El conflicto en Medio Oriente, la negociación comercial entre EE.UU. y China y nuevas normas de biocombustibles en Estados Unidos generan un escenario alcista para la soja y presionan cambios en la siembra global. En Argentina, la cosecha avanza con buenos rindes, pero la dinámica de precios difiere entre cultivos. El análisis de Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
Rosario, Santa Fe; 30 de marzo de 2026 – Las definiciones políticas a escala global están marcando el pulso del mercado de granos. El conflicto en Medio Oriente elevó el costo de la energía y de los fertilizantes -con subas de hasta el 40% en nitrogenados-, mientras que la posibilidad de una extensión del acuerdo comercial entre Estados Unidos y China en mayo suma expectativas de mayor demanda. A esto se agregan nuevas normas de biocombustibles en EE.UU., interpretadas por el mercado como alcistas para la soja.
En este contexto, los productores norteamericanos se preparan para iniciar la siembra de maíz y soja, con un cambio de área que ya se anticipa significativo. El 31 de marzo, el USDA publica su reporte oficial de intención de siembra, aunque los datos podrían no reflejar plenamente el impacto reciente del encarecimiento de fertilizantes.
“Estamos viendo un escenario donde los altos costos de insumos, especialmente fertilizantes, están empujando a los productores a volcarse hacia la soja, que requiere menor inversión relativa”, afirma Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
A nivel global, también se observa una posible migración adicional de superficie desde cereales hacia oleaginosas, tanto en Estados Unidos como en Europa. “Si a esto le sumamos la expectativa de una recomposición en la relación comercial entre EE.UU. y China, el incentivo para sembrar soja es aún mayor”, agrega Romano.
Otro factor clave es la reciente promulgación de normas de biocombustibles en Estados Unidos, que fijan objetivos récord de mezcla por más de 26 mil millones de galones para 2026, por encima de los 24 mil millones inicialmente propuestos. El mercado interpreta que el corte efectivo será superior al esperado, impulsando la demanda de aceite de soja.
El contexto energético refuerza esta tendencia. El precio del petróleo Brent sube 5% en la última semana hasta USD 114,5, en un escenario de alta volatilidad marcado por el conflicto con Irán. En paralelo, el etanol avanza 2% y el biodiesel casi 5%, mientras que la urea sube 7% en su valor FOB Medio Oriente. A esto se suma que Rusia mantiene restringidas sus exportaciones de nitrato de amonio hasta el 21 de abril.
“Todo esto genera una presión alcista indirecta sobre los granos, porque incrementa los costos de producción y condiciona las decisiones de siembra”, sostiene Romano.
La soja encuentra soporte en varios frentes. Por un lado, la expectativa de que EE.UU. y China retomen negociaciones comerciales en mayo abre la puerta a mayores compras del gigante asiático. Por otro, las nuevas metas de biocombustibles en EE.UU. refuerzan la demanda. En este escenario, el mercado espera que la superficie sembrada con soja en Estados Unidos aumente en al menos 1,5 millones de hectáreas, aunque podría ser más.
En Brasil, la producción alcanzaría un récord de 184,7 millones de toneladas, mientras que en Argentina la Bolsa de Cereales mantiene su estimación en 48,5 millones de toneladas, con mejoras en la condición de los cultivos. Sin embargo, la generalización de la cosecha podría generar presión bajista en los precios en el corto plazo.
“Hay una combinación de factores muy potente: demanda potencial firme, políticas públicas favorables y costos relativos más bajos frente a otros cultivos”, explica Romano.
El maíz, en cambio, enfrenta un panorama más desafiante en el hemisferio norte por el impacto de los fertilizantes, lo que podría reducir el área sembrada en más de 2 millones de hectáreas. En Argentina, sin embargo, la cosecha avanza a buen ritmo, con un progreso del 16,5% y rindes promedio de 84,8 qq/ha, superando ampliamente los del año pasado. La producción se mantiene proyectada en 57 millones de toneladas, mientras que los embarques alcanzan un récord de 2,97 millones de toneladas.
En trigo, las perspectivas globales apuntan a una menor producción. Estados Unidos podría registrar su menor superficie de trigo de primavera desde la década del ’70, mientras que la Unión Europea proyecta una caída de 8 millones de toneladas en la campaña 2026/27.
“El trigo también está sintiendo el impacto de los fertilizantes, lo que limita la intención de siembra y ajusta la oferta esperada”, indica Romano.
En el plano local, el mercado muestra cierta firmeza, con precios que rondan los USD 185 por tonelada en disponible y USD 220 para diciembre, aunque aún queda un volumen importante sin precio fijado y una elevada proporción de trigo de calidad forrajera.
La dinámica entre cultivos también empieza a jugar su propio partido. La cosecha de maíz avanza con buenos rindes pero de forma intermitente por lluvias, mientras que la soja -más sensible a las condiciones climáticas- concentrará la atención de los productores en las próximas semanas.
“Cuando la cosecha de soja se generaliza, suele haber presión sobre sus precios, mientras que el maíz puede afirmarse si los embarques se ven demorados”, concluye Romano.
En paralelo, medidas locales como la ampliación del corte de biodiesel en gasoil del 7% al 20% y el aumento del bioetanol en naftas hasta el 15% aportan un soporte adicional a la demanda interna de granos.
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Fuente: Universidad Austral
































































