Este 8 de enero se cumple el vigésimo aniversario del trágico fallecimiento del ídolo de Banfield. El mundo del fútbol argentino rinde homenaje al último gran exponente del potrero en una fecha que marca el paso del hombre a la leyenda.
Hay jugadores que ganan títulos y otros que ganan la eternidad. José Luis “Garrafa” Sánchez pertenece a la segunda estirpe. Al cumplirse exactamente dos décadas de su partida física, el recuerdo de sus gambetas desafiantes y su desprecio por las tácticas rígidas sigue más vivo que nunca en el Florencio Sola y en cada rincón donde se respire fútbol auténtico.
El origen del mito
Nacido en Laferrere y forjado en el ascenso profundo, Sánchez no solo heredó el apodo de su padre (quien repartía garrafas de gas), sino también la cultura del esfuerzo y la picardía de la calle. Su trayectoria comenzó en Laferrere, donde rápidamente demostró que su zurda no pertenecía a las categorías menores, sino a las vitrinas del fútbol lírico.
Tras un exitoso paso por El Porvenir, donde alcanzó el ascenso a la B Nacional, y una breve pero recordada experiencia en el Bella Vista de Uruguay, el destino lo uniría definitivamente con su lugar en el mundo: el Club Atlético Banfield.
La consagración en el Taladro
En el año 2000, «Garrafa» llegó a un Banfield que buscaba su identidad. Bajo su conducción, el equipo no solo logró el ascenso a Primera División en 2001, sino que se convirtió en una de las sensaciones del fútbol local.
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Liderazgo técnico: Sánchez fue el eje de un equipo histórico, llevando a Banfield a competir en escenarios internacionales como la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana.
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El estilo: Su juego se caracterizaba por la pausa, la asistencia milimétrica y esa capacidad única de «pisar» la pelota frente a cualquier rival, sin importar la jerarquía del estadio.
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El ídolo humano: Siempre prefirió la cercanía con la gente y el asado con amigos antes que las luces del marketing, lo que cimentó un romance inquebrantable con la hinchada del «Taladro».
Dos décadas de un legado que no se apaga
El 8 de enero de 2006, un accidente en su motocicleta en la localidad de Laferrere apagó su vida a los 31 años. Hoy, a 20 años de aquel día, su nombre bautiza tribunas y su rostro decora murales en todo el sur del Gran Buenos Aires.
José Luis Sánchez no fue solo un futbolista; fue la prueba de que se puede llegar a la élite sin perder la esencia. En este 20° aniversario, el fútbol argentino se detiene una vez más para decir: “Garrafa no se fue, Garrafa está en la cancha”.



































































