Mientras otros destinos turísticos gastan millones en promocionar circuitos de aventura, el municipio de Coronel Suárez ha logrado convertir un simple paseo urbano en una experiencia extrema de off-road involuntario. Vecinos, turistas y prestadores turísticos expresan hoy su más profundo disgusto, indignación y rabia ante el intransitable estado de las calles, donde las recientes «tareas de mantenimiento» oficiales no hicieron más que perfeccionar el desastre.
La consigna parece ser contundente: “Si querés barro, andate al Ceferino”. Lo que antes era un chiste local hoy es la dura realidad de cada arteria de la localidad. En los últimos días, el paso de la maquinaria municipal lejos de acomodar la calzada, la transformó en una trampa de lodo a prueba de cualquier vehículo. Camionetas 4×4, autos particulares de residentes y vehículos de visitantes quedan varados por igual en cuanto intentan avanzar un par de cuadras.
Una bienvenida con aroma a rechazo
Para los prestadores turísticos de la comarca, la situación pasó de ser una molestia a un verdadero golpe al bolsillo. Mientras el sector se esfuerza por atraer visitantes y ofrecer un descanso reparador, el municipio se encarga de dar la bienvenida con un «rechazo sobre ruedas». La experiencia de quedar encajado apenas se pisa la localidad dista mucho de la hospitalidad serrana que se promete en los folletos.
Si bien las inclemencias meteorológicas han marcado récords históricos de precipitaciones tanto en volumen como en duración —un fenómeno que indudablemente complica el terreno—, la falta de previsión y la pésima ejecución de los trabajos viales terminaron por detonar la paciencia comunitaria. La situación no es nueva: lleva meses acumulándose bajo la mirada esquiva de las autoridades.
Un timbre que no para de sonar
Ante este drama cotidiano, la comunidad le toca el timbre de manera directa a la Delegación y al Gobierno Municipal de Coronel Suárez. Los vecinos exigen que dejen de «reparar» las calles si el resultado va a ser dejarlas peor que antes, y demandan soluciones concretas, idóneas y urgentes.
El turismo y la vida diaria de la comarca serrana no pueden seguir atascados en el barro de la inacción oficial. Es hora de que el municipio saque los pies del lodo institucional y devuelva la transitabilidad a las calles antes de que la localidad quede completamente aislada.


























































