Tras el fallecimiento del líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, historiadores y politólogos analizan el impacto de una movilización que superó el millón de personas. Coinciden en que la convocatoria responde a un profundo sentimiento de identidad, comunidad y memoria afectiva que trasciende la lógica política, ubicándose a la par de los históricos funerales de figuras como Diego Maradona, Carlos Gardel y Jorge Newbery.
La muerte de Carlos Alberto «El Indio» Solari, ocurrida el pasado viernes 5 de junio a los 77 años a causa de un accidente cerebrovascular, desató una de las manifestaciones populares más masivas y conmovedoras de la historia reciente de la Argentina. Con un operativo de seguridad que estimó una concurrencia cercana al millón de personas y filas que superaron las 70 cuadras para ingresar al Microestadio Gatica en Avellaneda, el fenómeno expuso un rito de pertenencia colectiva que desborda cualquier análisis político tradicional.
En diálogo con Infobae, diversos especialistas coincidieron en que este fenómeno se inscribe en una tradición de duelos populares muy poco frecuentes en el país, ligada a la memoria afectiva de varias generaciones.
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Identidad y comunidad: El politólogo Andrés Malamud destacó que la masividad se explica por «el sentimiento de comunidad, la necesidad de reafirmar la pertenencia y la urgencia de compartir el duelo». Descartó, además, cualquier lectura electoral del evento: «Los argentinos somos una tribu orgullosa de serlo. Evita y Maradona tuvieron despedidas comparables», señaló.
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La nostalgia generacional: Por su parte, el historiador Pacho O’Donnell resaltó la dimensión emocional del encuentro, apuntando que la mayoría de los asistentes promediaban los 40 años o más. Para O’Donnell, esta multitud acudió a despedir «algo amado y perdido de la juventud», en un cruce de recuerdos, rebeldía e ilusiones.
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La voz de los postergados: El historiador Eduardo Lazzari (en declaraciones a TN) analizó el rol social del músico, afirmando que Solari se convirtió en la voz de «un momento en el que la política dejó de representar a los que quedaron afuera». Asimismo, destacó su impacto cultural al señalar que el artista «llevó a Borges a quienes nunca sabían quién era Borges».
Paralelismos con la historia grande
Los expertos trazaron líneas históricas con otros grandes funerales no estrictamente políticos que marcaron al país:
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Jorge Newbery (1914): Recordado por Lazzari como el primer ídolo popular no político, cuyo cortejo fúnebre en tren se demoró un día y medio por la multitud que se agolpaba en las vías.
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Carlos Gardel (1935): Evocado por el historiador Daniel Balmaceda por la conmoción pública que generó su velatorio en el Luna Park y el multitudinario traslado hacia el Cementerio de la Chacarita.
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Diego Maradona (2020) y Eva Perón (1952): Mencionados como los puntos de comparación más cercanos en cuanto a la magnitud del lazo simbólico y la devoción de las masas.
La despedida en Avellaneda, caracterizada por ser masiva y pacífica, obligó a las autoridades a abrir las puertas del microestadio antes de lo previsto debido a la incesante vigilia de los fanáticos, evaluándose la extensión del velatorio durante los días subsiguientes ante una marea humana que se resiste a dar el último adiós a su «único héroe en este lío».
Fuente: Información basada en el artículo periodístico de Myrna Leal para Infobae, publicado el 8 de junio de 2026.







































































