Al cumplirse un nuevo aniversario de su nacimiento, recordamos al fundador de la Unión Cívica Radical y defensor incansable de la ética pública y el sufragio libre.
Un 15 de enero de 1842 nacía Leandro Nicéforo Alem, una de las figuras más influyentes y enigmáticas de la historia política argentina. Abogado, legislador y combatiente en la Guerra del Paraguay, Alem trascendió su tiempo no solo por su oratoria encendida, sino por liderar la lucha contra el régimen del «fraude patriótico» y por sentar las bases de la democracia moderna en el país.
Su vida política estuvo marcada por la intransigencia ética. Fue el principal motor de la Revolución del Parque en 1890, un levantamiento que, si bien no logró el poder inmediato, provocó la renuncia del presidente Miguel Juárez Celman y dio nacimiento a la Unión Cívica Radical (UCR). Alem sostenía que la política no debía ser un negocio de élites, sino un ejercicio de civismo donde «el pueblo sea el que gobierne y no los círculos».
Alem es recordado por su integridad personal y su trágico final en 1896, dejando tras de sí un testamento político que aún resuena en las instituciones argentinas: «Que se rompa pero que no se doble». Esta frase se convirtió en el lema de quienes ven en la política una actividad de principios innegociables por sobre las conveniencias del momento.
Hoy, su figura sigue siendo un símbolo de la lucha por la transparencia y el voto universal. En un nuevo aniversario de su natalicio, su legado invita a reflexionar sobre la importancia de la participación ciudadana y la honestidad en el ejercicio de la función pública, pilares fundamentales para la salud de nuestra República.

































































