La emprendedora presentó su línea de productos agroecológicos basados en la lavanda y aromas regionales. Con una propuesta que combina lo artesanal con la innovación —incluyendo un exclusivo chocolate con lavanda—, busca transformar su conexión emocional con la Comarca Serrana en un sello distintivo y personal.
Carina Di Caro, emprendedora que vacaciona en Saldungaray desde su nacimiento, presenta su línea de productos basados en la lavanda y aromas regionales. Con una producción agroecológica y orgánica, busca dejar una huella personal a través de creaciones que van desde aceites esenciales hasta un innovador chocolate con lavanda.
Para Carina Di Caro, la Comarca Serrana no es su lugar de origen, pero sí el escenario de todos sus veranos desde que nació. «La primera casa de hormigón en el pueblo de Saldungaray fue mi casa, nuestra casa de vacaciones», recuerda con nostalgia, señalando que el vínculo con el pueblo es parte fundamental de su identidad. Esa conexión emocional fue el motor que la llevó, durante un festejo de cumpleaños en Buenos Aires, a proyectar un emprendimiento que la mantuviera vinculada a su lugar en el mundo: «Dije que hay que traerse los aromas de allá para acá», relata sobre el nacimiento de Aroma a Campo by Carina Di Caro.
Más allá de lo comercial, la marca guarda un significado profundamente personal y espiritual. Ante la noticia de que no podría tener hijos, Carina decidió canalizar su legado a través de este proyecto: «Tomé la decisión de dejar una huella en esta vida; mi descendencia va a ser mi marca». Así, las fragancias de eucalipto, romero y, especialmente, las lavandas, se convirtieron en el sello distintivo de una propuesta que hoy se expande con firmeza.
Actualmente, el proceso productivo se apoya en el trabajo conjunto con cinco campos de la comarca, bajo estándares de producción orgánica certificada, agroecológica y biológica. «Son diferentes tipos de producciones que dan resultados distintos en el producto final», explica Carina, quien se instala los tres meses de verano en la zona para gestionar personalmente la cosecha de sus cinco variedades de lavanda, realizar producciones fotográficas y supervisar la calidad de los insumos.
La línea de productos es extensa y variada: incluye velas, antifaces de yoga y de dormir, almohadillas, sales de baño, aceites e hidrolatos, además de regalos empresariales. Sin embargo, el producto que más curiosidad despierta es su chocolate con lavanda. «Es chocolate blanco; en boca sentís el choque del dulce con el frescor de la lavanda», describe, aclarando que utiliza variedades comestibles específicas y que, al ser un producto sin conservantes, lo elabora exclusivamente bajo pedido para garantizar su frescura.
Con una sólida formación y la experiencia de haber liderado negocios familiares desde los 21 años tras el fallecimiento de su padre, Carina aplica todo su conocimiento en este proyecto. A pesar del crecimiento, mantiene clara su filosofía: «Mi plan de negocio está en plena expansión, pero no tiene que perder la vieja usanza de lo artesanal. Hoy me considero una emprendedora, no una empresaria. Esta es una microempresa artesanal de productos con flores de lavanda».



































































