En una entrevista radial en FM Reflejos y de profunda carga ética y técnica, la docente ambiental Patricia González denunció la grave vulnerabilidad que atraviesa el Parque Provincial Ernesto Tornquist. Con más de 35 años de experiencia en áreas protegidas, González vinculó la actual presencia de un condenado por abuso sexual en la base del cerro con un «abandono de territorio» por parte del Estado, que también se manifiesta en la pérdida de biodiversidad frente a las especies invasoras.
La charla comenzó abordando el malestar de la comunidad frente a Eduardo Gabriel Bayón, quien atiende una concesión dentro del predio a pesar de tener una sentencia firme por abuso sexual. González recordó, con un tono de indignación, que hace dos décadas el servicio de guardaparques actuaba con una diligencia que hoy parece perdida: ante un caso de exhibición de material pornográfico a una menor, el Ministerio intervino en 24 horas para retirar al implicado. “Hoy el Estado provincial está abandonando el territorio y el servicio de guardaparques le está entregando el control al victimario”, sentenció, señalando que el actual coordinador político, Rubén González, tiene las herramientas legales para cerrar el Cerro Ventana por motivos de seguridad pública, pero ha optado por la inacción.
Esta «acefalía de autoridad» y ética profesional se entrelaza, según la docente, con la crisis de conservación que sufre el área protegida. González describió un proceso de degradación donde el parque ha dejado de ser una reserva para transformarse en una «empresa turística«. Relató con pesar cómo el esfuerzo de pioneros como Daniel Porte para erradicar especies exóticas y proteger el pastizal serrano está siendo devorado por la invasión biológica de retamas y zarzamoras. “Estamos matando a la gallina de los huevos de oro”, advirtió, refiriéndose a la función vital del pastizal en la captación de agua para toda la región.
El relato de la docente puso el foco en un problema estructural: la falta de formación de los nuevos guardaparques, quienes carecen de la «cultura del cuidado» y de recursos básicos, como vehículos operativos para impedir que cuatriciclos destruyan la biodiversidad. En su análisis, el Parque Tornquist es hoy el reflejo de un ambiente «atrapado entre la espada y la pared», víctima del negacionismo nacional y la desidia provincial.
González concluyó la entrevista con una exigencia directa al coordinador del parque para que actúe de inmediato contra la presencia del abusador en el kiosco, instando a recuperar el sentido de protección comunitaria. “Si el guardaparque no custodia a la comunidad, el parque deja de ser un lugar seguro”, finalizó, vinculando la integridad de las infancias con la integridad de la naturaleza que deben heredar las futuras generaciones.





























































