A través de las presidencias de Sarmiento y Avellaneda, el profesor José Alberto Auzmendi analiza la metamorfosis de un país que dejó atrás su etapa heroica y sus guerras civiles. Un recorrido profundo por el impacto del primer censo nacional, la llegada de la inmigración, el tendido del ferrocarril, las crisis económicas y la consolidación de la educación pública como los pilares que forjaron la estructura de la Argentina contemporánea.
HACIA LA ARGENTINA NUEVA : 1868-1880
Introducción
Esta década larga que comprende dos presidencias, señala una transición política: las líneas paralelas interior-federal y Buenos Aires-liberal cesan de existir. El interior se torna liberal y el partido Autonomista se vuelve nacional, y con su conversión al liberalismo, las provincias reconquistan la conducción nacional.
El cambio económico y social
En el plano económico y social el cambio es todavía más intenso, y como los cambios históricos no suelen ser violentos, sus primeros indicios se dan en la presidencia de Mitre; entre las guerras civiles se desarrolla el ferrocarril, mientras la guerra del Paraguay consume a los argentinos y a sus aliados y adversarios, otros hombres, inmigrantes, llegan al país. La Argentina heroica muere y va viendo la luz la Argentina nueva. El censo de 1869 da la primera imagen de un cambio incipiente y el punto de comparación para el futuro. De allí en adelante, la radicación del inmigrante, la lucha contra el analfabetismo, el desarrollo del ferrocarril, el régimen de la tierra, la implantación de nuevas industrias, la aparición de la fábrica, el desarrollo de la agricultura y del campo alambrado, serán notas fundamentales de la metamorfosis de los años de transición.
El censo de 1869 : el punto de partida.
El censo nacional de 1869, el primero desde la Revolución de Mayo, tiene el valor de una radiografía nacional.1.737.000 habitantes de los cuales 495.000 el 28% del total, vivía en la provincia de Buenos Aires. La ciudad tenía 177.000 pobladores y se destacaba con caracteres propios en el conjunto nacional. Sólo otras dos ciudades pasaban los 20.000 habitantes: Córdoba con 28.000 y Rosario con 23.000.
La población extranjera se concentraba en un 48% en Buenos Aires y la campaña aledaña, o sea que contribuía a la concentración de la población en el área de influencia del puerto. El 52% restante se concentraba , principalmente, en Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y Mendoza, quedando el resto del país casi ajeno al movimiento inmigratorio.
El movimiento inmigratorio se había iniciado en menor escala durante la década del 50, había tomado impulso durante la presidencia de Mitre y crecido aún más durante la administración de Sarmiento. La disminución que se registró bajo Avellaneda se debió a la crisis de 1876-1878, pero el impulso estaba dado y, desaparecido el obstáculo, tomó un ritmo creciente desde 1880.
La tierra pública: terratenencia vs. colonización
El problema estuvo ligado al de la inmigración y al desarrollo de la población rural nativa. Más del 75% de la población era rural pero los proyectos acerca de la colonización de tierras generaron fuertes resistencias que provenían de los intereses de los terratenientes y especuladores. Sólo 8.600 propietarios rurales había en el país y muchos de ellos poseían grandes extensiones. Sarmiento durante su presidencia había presentado un proyecto de ley de tierras y colonización, pero fue rechazo en el Congres0, aunque no se dio por vencido. Sostuvo que la tierra era un elemento de trabajo, un capital no despreciable y que por lo tanto debía no exceder una extensión determinada.. Se lanzó entonces a la formación de colonias, de las que Chivilcoy sería modelo. Sarmiento la calificó “el programa del Presidente” y se autodenominó “el caudillo de los gauchos transformados en pacíficos vecinos”. Durante su gobierno y el de Avellaneda se fundaron, sólo en Córdoba y Santa Fe,146 colonias. Su lema “alambren, no sean bárbaros” se hacía realidad.
Sólo en 1877 y tras dos años de debates, logró Avellaneda la sanción de la ley de tierras públicas que trataba también de la inmigración, enlazando ambos problemas. Pero dictada en plena crisis económica, la ley no tuvo aplicación inmediata y la tierra siguió el proceso predominante de su acumulación en pocas manos, facilitado por el uso que hacían los hacendados de las cédulas hipotecarias y luego por los repartos de tierras como premios por la campaña del desierto, pues la mayor parte de los premiados vendieron sus premios.
Agricultura y Ganadería: Hacia el modelo agrario – exportador.
La afluencia de una nueva población rural aumentó el número de propietarios y comenzó el desarrollo agrícola del país. Dejó de importarse trigo y poco después el país se convirtió en exportador de harina. En 1875 los cereales eran el rubro de mayor crecimiento en las cargas del Ferrocarril del Sur, en 1876 se exportaron 7.642 toneladas de maíz a Gran Bretaña y en 1879 se hizo la primera exportación de trigo, lo que Avellaneda consideró el acto capital de su gobierno.
En cuanto a la ganadería, el vacuno había dejado de constituir el eje de la exportación, que se había desplazado hacia los ovinos: 57.500.000 cabezas, 85% de ellas ya mestizadas y con un dato que marca su importancia, en 1880 la lana sucia constituía el 50% de los productos ganaderos exportados. El lanar también entraba en competencia con el vacuno en los saladeros, desplazándolo de su anterior dominio absoluto. La mestización del vacuno era mucho más lenta y en 1880 sobre un total de 13.337.000 cabezas no alcanzaba el 3%. Cuando en 1874 la Sociedad Rural hizo su primera exposición, se exhibieron 71 lanares y 13 vacunos, fiel reflejo de esa asimetría entre esos ganados.
Industria: proteccionismo vs . librecambio.
Hacia el final de la presidencia de Sarmiento se dan los primeros pasos hacia un incipiente desarrollo industrial. En 1874 se producen 200.000 resmas de papel y hay en el país 70.000 máquinas y herramientas lo que supone un aumento respecto de 1868 del 1.200%. Las industrias del vino y del azúcar prosperan al igual que los molinos harineros, las jabonerías, sombrererías y fábricas de ropa. Hacia 1880 estos rubros se amplían con fábricas de fósforos, industria maderera, aceitera, de carruajes, del vidrio y mueblería. En 1875 se crea el Club Industrial, promotor del proteccionismo frente al movimiento librecambista predominante, fomentado por los exportadores.
En este esquema económico, el ferrocarril juega un papel fundamental. A la red ya existente del Ferrocarril al Oeste, se incorpora el Ferrocarril al Sur y el Ferrocarril Central Argentino que unía Rosario con Córdoba y luego con Tucumán .Ambos eran de capital británico. El primero respondía a una necesidad de la campaña bonaerense, la de dar salida a la producción agropecuaria de la provincia. Fue una empresa gananciosa desde el comienzo, bien administrada, además no necesitó de donaciones de tierras adicionales por parte del Estado, cuya garantía cesó en 1875. En cambio, el Ferrocarril Central fue una empresa de fomento nacional, tendiente a facilitar el arraigo de nuevos pobladores a aumentar la producción de la región por él servida. Inicialmente fue una compañía deficitaria que necesitó de la garantía estatal. Los capitales de estas empresas correspondieron en gran porcentaje a inversores de la clase media inglesa.
Los capitales argentinos siguieron prefiriendo la inversión en tierras y se desentendieron de los ferrocarriles. Cuando las compañías trataron de atraerlos, no lograron colocar 5.000 acciones en el país.
Al terminar la presidencia de Avellaneda existían 2.475 km de vías férreas en explotación y otros 381km en construcción. Hacia 1870 aparecen las primeras líneas de tranvías para transporte de pasajeros en la ciudad de Buenos Aires que ofrece otras transformaciones básicas: se construyen con un empréstito las obras sanitarias de la ciudad, se instala el alumbrado a gas y aparecen los primeros edificios de cuatro plantas.
Crisis financiera: “honrar la deuda “.
Buenos Aires deja de ser una ciudad del tipo de las del sur español para adoptar una fisonomía europea, cosmopolita.
Todos estos progresos no se producen sin costos y sobre saltos. Hacia 1873 se comienza a advertir los primeros síntomas de una crisis provocada por el exceso de circulante que produjo una euforia en los negocios y las especulaciones y un alza de los precios.
En 1874 el exceso de la importación condujo a la necesidad de exportar dinero en metálico. El gobierno nacional retiró fuertes sumas del Banco de la Provincia de Buenos Aires para pagar sus obligaciones, el Banco restringió el crédito y esto , unido a las fuertes inversiones especulativas, creó una escasez súbita de circulante, que trajo aparejada la paralización de los negocios, las quiebras, la reducción de la importación y la consiguiente fuerte disminución de las rentas del Estado. Como una buena parte de éstas era destinada al pago de deuda exterior, la posibilidad de una suspensión de pagos amenazó al crédito internacional de la Argentina.
La situación se fue agravando hacia el año 1876, complicada por la inestabilidad política que se prolongó hasta la consolidación del año siguiente. Pero las bases económicas del país no habían sido afectadas por la crisis. El campo continuó aumentando su producción y eso permitió mantener un ritmo de exportación sostenido has la superación de la crisis financiera. En esta ocasión el campo salvó al país. Salvó también a los ferrocarriles, cuyo nivel de ingresos se mantuvo al margen de la crisis.
La acción del gobierno no fue pasiva en la emergencia. Suspendió la convertibilidad de la moneda-papel en metálico para evitar la desaparición de éste. El gobierno realizó fuertes economías, el gasto público descendió de treinta y un millones de pesos en 1873 a menos de veinte millones en 1877 y exhortó a una acción severa a toda la comunidad. Avellaneda se propuso salvar el crédito del país, tan indispensable para el futuro desarrollo, que constituía el programa económico básico de los gobiernos de la época.
La república puede estar dividida en partidos internos; pero tiene un solo honor y un crédito, como sólo tiene un nombre y una bandera ante los pueblos extraños. Hay dos millones de argentinos que economizarán sobre su hambre y sobre su sed, para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros.
Dos ministros de Hacienda de reconocida solvencia, Lucas González y Norberto de la Riestra, y un tercero Victorino de la Plaza fueron los artífices de la recuperación en consonancia con el sector privado. A fines de 1876 se registró una recuperación, que se acentuó en 1877. Hacia 1880 la crisis había sido superada totalmente, el país continuaba en la senda del desarrollo, la deuda pública había disminuido y los bonos argentinos alcanzaban en Londres las máximas cotizaciones.
Educación: educar al soberano.
Entre el progreso económico y el cambio social que se registraba en ese tiempo, el período de 1862-80 es también de los presidentes-escritores. Esta nación conducida por “políticos-literatos” hizo de la educación uno de sus primeros objetivos. El censo de 1869 reveló que el 82% de la población era analfabeta y el 79% no sabía escribir. El nivel cultural de la inmigración era similar, lo que complicaba el problema. Ese era el panorama que encontró Sarmiento al asumir el poder. Había escrito ya Educación popular y Método de lectura gradual, más otro libro sobre la influencia respectiva de la escuela en la formación de los Estados Unidos.
Si bien era un político temperamental, era en el fondo un maestro auténtico por vocación e hizo de la educación una de sus banderas de gobierno.” Educación, nada más que educación para el país” tenía dicho, y al recibir la presidencia dijo: “Es necesario hacer del pobre gaucho un hombre útil a la sociedad. Para eso necesitamos hacer de toda la República una escuela “. No fueron sólo palabras. Recibió el gobierno con 1.082 escuelas y lo dejó con 1.816. El alumnado primario se elevó de 30.000 a 100.000, los maestros pasaron de 1.778 a 2.868. Pero no terminó allí. Era necesario formar debidamente a los maestros y fundó las escuelas normales con ese fin. Destacó la importancia de la mujer en la educación primaria y contrató a 65 maestras de los Estados Unidos, lo que le valió el calificativo de masón y anticatólico por sus opositores. Siguió la línea de Mitre en materia de colegios nacionales aumentando su número y creó las Bibliotecas Populares de las que se habían fundado más de cien cuando dejó la presidencia.
Su brazo derecho en esta obra educacional de proporciones insólitas para ese tiempo, fue su ministro de Instrucción Pública, Nicolás Avellaneda que completó la obra educadora iniciada.
Bajo su administración las escuelas normales llegaron a 15 y los colegios nacionales a 14. En 1880 pudo señalar que las dos terceras partes de los miembros del Congreso habían pasado por las aulas de aquéllos. tiempo, fue su ministro de Instrucción Pública, Nicolás Avellaneda, quien continuaría su tarea al sucederle en la presidencia. Con su ayuda creó la Escuela de Niñas, el Colegio de Sordomudos, el Observatorio Astronómico, la Academia de Ciencias, la Facultad de Ciencias Físicas, el Colegio Militar y la Escuela Naval. Las escuelas primarias también aumentaron y se crearon escuelas de agronomía en Salta, Tucumán y Mendoza, de minas en San Luis, se ampliaron las facultades de la Universidad de Córdoba y se consolidó, en fin, una política educativa..
La actividad científica y cultural alcanzó altos niveles, pero también precisó rasgos intelectuales de la generación del 80. En estos años fueron rectores de la Universidad de Buenos Aires, Vicente Fidel López y Manuel Quintana, ministros de Instrucción Pública Onésimo Leguizamón y Juan María Gutiérrez; Mitre publicó su Historia de San Martín y Vicente Fidel López su Historia de la República Argentina; José Hernández publicó la Vuelta de Martín Fierro, cumbre y cierre del género gauchesco.
Se multiplicaron las revistas científicas y literarias y al lado de los viejos maestros aparecen nombres de una nueva generación: Miguel Cané, Martín G. Merou, Lucio V. López, Eduardo Wilde, Rafael Obligado, Ernesto Quesada, Luis M. Drago, Rodolfo Rivarola.
El ejército: subordinación y profesionalismo.
Sarmiento estaba empeñado en la reforma del ejército. Cuando Mitre llevó a cabo la adecuación práctica de aquél a la guerra moderna en los campos del Paraguay, puso en evidencia la deficiente formación técnica de los oficiales y aún de los jefes, librados casi siempre a su inspiración heroica y a su talento natural. Sarmiento intentó superarlas creando las escuelas especializadas en la materia. Quiso un ejército técnico lo que significaba en su concepto un ejército subordinado, apolítico y disciplinado.
Si bien debía su presidencia al apoyo militar, en 1873 propuso al Congreso una ley para impedir la intervención de los militares en la gestación de candidaturas políticas, ley que no prosperó. Sarmiento había generado esa injerencia al mandar tropas del ejército a las provincias en caso de elecciones o intervenciones. Cuando Sarmiento se apercibió del proceso quiso cortarlo, pero fue infructuoso el intento. Destituyó a Arredondo por hacer propaganda política y negó el ascenso a Mansilla por ejecutar a un desertor sin orden superior. Exigió obediencia completa a los jefes y por la resistencia de éstos destituyó a varios en la guerra contra López Jordán. Y cuando un militar al cual Sarmiento le predicaba el respeto a la autoridad le preguntó si debía obedecer si el presidente le ordenaba cerrar el Congreso, le respondió: “si le ocurre esa desgracia, hágase dar la orden por escrito y después péguese un tiro”.
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El cambio político: consolidar el principio de autoridad.
Urquiza y Mitre habían sido jefes de Estado y a la vez cabezas de los dos principales partidos de la República. Sarmiento en cambio, llegaba a la primera magistratura sin partidos federales y nacionalistas, pero con un vicepresidente (Alsina) que conducía al partido Autonomista.
En cuanto al partido Federal, si bien había decrecido en el interior seguía constituyendo una agrupación respetable. El partido Nacionalista articulaba en el interior con grupos de la elite y en algunos casos se identificaba con la vieja oligarquía provincial. En Buenos Aires, donde había surgido, era considerado el partido de la “gente decente” aunque también tenía el apoyo popular. En cambio, el partido Autonomista tenía apoyo popular, Alsina se consideraba el “tribuno de la plebe”, aunque el núcleo de su fuerza no residía en elementos populares, sino en la pequeña burguesía formada por empleados públicos, comerciantes menores y algunos profesionales. La identificación social de los partidos tenía valor en su época, aunque ambos estaban integrados también por notables.
Sarmiento será un presidente sin partido, pero no sin programa. Ha repetido que quiere gobernar para hacer efectiva su prédica, “Educar al soberano”. Al asumir el mando anunció economías, moralidad administrativa, distribución equitativa de la tierra pública, promover la inmigración al interior para que no se concentre en las costas y colonizar. “Menos gobierno que usted, más gobierno que el general Mitre: he aquí mi programa”, escribe a Urquiza. Otra cuestión importante en su presidencia fue la de consolidar el principio de autoridad, acción no menor en tiempos turbulentos. Esto fue acompañado por un cambio personal en cuanto a su temperamento, había dejado atrás muchos de los odios y pasiones que expuso en el ejercicio de periodismo y la función pública. Ya no desprecia al gauchaje, lo ve como una víctima de la ignorancia y la miseria de su medio: “lo único que posee, que es la vida , pues no un nombre tiene el pueblo anónimo que en la guerra se llama soldado”.
No era fácil la posición de Sarmiento. Se sentía condicionado por la influencia de Alsina, a quien debía su único soporte partidario, y debió enfrentar la actitud del mitrismo cuya consigna fue “voltear el ministerio”. Este cambio también se reflejó con la crítica que se ensañó con su persona, allí también mostró un cambio desde la campaña contra Peñaloza, fue prudente y contemporizó con contrarios, actitud que en determinados momentos salvó su gestión.
Otro hecho importante de su gobierno fue el acerca miento con Urquiza con el cual logró un acuerdo que se materializó con su visita a San José: “Ahora si que me siento presidente” , expresó al fundirse en un abrazo con este, entendiendo que contar con el apoyo político y militar de Urquiza significaba recuperar el papel de árbitro que hizo posible su elección presidencial. Y Mitre, que años antes había enfrentado las peores críticas por dar un paso similar, salió de su papel de opositor para saludar lo que ahora veía como “una presidencia histórica”.
Dos situaciones tratarán de condicionar esta paz: una es el asesinato de Urquiza y la rebelión de López Jordán que provocó la intervención a la provincia y la derrota definitiva de la revolución en mayo de 1873. La otra está referida al “imperio de los Taboada” en Santiago del Estero, sobrino de Ibarra, contra los que se lanzó Sarmiento. Primero desde la pluma y la palabra; lo trata como pretenso gerente de las provincias del norte: “Conozco medianamente su provincia, la tiranía cruel, horrible, estúpida del montonero Ibarra, a quien usted, su sobrino, ha sucedido inmediatamente, como al Dr. Francia han sucedido los López, sus sobrinos, en el Paraguay; sin que nada haya podido romper esas tradiciones de sumisión que dejan los tiranos. Ésta ha sido la herencia de los Taboadas e Ibarras, hombre creados así en el seno de provincias apartadas, acatados por todos los que le temen, llegan casi infaliblemente en un momento dado, que es estrecho el teatro de sus explotaciones, y empiezan a volver la vista en torno suyo para asimilar provincias o territorios al que consideran patrimonio; y entonces Corrientes, Matto Grosso, entran a formar parte de sus Dominios. Esto sucedió ya en el Paraguay-Guazú, e ignoro si aquel Norte de la República es ya el territorio destinado a redondear un bonito Paraguay-Miní”.
Taboada comprendió que no podía hacer frente a Sarmiento, se mantuvo en el poder actuando con moderación y falleció en 1872. Cuando dos años después se produjo la sucesión presidencial, el sistema de los Taboada se había desintegrado y su influencia desapareció.
La sucesión presidencial: hacia la Conciliación.
Hacia 1874 el presidente controlaba todo el país y aseguraba este control con tropas de línea mandadas por jefes fieles. Se plantearon varias candidaturas. La de Alsina, pese a su inconstitucionalidad, promovida por Alem, Pellegrini y otros; la de Mitre, cuya popularidad había renacido a partir de su misión ante el emperador del Brasil, fue propuesto por su partido. Sarmiento no apoyó a ninguna de éstas y promovió la de Nicolás Avellaneda, quien como él era provinciano, que había hecho su carrera política en Buenos Aires. Como él, tampoco Avellaneda tenía un partido que le apoyara pese a su filiación autonomista. Pero Avellaneda a diferencia de Sarmiento, cuenta con el apoyo oficial, además de resultar confiable para el interior.
Hay que tener en cuenta que debemos considerar por un lado la elección de diputados nacionales y por otro la presidencial que es indirecta y por colegio electoral. En el caso de la primera los nacionalistas denunciaron fraude debido a anomalías en los padrones y pidieron la anulación de los comicios. El Congreso optó por proceder a un recuento de votos. Se anularon más de dos mil sufragios por partido con lo que la victoria quedó en manos de los autonomistas por 12.906, contra 12.642 de los nacionalistas.
En cuanto a la elección presidencial la fórmula Avellaneda –Acosta logró 146 electores y la integrada por Mitre-Torrent, 79. La derrota gravitó en el ánimo de los nacionalistas y el 24 de septiembre, José C. Paz publicó en La Prensa el manifiesto revolucionario. Mitre estaba en Montevideo y demoró hasta el 22 de octubre en embarcarse para asumir la jefatura el movimiento. En realidad, Mitre no creía en la revolución: “La peor de las votaciones vale más que la mejor revolución”. Se renegaba al fraude, pero el sabor de la derrota era amargo para los vencidos. Pero el 25 de septiembre se había sublevado el general Arredondo en Mendoza y el general Rivas en Azul. Arredondo ocupó Córdoba y luego volvió hacia Mendoza donde derrotó a los oficialistas. El gobierno encomendó la represión al coronel Julio A. Roca en el centro del país y al teniente coronel Arias en Buenos Aires. Mientras Mitre realizaba un amplio periplo y se reunía con Rivas para asediar la capital, Arias se trasladó a Mercedes en ferrocarril y se atrincheró en la estancia La Verde con sus 800 hombres armados con fusiles y contuvo a los nacionalistas. El 2 de diciembre Mitre capituló en Junín. Por otra parte Roca avanzó sobre Mendoza y en Santa Rosa el 7 de diciembre derrotó a Arredondo.
Avellaneda asumió el gobierno en medio de la revolución, pero vencida pidió al Congreso una ley de amnistía. Iniciaba así la primera faz de la política de conciliación. No solo la política, sino la salud económica de la nación la necesitaba.
La idea de la conciliación se abrió paso trabajosamente. En los partidos se alineaban alas intransigentes. La Elección del nuevo gobernador fue la ocasión decisiva. . Alsina y Mitre impusieron una fórmula mixta. La fórmula final, que triunfó, llevó al autonomista Carlos Tejedor para la gobernación y al nacionalista Félix Frías para vice. El sector de Del Valle y Alem repudió el acuerdo y se separó del partido fundando otro con el nombre de Republicano. En el nacionalismo ocurrió lo mismo con Jesé C,.Paz y Estanislao Ceballos pero sin lograr muchos adherentes. La conciliación había triunfado y Avellaneda, que siempre había manifestado su antipersonalismo, inauguraba el primer gobierno con un sistema bipartidista.
En este panorama la muerte de Alsina, en diciembre de 1877, fue un fuerte impacto político. Le sucedió el general Julio A. Roca en el Ministerio de Guerra. Los autonomistas conciliados y los nacionalistas reconstruyeron el viejo partido liberal, de donde habían nacido las dos fuerzas. El partido Republicano se desintegró.
En septiembre de 1878, el general Gainza, convocó a una reunión para reconstruir el partido Autonomista. Concurrieron Sarmiento, Pellegrini, Sáenz Peña , Irigoyen, Rocha, Alem, del Valle entre otros. Sarmiento denominó a la reunión Partido Autonomista Nacional. Este partido iba a ser el punto de apoyo al general Roca en Buenos Aires y la estructura complementada por la Liga de Gobernadores. Estó marcó el fin de la política de conciliación.
La tarea política y administrativa de este período terminará con la realización de tres cuestiones significativas que estaban pendientes: la conquista del desierto, la cuestión limítrofe con Chile y la paz con Paraguay.
Al amigo lector : con estas entregas que comenzaron en mayo de 2024 , precisamente abordando el tema de la revolución y los primeros gobiernos patrios, la guerra por la independencia y las guerras civiles, se cierra la etapa de la Argentina heroica , dando paso a la etapa de la Argentina nueva. Ese será el punto de partida para las próximas entregas y es mi anhelo poder compartir con ustedes este recorrido histórico.
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Repositorio propio.


































































