En el cierre de un marzo conmemorativo, la referente e hija de desaparecidos invita a reflexionar sobre el impacto estructural del genocidio en la sociedad argentina. Frente a la crisis de los partidos políticos y el avance de discursos violentos, propone fortalecer la cultura y los vínculos solidarios como herramientas de resistencia democrática.
En el cierre de un marzo marcado por la intensidad de las conmemoraciones a 50 años del golpe, la hija de desaparecidos, Laura García Vazquez, brindará una «mateada por la memoria y el futuro». Propone un análisis sobre cómo el genocidio transformó a la sociedad argentina y la importancia de contraponer cultura y vínculos sólidos frente a los discursos de violencia actuales.
El calendario de marzo llega a su fin, pero las reflexiones sobre el pasado reciente de Argentina cobran una vigencia renovada. Laura García Vázquez compartirá un espacio de diálogo en las instalaciones de la Biblioteca Mariano Moreno, bajo la premisa de que el ejercicio de recordar es una herramienta de construcción presente. «50 años es una cifra como para poder analizar y reflexionar. La memoria sirve para construir quiénes somos; sin saber de dónde venimos, es difícil saber a dónde vamos», expresó.
Para García Vázquez, la dimensión del terrorismo de Estado trasciende los números y se mide en el impacto estructural que dejó en el país. «El genocidio no se dimensiona en una cifra, se dimensiona en el daño y en el cambio que produce en una sociedad. Ese era el objetivo, y con los cambios de décadas sigue afectando», analizó, vinculando los métodos de la dictadura con la posterior aparición de políticas neoliberales. Por ello, insiste en una mirada proactiva: «Insistimos en una memoria no nostalgiosa, sino una memoria para construir futuro. Ni negar a los jóvenes ni a la gente mayor».
Durante sus recientes encuentros con niños y adolescentes, Laura compartió lo impactante que resultó para su generación crecer bajo gobiernos de facto. «Cuando empiezo a tener conciencia vivíamos en dictadura, el dictador era Lanusse. Lo que para mí es bastante impresionante es que no había nada alrededor mío que me hiciera sentir que estábamos en dictadura; era algo absolutamente naturalizado», relató, marcando el contraste con los valores democráticos actuales.
Sin embargo, la referente no esquivó la mirada crítica sobre el presente de las instituciones. «Desde el 83 hasta ahora tenemos una democracia formal, pero estamos viviendo una profunda crisis con respecto a los partidos políticos, lo cual hace que se voten cosas tan peligrosas», advirtió. Según su visión, los discursos violentos que emergen en la esfera pública operan directamente sobre el tejido social, y la respuesta debe ser cultural: «Lo único que queda es contraponer otro tipo de cultura, de vínculos, de instituciones y sin dejar de lado la política. La historia no se queda quieta nunca».
La charla de esta tarde pretende ser un punto de unión entre diferentes generaciones de militancia y vecinos interesados en la historia local y nacional. «Hacía rato no veía un marzo tan intenso. Ojalá podamos mantener esta energía de solidaridad, unión y organización», concluyó García Vázquez, invitando a la comunidad a participar de la mateada.


































































