gen Técnico ensaya con pasantías dentro de las plantas, debería ser un derecho de cada estudiante técnico del país y no un privilegio de quienes viven cerca de una acería. La Ley de Escuela Emprendedora y la Ley de Primer Empleo Formal que impulsamos apuntan exactamente a eso: a que la campana suene en todas las escuelas, y a que cada joven que la escuche tenga, al salir, un lugar donde construir.
Frondizi entendió hace más de seis décadas que la Argentina no se salva repartiendo lo que hay, sino produciendo lo que falta, y apostó por el petróleo y por el acero cuando muchos lo acusaban de traidor. El principio sigue intacto. Lo que cambió es el siglo: hoy la riqueza también está en el conocimiento, y el conocimiento no se importa en contenedores. Se forma en un aula, se templa en una planta y se exporta con valor agregado.
Una figura identificatoria
Milei quisiera parecerse a Schumpeter. Acaso se parezca más al leñador que, orgulloso de su motosierra, confunde talar con podar y mide su éxito por la cantidad de troncos en el suelo. Cincuenta años de becas, en cambio, se parecen a otra cosa: a quien planta un árbol sabiendo que no va a sentarse a su sombra.
Una motosierra puede derribar en una tarde lo que una campana tardó medio siglo en convocar. Pero la motosierra suena una vez. La campana suena todas las mañanas. Y mientras haya alguien dispuesto a tocarla, en Campana, en Taco Pozo o en Bariloche, la Argentina que construye no está vencida. Está, apenas, esperando que alguien la escuche.
Mini glosario
La Argentina que destruye
Campana doliente. La que dobla por lo que se pierde: cada fábrica que apaga sus hornos, cada escuela que nadie repara, cada joven que emigra con el título bajo el brazo. John Donne advertía que nunca preguntemos por quién doblan las campanas, porque doblan por nosotros.
Orientación necrófila. Disposición del carácter que, según el psicoanalista Erich Fromm, se siente atraída por lo inerte, lo mecánico y lo controlable. No alude a la muerte en sentido literal, sino a la preferencia por derribar lo que crece antes que acompañarlo. Su herramienta predilecta, en nuestro tiempo, hace ruido de motor.
Tala ideológica. El recorte que no distingue entre lo que sobra y lo que sostiene. Su opuesto es la poda fiscal, que ordena las cuentas sin arrancar las raíces. El error no fue ordenar, sino confundir podar con talar.
Destrucción estéril. La inversión de la destrucción creativa de Joseph Schumpeter. En Schumpeter, el protagonista es el empresario que innova y lo viejo cae como efecto de lo nuevo. En la destrucción estéril queda sólo el efecto: se cierra lo viejo y no nace nada en su lugar.
Abandono silencioso. La forma menos visible de destruir: no cerrar, sino dejar de responder. La carta de una maestra rural que denuncia el estado de su escuela y nadie contesta es su síntoma más elocuente. El abandono no grita ni firma decretos; simplemente duerme mejor y cuesta menos.
La Argentina que construye
Campana convocante. La que no dobla por lo perdido sino que llama a lo que todavía puede hacerse. El 28 de octubre sonó en Campana, en el acto por los cincuenta años de las Becas Roberto Rocca. El panel central, moderado por Erika Bienek, no lo protagonizaron directivos sino tres exbecarios que volvieron a contar qué hicieron con aquella oportunidad.
Acero pedagógico. Convicción de que la industria empieza en el aula antes que en el alto horno. Roberto Rocca, cuyo nombre llevan las becas, fue profesor del MIT, y la Escuela Técnica de Campana creció junto a una acería. Un país puede importar chapa; lo que no puede importar es el técnico que sabe hacerla.
Pedagogía territorial. Enseñar desde el lugar y con lo que el lugar necesita. Gloria Cisneros, maestra en Taco Pozo, en el Impenetrable chaqueño, y finalista del Global Teacher Prize 2026, la practica con quince alumnos: llevó paneles solares e internet a su escuela y creó «La biblioteca en mi casa», para que los chicos lean con sus familias. Ninguna motosierra hubiera inventado eso.
Orientación biófila. El polo opuesto en la teoría de Erich Fromm: la inclinación por lo vivo, por lo que crece, por lo que todavía no es pero puede llegar a ser. Exige una virtud políticamente escasa, la tolerancia a la demora. Es la ética de quien planta un árbol sabiendo que otros se sentarán a su sombra.
Desarrollo integrado. Idea central de Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio: la Argentina no se salva repartiendo lo que hay, sino produciendo lo que falta, con el petróleo, el acero y la industria básica como columna vertebral. El Desarrollismo Inteligente la actualiza para el siglo XXI, sumando ciencia, educación y emprendedores, y le asigna al Estado el papel de nodo articulador: ni botín ni enemigo, sino la cúspide que conecta.
Fuentes
Declaraciones de Javier Milei en la Universidad Torcuato Di Tella, 31/10/2026 (nota de Hermes; Tiempo Argentino).
El Campanense Diario, 01/11/2026: acto por los 50 años de las Becas Roberto Rocca en la Escuela Técnica Roberto Rocca de Campana.
La Política Online, 27/01/2026, y El Marplatense, 29/01/2026: apodo «Don Chatarrín de los tubitos caros».
Infobae, 28/04/2026: declaraciones de Milei sobre Rocca y Madanes Quintanilla en la Fundación Libertad; licitación Welspun; cierre de Fate.
Más Río Negro, 05/02/2026: carta de Paolo Rocca a La Nación sobre inversiones del Grupo Techint.
CEPA, informe «A 1.000 días de Milei» (vía DolarHoy): salario mínimo, jubilación mínima, empresas empleadoras.
Análisis Digital, 01/09/2026: informe CEPA sobre empleo, empresas y producción industrial (datos SRT e INDEC).
Mirador Provincial, 19/10/2026: utilización de la capacidad instalada metalúrgica, ADIMRA.
Infobae, 01/10/2026: informe de Argentinos por la Educación sobre inversión educativa nacional 2026–2027.
El Diario, 31/10/2026: caso Nancy Godoy.
La Nación, 14/01/2026: Gloria Cisneros, finalista del Global Teacher Prize 2026.
La Nación, 08/05/2026: planta de Mercedes-Benz Camiones y Buses en Zárate.
Tenaris, 2026: tercer set de fractura en Vaca Muerta.
Forbes Argentina, 15/06/2025: INVAP.
Erich Fromm, Anatomía de la destructividad humana (1973); Joseph Schumpeter, Capitalismo, socialismo y democracia (1942); John Donne, Meditación XVII (1624); Oscar Wilde, El abanico de Lady Windermere (1892); Sófocles, Filoctetes.
































































