Con la presencia del Arzobispo Fray Carlos Azpiroz Costa y una multitud de peregrinos de toda la región, el Santuario de Nuestra Señora de Fátima vivió una jornada histórica de devoción mariana. El evento, que contó con la participación de autoridades municipales y miembros de diversas comunidades parroquiales, culminó con un emotivo gesto de bendición bajo el manto de la Virgen, reafirmando el espíritu de hermandad y acogida de los servidores locales.
Crónica de una jornada de fe: Fiestas Patronales en el Santuario de Fátima
El pasado 13 de mayo, el Santuario de Nuestra Señora de Fátima se vistió de fiesta para celebrar sus Patronales. Desde las primeras horas del día, el predio recibió a una multitud de devotos provenientes de diversas ciudades de la provincia y a peregrinos de comunidades parroquiales vecinas, quienes fueron acogidos por los servidores del Santuario en un clima de profunda alegría.
Mañana de oración y acogida
La jornada comenzó en el Parque y el Salón del Peregrino, espacios dispuestos para el encuentro y el tradicional mate compartido. Durante la mañana, los fieles participaron de un Rosario meditado sobre la vida de María, que culminó con la Santa Misa presidida por el Padre Adrián Bergallo, encargado de acompañar a la comunidad durante toda la semana mariana. El Padre Norberto, responsable del Santuario, brindó su calurosa bienvenida y bendición a cada visitante desde temprano.
Una tarde de devoción y presencia diocesana
Por la tarde, la afluencia de fieles continuó creciendo. Tras un nuevo Rosario y la disponibilidad de varios sacerdotes para el sacramento de la confesión, se contó con la presencia del Arzobispo de Bahía Blanca, Fray Carlos Azpiroz Costa.
Bajo un sol que se filtraba entre las nubes, se dio inicio a la solemne Procesión. La imagen de la Virgen de Fátima recorrió el entorno natural acompañada por una gran cantidad de sacerdotes, peregrinos y autoridades, entre ellas la Intendente Estefanía Bordoni y su comitiva.
El Manto de la Virgen: Un cierre conmovedor
La celebración central fue presidida por el Obispo ante un templo completamente colmado. Al finalizar la Eucaristía, el Padre Adrián invitó a los presentes a participar de un gesto de profunda fe: bendecir individualmente a cada fiel cubriendo su cabeza con el manto de la Virgen.
Este momento, cargado de emoción tanto para los presbíteros como para los laicos, selló una verdadera fiesta mariana que dejó los corazones llenos de gozo.
«Nos queda decir ¡gracias! Gracias infinitas por cada testimonio, sonrisa y abrazo. Gracias por permitirnos, como servidores y junto al Padre Norberto, recibirlos y compartir este día como hermanos en la fe».
— Comunidad del Santuario



































































