Una jornada para reflexionar sobre el presente, reivindicar la preexistencia étnica y territorial, y visibilizar las luchas que continúan en todo el continente.
Hasta el 11 de octubre de 1492, los Pueblos Indígenas habitaban el continente americano en plena libertad, integrados a sus territorios y guiados por una profunda cosmovisión y sabiduría ancestral. La llegada de las expediciones europeas al día siguiente marcó el inicio de un proceso de colonización que despojó a las comunidades de sus tierras e interrumpió abruptamente sus modos de vida ancestrales.
A más de cinco siglos de aquel punto de inflexión, la fecha se consagra como un espacio de memoria, resistencia y afirmación identitaria: el Último Día de Libertad de los Pueblos Originarios de América.
Un presente atravesado por deudas históricas
Lejos de ser un asunto del pasado, las dinámicas de dominación y marginalidad adoptan hoy nuevas formas. La expansión sobre los territorios ancestrales, las decisiones extractivistas tomadas sin la consulta previa, libre e informada, y el desconocimiento sistemático de los derechos consagrados internacionalmente reflejan que la colonización sigue operando en el presente.
Reflexionar sobre este 11 de octubre exige fijar la mirada en el escenario actual y visibilizar las realidades que atraviesan a cientos de comunidades:
-
Preexistencia territorial y legal: Los Pueblos Indígenas preexisten a la formación de los Estados nacionales y poseen el derecho originario sobre las tierras que habitan.
-
Preservación cultural y lingüística: Pese a siglos de invisibilización, las comunidades mantienen vivas sus lenguas, cosmovisiones y prácticas ancestrales, enriqueciendo el patrimonio cultural de toda la región.
-
Autodeterminación y participación: Es urgente pasar del reconocimiento formal en el marco legal a la garantía efectiva de participación e integración en las decisiones que impactan sobre sus vidas y entornos naturales.
Defender el territorio para resguardar el futuro
La sabiduría ancestral de las comunidades originarias no solo resguarda una memoria histórica, sino que aporta claves fundamentales frente a los desafíos globales contemporáneos, como la crisis climática y la pérdida de biodiversidad. La defensa del territorio es, ante todo, la defensa de la vida y del equilibrio con la naturaleza.
Este 11 de octubre convoca a la sociedad civil, a las instituciones y a los Estados a asumir un compromiso activo contra la discriminación y la injusticia estructural, garantizando el pleno respeto a la autodeterminación y a la dignidad de las Naciones Indígenas.






























































