El conflicto geopolítico impulsa costos y agrega incertidumbre global, mientras la soja enfrenta menor demanda china, el maíz suma presión por oferta tardía y el trigo preocupa por problemas climáticos.
Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, advierte sobre un escenario internacional que condiciona precios y decisiones productivas.Rosario, Santa Fe; 27 de abril de 2026 – La creciente tensión en Medio Oriente pone nuevamente en primer plano los factores geopolíticos en los mercados agrícolas. La falta de avances diplomáticos, el cierre del estrecho por parte de Irán y Estados Unidos, junto con la captura de buques, generan una suba en el precio del petróleo y de los fertilizantes, impactando directamente en los costos de producción.
En este contexto, el mercado se prepara para una fecha clave: el próximo 12 de mayo se publica el informe de oferta y demanda del USDA, que podría redefinir expectativas. En paralelo, el Consejo Internacional de Granos proyecta un aumento en los stocks de soja, pero una reducción en los de maíz y trigo.
“Los fundamentos tradicionales siguen siendo relevantes, pero el ruido geopolítico vuelve a ganar protagonismo y condiciona tanto los costos como las expectativas del mercado”, explica Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
En soja, la siembra en Estados Unidos avanza a buen ritmo. Si bien persisten condiciones de baja humedad en el oeste, se esperan lluvias que podrían mejorar el panorama productivo. Del lado de la demanda, la atención está puesta en la relación entre China y Estados Unidos, en una cumbre atravesada por los vínculos del gigante asiático con Irán. Sin embargo, las exportaciones estadounidenses no logran repuntar y es la molienda interna la que sostiene el mercado. A esto se suma una señal negativa: China proyecta reducir en un 6% sus compras de poroto de soja para la campaña 2026/27.
“Hay una combinación compleja: buena oferta potencial, pero señales de demanda más débil, especialmente desde China, lo que limita la recuperación de precios”, señala Romano.
En el plano local, las lluvias demoran el ingreso de soja a las fábricas, lo que posterga la presión típica de cosecha. Sin embargo, un eventual cambio hacia condiciones más secas podría concentrar la oferta en pocas semanas y generar un pico de ventas. En este escenario, aparece un dato positivo: China habría comprado buques de soja argentina para embarques en junio y julio, favoreciendo especialmente a quienes cuentan con mercadería cercana a los puertos del sur.
En maíz, las preocupaciones se centran en la siembra en Norteamérica. Aunque el ritmo supera el promedio histórico, los suelos secos en el oeste generan incertidumbre y se suman dudas sobre la calidad de los datos del USDA para estimar el área sembrada. A nivel local, la cosecha avanza con lentitud y la llegada de granos a puerto es escasa, en un contexto de fuerte demanda de embarques.
“Hoy vemos una oferta muy limitada en el corto plazo, pero esto podría cambiar rápidamente cuando ingresa el maíz tardío, generando mayor presión sobre los precios”, advierte Romano.
En trigo, la atención global está puesta en el clima en las regiones productoras de Estados Unidos, donde la falta de humedad continúa deteriorando la calidad de los cultivos en una etapa crítica para la definición del rendimiento. A esto se suman perspectivas negativas en Australia, Rusia e India.
En el mercado interno, las recientes lluvias mejoran las reservas hídricas del suelo, pero los márgenes económicos siguen bajo evaluación. De hecho, la Bolsa de Cereales ya anticipa una posible caída en la superficie sembrada. “El trigo enfrenta un escenario desafiante: problemas productivos a nivel global y incertidumbre económica local que podría limitar la siembra”, concluye Romano.
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