La Ética, según la psicoanalista bahiense Silvia Bleichmar, se basa en el principio del semejante. Es la forma con la que uno enfrenta sus responsabilidades con el otro. La ética es el otro. No está ligada a la legislación, sino a una mirada universal de quienes nos rodean.
En este sentido Bleichmar lo explica con el hecho de que lo que yo hago, tiene que ser bueno para mí, pero también para el otro.
La tragedia en Pinamar, que afectó a un menor, quien está en situación crítica por el tránsito de una UTV y una 4×4 en los médanos, no solo es una infracción flagante a la legislación que prohíbe esas acciones, sino que además muestra una indiferencia al riesgo al que se expone a los otros, todos los días.
Esa indiferencia, que es una forma de crueldad, se hace más profunda cuando a los días siguientes se pudo ver en los noticieros que otros/as infraganti continuaron sus maniobras peligrosas sin compasión siquiera por el niño internado.
¿Qué nos pasó que ya ni nos conmueve el sufrimiento de un niño?
En la localidad de Pehuen Co, al Sudoeste de la Provincia de Buenos Aires, también sufrimos esas escenas todos los días, en algunas playas. Motos haciendo picadas (aunque individuales, yendo a velocidad por la playa), cuatriciclos y UTV, practicando piruetas en dos ruedas entre la gente y circulando en los médanos (por donde bajan los bañistas), niños manejando estos vehículos, sin siquiera los elementos mínimos de seguridad.
Vivimos en una cultura donde el derecho al goce individual se ha vuelto un valor absoluto incluso por encima de la integridad física propia y de los/as otros/as. Algunos cuidan a sus propios hijos pero son capaces de arriesgar la vida del hijo de otro, pasando a velocidad por las playas entre la gente. Esa empatía selectiva no es ética.
No se trata de tener los papeles al día y cumplir con determinados requisitos legales sino de la responsabilidad hacia el dolor ajeno. Si un accidente en la arena ya no nos detiene, si el sufrimiento de un semejante no altera nuestro plan de vacaciones, es porque hemos dejado de ser una comunidad para convertirnos en una suma de egoísmos motorizados.
Lo cierto también es que ese otro, al que somos indiferentes, es la naturaleza. No es casualidad que la falta de empatía hacia el dolor ajeno coincida con la depredación de nuestro entorno.
Si no podemos respetar la fragilidad de un semejante menos vamos a ser capaces de respetar a la naturaleza, el soporte de nuestra vida y de la vida de otras especies. La arena, la vegetación y el mar son ese «otro» que no tiene voz para quejarse, pero que también sufre las consecuencias de este narcisismo. Los médanos y su biodiversidad están agonizando.
Cuando un cuatriciclo arrasa un médano, está destruyendo una defensa natural que llevó siglos formarse. La duna también es una frontera ética, donde la diversión de unas horas vale más que el futuro del ecosistema y también de la seguridad de ese niño en Pinamar.
El origen de la crisis ambiental y la crisis ética es el mismo: la indiferencia ante el otro. El que cree que puede salvarse solo en un cuatriciclo de lujo, ignorando el daño al ecosistema, es el mismo que luego acelera frente a una familia.
No es solo un problema de tránsito, aunque también, o la falta de inspectores, aunque son necesarios, se trata de un síntoma de nuestra sociedad. Estamos conviviendo con una ética de la crueldad. No podemos dejar que avance.
La ética ambiental y la ética humana son dos caras de la misma moneda: la de la responsabilidad, que es de todos.
Además de los controles policiales debemos recuperar la capacidad de ser afectados por el otro y el ambiente con su biodiversidad, a un punto que nos permita actuar contra quienes alteran nuestro espacio y arriesgan nuestras vidas. Denunciar, no otorgar licencia social, resistirse.
Debemos entender que el médano no es una pista de carreras y el desconocido no es un obstáculo en nuestro camino. Solo cuando el bienestar del suelo que nos sostiene y del que está al lado, sea tan importante como el nuestro, habremos comprendido que “la ética no es un permiso que se otorga, sino una forma de humanidad que se ejerce” (Bleichman).
Y porque al final cuando la naturaleza está herida y el otro sufre, la única ley que sobrevive es la de la barbarie.
El tránsito de cuatriciclos, triciclos y UTV está vedada en la vía pública de todos los municipios de la Provincia de Buenos Aires, salvo en los corredores seguros autorizados por cada jurisdicción (Ley Provincial 15.002/18, modificatoria de la ley de tránsito).
Los médanos están protegidos por el Decreto provincial 3202/06 prohibiendo la construcción sobre ellos, y la ordenanza 3973/20 (Municipalidad de Coronel Rosales) y sus modificatorias, prohíbe el tránsito vehicular sobre los médanos de Pehuen Co (Art. 12).
Lic. Patricia González
Educadora Ambiental- Trabajadora de ANP
Diplomada Superior en Pedagogía de las diferencias
Postitulada en Educación Superior
Presidente de Sílice ong 14.8


































































