San Martín de los Andes volvió a ser el epicentro del trail running mundial con la 16° edición del Patagonia Run Mountain Hardwear. En un marco imponente, con más de 6.000 corredores desafiando el terreno técnico del Parque Nacional Lanín, el grupo Running Sierra completó una actuación histórica que es el resultado de meses de disciplina, madrugones y entrenamiento invisible en nuestra Sierra de la Ventana.
Detrás de cada medalla colgada en el pecho, hay un proceso que empezó mucho antes de la largada. Fueron meses de acumular desnivel, de cuidar la nutrición y de fortalecer la cabeza para aguantar cuando las piernas dicen basta.
Nuestros finishers y sus desafíos:
10k Mirta Rodríguez completó la distancia con una solvencia envidiable. Un circuito explosivo con unos 600m de desnivel positivo que exige ritmo y agilidad.
21k (Media Maratón): Juliana Capelli y Natalia Torqui le pusieron el cuerpo a una de las distancias más competitivas, enfrentando aproximadamente 1.400m D+. Una prueba técnica que no da respiro.
42k (Maratón de Montaña): El trío de acero conformado por Macarena Fernández, Griselda Castillo y Laura Anzelotti devoró los senderos. Esta distancia exigió gestionar casi 2.500m de desnivel entre bosques y filos técnicos.
70k (Ultra Trail): El plato fuerte de la resistencia. Francisco Aramberri y Juan Rosas se midieron contra la ultra distancia y un desnivel brutal de 4.300m D+. Una verdadera batalla de estrategia y control de pulso, superando tramos durísimos que pusieron a prueba todo el trabajo previo.
Escenarios de Leyenda y la Fuerza del Aliento:
La carrera se definió en terrenos implacables. El ascenso al Cerro Colorado, el técnico y exigente Quilánlahue, y el imponente Centinela fueron los escenarios principales donde los corredores de Running Sierra demostraron su temple. Con mañanas frescas y tramos de filos donde el viento no perdona, transitaron bosques milenarios de lengas y araucarias en el corazón del Parque Nacional.
Pero la verdadera energía no vino solo de las piernas. Un capítulo aparte merece el agradecimiento infinito a toda la «hinchada»: a los compañeros de grupo, amigos y familiares que estuvieron bancando a full. Tanto a los que viajaron para estar ahí en cada PC y en la llegada, como a los que a la distancia inundaron los celulares con mensajes de apoyo. Ese aliento, ese «¡vamos!» cuando más duele, fue un pilar fundamental para cruzar la meta.
»No se trata solo de los kilómetros recorridos el día de la carrera, sino de la constancia de todos estos meses. Ver a los chicos cruzar la meta con esa fuerza en las piernas es la confirmación de que el trabajo bien hecho siempre paga. Y saber que tenemos atrás a todo este grupo maravilloso nos da el empujón final que necesitamos.»
Running Sierra sigue creciendo, no solo en kilómetros, sino en calidad humana y deportiva. ¡A recuperar esas piernas que esto recién empieza!


























































