Con un despliegue multitudinario que colmó la Avenida Juan Bautista Gil, el Pueblo Turístico despidió tres jornadas inolvidables de celebración. La organización del Club Porteño, el apoyo de Tornquist Municipio y la participación activa de toda la comunidad ratificaron que los carnavales de Saldungaray no son solo un evento estival, sino el corazón mismo de una identidad que se mantiene viva desde principios del siglo XX.
Una clausura a puro sentimiento y tradición
La última noche de los Carnavales 2026 en Saldungaray fue el broche de oro para un fin de semana récord. Miles de vecinos y turistas disfrutaron de una jornada marcada por el ingenio en los disfraces y la majestuosidad de las carrozas que desfilaron con la estación ferroviaria como testigo de piedra. El momento culminante llegó a la medianoche con la tradicional quema del Rey Momo, un ritual que iluminó el cielo serrano bajo una lluvia de fuegos artificiales, simbolizando el cierre de una etapa y el renacimiento de la alegría colectiva.
Tras la ceremonia, la acción se trasladó a las instalaciones del Club Porteño, alma mater del evento, donde se llevó a cabo la esperada premiación. Allí, comerciantes, instituciones públicas y familias celebraron el resultado de meses de trabajo, en una muestra de unidad que continúa reforzando el concepto de Saldungaray Pueblo Turístico dentro de la Comarca.
Identidad que atraviesa el tiempo
Lo que se vive hoy en las calles de Saldungaray no es un fenómeno reciente. La permanencia de este carnaval en el calendario regional es un caso de estudio: sus raíces se hunden en el pasado, datando desde principios del siglo XX, prácticamente desde la fundación misma del propio pueblo.
Durante décadas, de manera ininterrumpida, Saldungaray ha sabido conservar el espíritu de los antiguos corsos, adaptándolos a los tiempos pero manteniendo intacta esa esencia que los hace únicos. Este año, las tres noches de festejos incluyeron también la ya inolvidable tarde de carnaval de agua sobre la Avenida Juan Bautista Gil, una propuesta que recupera el juego y la frescura de antaño, convocando a todas las generaciones en un espacio de plena identidad serrana.
La solidez del evento reside en su construcción colectiva: desde el vecino que diseña su disfraz hasta el comerciante que aporta para el crecimiento de la fiesta, pasando por el respaldo municipal. Todos los actores coinciden en que el carnaval es la herramienta más poderosa para fortalecer el sentido de pertenencia y mostrar al visitante la riqueza cultural de un pueblo que se enorgullece de sus raíces.
































































