La crisis internacional del crucero fue contenida con éxito pero revela la expansión de enfermedades infecciosas como uno de los grandes retos del presente y el futuro.
Las aguas se van apaciguando con el hantavirus. Tras la marea de críticas por parte de instancias políticas a la gestión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Gobierno español, los pasajeros se encuentran en observación en las unidades de vigilancia pertinentes. Durante todo el episodio el mensaje a enviado a la población general tanto del Ministerio de Sanidad como de los epidemiólogos, inmunólogos y otros científicos independientes ha sido el mismo: calma. El riesgo de transmisión es bajo y nada tiene que ver con la covid-19. E incluso si ahora vemos un goteo de positivos, no es nada fuera de lo común.
Cuando se habla de hantavirus este debe ser el mantra. Pero cada crisis es diferente, y cabe tener en cuenta que estas serán más frecuentes. “Es evidente que van a ser más frecuentes”, apunta a Público Javier Padilla, secretario de Estado de Sanidad. Un cóctel de motivos, agitados por la globalización y la crisis climática, hacen que hayamos visto varios brotes en los últimos tiempos. La gripe aviar golpeó a las gallinas de Estados Unidos y provocó una escasez de huevos. Una expansión posterior en España también llevó al confinamiento de todas las aves de corral para evitar el contagio a humanos. La dermatosis nodular obligó al sacrificio de decenas de vacas el pasado otoño. Y en ocasiones, también puede saltar al ser humano y facilitar el contagio entre personas, como sucedió con la pandemia de la covid-19.
Por qué son más frecuentes las crisis sanitarias
Con el desarrollo de los antibióticos, “se pensaba que se iban a controlar las enfermedades infecciosas, pero eso ha sido una complacencia falsa por parte de los humanos», analiza en declaraciones a este diario Rafael Bengoa, exconsejero de Sanidad de la Eusko Jaurlaritza y experto en salud pública que ha trabajado para la OMS. Por su parte, Padilla señal que “ha habido en las últimas décadas una intensificación del contacto entre humanos y ecosistemas“. Ello ha provocado ”una mayor probabilidad de riesgo zoonótico“, añade. Es decir, el salto de una enfermedad de una especie a la humana puede ser más fácil ahora que antes.
Bengoa también pone el foco en la zoonosis y pone de relieve la continua invasión de nuevos territorios y hábitats. La influencia antropogénica puede repercutir sobre el medio físico, pero también sobre la salud pública. “Lo que hacemos los humanos es invadir poco a poco los territorios y hábitats de animales, que son el reservorio natural de esos virus y que en la mayor parte no les afecta», esclarece. Señala cómo por ejemplo las ratas no enferman por tener hantavirus, pero sí lo hacen las personas contagiadas. “Seguir invadiendo los hábitats naturales de todos estos animales, que son reservorio de virus, obviamente es un enorme problema”.
La proliferación de enfermedades en estos términos “tiene que ver con una forma de organización económica y social del día de hoy de los seres humanos, sin ningún tipo de lugar a dudas», asegura Padilla. Esto se debe a “los movimientos de personas, animales y el comercio, la invasión cada vez mayor de ecosistemas propios de animales por parte del hombre y el riesgo de transmisión de enfermedades zoonóticas», declara a la plataforma divulgativa SMC España Consuelo Giménez Pardo, profesora titular de la Universidad de Alcalá y vocal de Gestión del Conocimiento e Investigación de Médicos del Mundo. Así, el secretario de Estado advierte que “muy probablemente estemos hablando de uno de los principales riesgos para la salud pública y la salud global de las próximas décadas».
El papel de la crisis climática
Este fenómeno, que tiene un carácter ambiental, se ve agravado en un contexto de crisis climática. Para Padilla, es la pescadilla que se muerde la cola: “Se establece una especie de procedimiento circular en el cual una mayor invasión de ecosistemas favorece la crisis climática, y esta a su vez genera alteraciones de los ecosistemas que favorece esa mayor invasión». Los ecologismos se hacen cargo de esta interrelación y por eso buscan poner en primera línea cómo la relación del ser humano con su entorno es también una relación social.
Eduardo Satué, presidente saliente de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), señala a este medio que se ha popularizado el término“una sola salud” o one health. Se trata de un enfoque integrado que reconoce la interdependencia entre la salud humana, animal y ambiental. “El ser humano no es una burbuja con respecto al resto del planeta, estamos en una relación directa“, indica. El experto describe el concepto como un triángulo que une a humanos, animales y entorno físico.
“Lo que tenemos ahora es un circuito de viajeros con respecto a las infecciones”, declara. Satué expresa que aunque no sean la única, «las infecciones son una parte importante» cuando hablamos de esta clase de enfermedades. Así, remarca que el aumento de la movilización incrementa también el riesgo de contagio. “Esto ya venía pasando, pero en los últimos años ha cambiado con la crisis climática”. El cambio cualitativo consiste en que las enfermedades no tienen por qué ser “importadas”, apunta. El miembro de SESPAS se refiere en este caso a los insectos que funcionan como vectores de transmisión de enfermedades infecciosas. “El aumento de las temperaturas facilita que puedan sobrevivir inviernos en ciertas partes de España”, ejemplifica.
Prepararse ante los próximos escenarios
El vector de transmisión en el caso del hantavirus son los roedores, por lo que el aumento de temperaturas no ha sido un factor presente. Sí lo ha sido el aumento de las interconexiones y de la movilidad, al tratarse de un viaje a bordo de una embarcación de lujo capaz de cruzar el océano Atlántico en menos de lo que se tarda en incubar la enfermedad. En esta ocasión el riesgo para la población ha sido bajo, pero circunstancias similares se pueden dar con otras infecciones con consecuencias más graves. «Esto, sin duda, volverá a pasar con otros organismos, claro que sí, y deberemos estar preparados“, recalca Consuelo Giménez.
“El fenómeno es global y a los virus no les importa la política ni las fronteras”, expresa Rafael Bengoa. Por este motivo, “es evidente que necesitamos una organización global del tipo de la OMS, pero ultraespecializada en este tema», defiende. De igual modo, aboga por la creación de la Agencia de Salud Pública, todavía pendiente, a nivel estatal. Esta serviría “para que haya una voz central científica independiente, con credibilidad y muchos expertos que estén encima de estos temas continuamente y sepan contestar en tiempo real sobre los diferentes virus”.
Giménez añade que estos escenarios se deben afrontar “invirtiendo en vigilancia epidemiológica” y “aplicando los protocolos que existen y se revisan periódicamente ante las diferentes situaciones de emergencia”. Coincide con Bengoa en “la necesidad básica de trabajar de manera coordinada con afán constructivo entre todos: políticos, científicos, organizaciones no gubernamentales y sociedad civil, entendiendo que esta ‘guerra’ frente a las enfermedades infecciosas es larga y será dura». Asimismo, concluye que si bien habrá “pequeños éxitos en algunas batallas”, deberemos igualmente “mantenernos siempre en guardia. Nos va la supervivencia como especie en ello”.
Por Adhik Arrilucea – Página 12






























































