Un informe de Argentinos por la Educación advierte que los alumnos de primaria faltan en promedio unos 30 días por año. El ausentismo estudiantil aparece como el principal problema señalado por directores en las pruebas Aprender y el estudio alerta sobre la falta de datos sistemáticos a nivel nacional para dimensionar el fenómeno.
En Argentina, los estudiantes de nivel primario faltan en promedio alrededor de 30 días por año a la escuela. La cifra implica que, si se mantiene esa tendencia a lo largo de toda la educación primaria, un alumno pierde cerca de 195 días de clases, lo que equivale a más de un año completo de escolaridad.
La estimación surge de un informe elaborado por Argentinos por la Educación, con autoría de Cecilia Veleda (CIPPEC), Tomás Besada y Martín Nistal, que analiza el tiempo escolar efectivo y sus principales interrupciones en el país.
El documento plantea que el tiempo escolar es una condición central para que ocurra el aprendizaje, aunque su impacto no es automático ni lineal: depende también de factores como la calidad de la enseñanza, la infraestructura, el uso efectivo del tiempo en el aula y las condiciones institucionales. Sin embargo, sostiene que la pérdida de días de clase reduce las oportunidades de enseñanza y limita las trayectorias educativas, especialmente cuando el ausentismo se vuelve persistente.
“Disponer de tiempo real de enseñanza es indispensable para lograr cualquier aprendizaje. Muchos directivos reconocen en los problemas de infraestructura y de ausentismo estudiantil los bajos resultados educativos. Además de garantizar un mínimo de días de clase, el liderazgo pedagógico del directivo es una pieza fundamental para enfrentar los problemas de aprendizaje. Tiene en sus manos la posibilidad del trabajo en equipo con los docentes para articular la realidad de la escuela con las necesidades educativas y sociales de cada uno de sus estudiantes”, señala Mónica Prieto, profesora de la Escuela de Educación de la Universidad Austral.

El tiempo escolar, entre lo planificado y lo real
El informe distingue distintas dimensiones del tiempo escolar: por un lado, los días de clase planificados en el calendario. Por el otro, los días efectivamente dictados, las horas de jornada escolar, la asistencia diaria de docentes y estudiantes y el tiempo neto de exposición a la enseñanza. Históricamente, el debate sobre este tema estuvo centrado en el cumplimiento del piso de días de clase, la extensión de la jornada escolar y, más recientemente, el ausentismo.
Así, la meta fijada para llegar a un promedio de 185 días de clase anuales se reduce de manera significativa a causa de las faltas de los estudiantes. Por ejemplo, si se descuentan las 30 inasistencias promedio, el tiempo efectivo de escolarización cae a aproximadamente 155 días al año. Esto representa una pérdida cercana al 17% de los días previstos.
El cálculo de la pérdida acumulada surge de proyectar esas 30 faltas anuales a lo largo de 6,5 años de escolaridad primaria, valor tomado como referencia porque la duración de ese nivel puede ser de seis o siete años según la jurisdicción. En ese escenario, el ausentismo representa una pérdida equivalente a más de un año completo de clases, si se considera el piso legal de 180 días establecido por la Ley 25.864.
“El tiempo escolar importa. Lo vimos con el cierre de escuelas durante la pandemia. Y, sin embargo, hoy se pierde demasiado tiempo de aprendizaje por muchas causas, que van desde el incumplimiento de las normas en la planificación del ciclo lectivo, hasta los problemas de infraestructura, los paros, el ausentismo de docentes y alumnos, o las rutinas de la vida escolar. No podemos tirar la toalla y banalizar la importancia de cada hora de clase. Hay maneras de proteger integralmente el tiempo neto de enseñanza y aprendizaje, hay mucho por hacer desde la política educativa”, precisó Cecilia Veleda, investigadora del programa de Educación de CIPPEC y coautora del informe.

El ausentismo, principal problema señalado por directores
El informe también releva la percepción de los directores de escuelas primarias a partir de los cuestionarios complementarios del operativo Aprender 2023, que evalúa a estudiantes de sexto grado en Lengua y Matemática.
En esa consulta, el ausentismo estudiantil aparece como el principal factor que afecta los procesos de enseñanza y aprendizaje: el 49,3% de los directores lo identificó como un problema. En segundo lugar se ubicaron los problemas de convivencia (29,4%), la impuntualidad de los estudiantes (24,5%) y la disponibilidad de insumos o instrumentos pedagógicos (24,0%). El ausentismo docente fue mencionado por el 21,8% de los directores.
El documento señala que estos datos muestran que las dificultades escolares no se limitan a cuestiones materiales, sino que también existen obstáculos vinculados a la organización del tiempo escolar y a la continuidad del proceso pedagógico.
Evidencia internacional: menos días, menos aprendizaje
El informe sintetiza evidencia internacional que vincula la reducción del tiempo de clase con caídas en el rendimiento académico. Cita estudios que analizaron cierres inesperados de escuelas o variaciones en calendarios escolares y concluyeron que menos días de clase se traducen en peores resultados en evaluaciones estandarizadas. También menciona investigaciones realizadas tras la pandemia de 2020, que mostraron una relación entre la cantidad de días sin clases y la pérdida de aprendizajes.
Sobre el ausentismo estudiantil, el documento sostiene que la evidencia es consistente: faltar a clases reduce el aprendizaje incluso en ausencias aisladas. Además, los efectos serían acumulativos y persistentes: alrededor de diez días de ausencia se asocian con menores calificaciones, menor graduación secundaria y menor acceso a la educación superior.
Diferencias entre provincias en horas de clase planificadas
Además del ausentismo, el informe analiza las horas de clase anuales planificadas en las distintas jurisdicciones. Según los autores, entre 2020 y 2024 se registró un aumento promedio de las horas planificadas, aunque persisten brechas importantes entre provincias.
Tomando como referencia un umbral de 850 horas anuales (promedio nacional en 2024), solo siete jurisdicciones superan ese nivel: Ciudad de Buenos Aires, Chaco, Córdoba, San Juan, La Pampa, Catamarca y Jujuy. El resto se ubica por debajo. El documento atribuye estas diferencias tanto al peso relativo de los distintos tipos de jornada escolar (simple, extendida o completa) como a la cantidad de días de clase prevista en cada calendario.
Paros y ausentismo docente
El informe también incorpora el impacto del ausentismo docente, aunque advierte que en Argentina no existen mediciones sistemáticas nacionales sobre este fenómeno, como datos sobre conflictividad laboral y percepción de directores.
En relación a los paros docentes, el documento señala que en 2024 el promedio nacional fue de 13 días de huelga, con fuertes diferencias territoriales. Río Negro registró 25 días, Santa Cruz 23 y Santa Fe 23, mientras que Formosa, Santiago del Estero, San Luis y Tucumán tuvieron 6 días.

Por otra parte, según datos de PISA 2022, Argentina se ubicó entre los países donde más directores consideran que el ausentismo docente limita el aprendizaje: el 48,9% lo evaluó como un problema serio o moderado. Ese porcentaje colocó al país en el cuarto lugar entre los sistemas educativos analizados, detrás de Bélgica, Alemania y Palestina.
Uno de los puntos centrales del informe es la ausencia de un sistema nacional consolidado y público que registre de manera continua la asistencia estudiantil. Según el documento, la información disponible en Argentina es fragmentada y depende de instrumentos provinciales con criterios distintos, coberturas dispares y recolección esporádica.
Los autores sostienen que esta falta de datos comparables impide dimensionar con precisión la magnitud del ausentismo, comparar entre provincias y monitorear su evolución en el tiempo. Como contraste, mencionan que países como Uruguay y Chile cuentan con registros nominales y digitales de asistencia diaria, que permiten detectar ausentismo temprano y generar alertas automáticas.
En sus conclusiones, el informe plantea que fortalecer los sistemas de información educativa no es un aspecto técnico menor, sino una condición necesaria para diseñar políticas que permitan mejorar el tiempo efectivo de enseñanza y aprendizaje.
Fuente: elDiarioAR




























































