El conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel volvió a sacudir a los mercados internacionales. El petróleo se disparó y contagió a los biocombustibles y a los granos, mientras China vuelve al mercado con rumores de compras de soja estadounidense.
En la Argentina, la posibilidad de una baja en derechos de exportación impulsó operaciones y llevó a la soja a la zona de USD 330 por tonelada.
Rosario, Santa Fe; 2 de marzo de 2026 – El estallido del conflicto bélico en Irán, tras un ataque coordinado de Estados Unidos e Israel y la posterior respuesta de Irán, generó un nuevo foco de volatilidad en los mercados internacionales. La inestabilidad geopolítica impulsó al alza al petróleo y, por contagio a través de los biocombustibles, también a los precios del maíz y la soja. Sin embargo, el mercado que suele reaccionar con mayor intensidad ante este tipo de conflictos es el trigo, por su fuerte vínculo con el consumo humano y el alto nivel de comercio internacional, especialmente con compradores ubicados en la región.
“Los conflictos geopolíticos suelen generar subas iniciales y mucha volatilidad, pero en eventos recientes los valores volvieron rápidamente a los niveles previos”, explica Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
En paralelo, el regreso de China al mercado tras el Año Nuevo Lunar reactivó rumores de compras de soja en Estados Unidos. De confirmarse, el país asiático podría ampliar en unas 8 millones de toneladas su compromiso de importaciones desde ese origen.
“Esto resulta alcista para Chicago, pero al mismo tiempo podría presionar a la baja las primas de exportación en Sudamérica, por lo que el efecto para nuestra región sería neutro a negativo”, señala Romano.
Los fondos especulativos también jugaron un papel relevante: habían comprado cerca de 10 millones de toneladas tras el anuncio inicial, otras 5 millones la semana siguiente y 1 millón adicional según el último reporte. “La posición de los especuladores se publica los viernes con corte al martes anterior, por lo que será un buen termómetro para medir la reacción del mercado”, indica.
En Sudamérica, Brasil apunta a una producción de soja cercana a los 180 millones de toneladas, un factor bajista para los precios. Por ahora, el avance de cosecha ronda el 30% y muestra un atraso de nueve puntos frente al año pasado, acompañado por demoras logísticas que ayudan a moderar la presión sobre el mercado.
Aun así, Romano advierte: “Más tarde o más temprano esa soja brasileña va a entrar al mercado, y si las compras de China no aparecen con fuerza, el impacto bajista podría hacerse sentir”.
Un factor positivo para los precios, especialmente para Argentina, proviene del mercado energético estadounidense. El gobierno de Estados Unidos estaría evaluando exigir a grandes refinerías que compensen el 50% de los incumplimientos permitidos previamente a refinerías más pequeñas.
“Si bien la suba del aceite en Chicago no se traslada totalmente a nuestro país, la capacidad de pago de la industria mejora y eso es una señal positiva para los precios locales”, explica Romano.
En el plano doméstico, el mercado reaccionó con fuerza a rumores sobre una posible baja en los derechos de exportación. Con una alícuota del 24% para la soja, la expectativa generó una ola de compras que llevó las cotizaciones a la zona de USD 330 por tonelada, con alta volatilidad según la intensidad de los rumores.
En cuanto a la producción local, todo indica que Argentina se encamina a una buena cosecha. Las lluvias volvieron a gran parte del área agrícola y se espera que continúen, lo que sostiene el potencial de rendimiento. Solo preocupa el sudeste, donde persiste la falta de precipitaciones. En el NEA, la humedad del suelo cayó rápidamente, aunque los pronósticos de lluvias permitirían sostener el potencial productivo.
Para el maíz, el mercado mundial atraviesa un ciclo de amplia oferta, aunque con compradores activos. “Los precios encontraron un nivel donde despiertan la demanda, y eso está sosteniendo el mercado”, afirma Romano.
De cara al mediano plazo, la safrinha brasileña promete ser voluminosa, aunque actualmente muestra demoras en la siembra. También influirá la menor intención de siembra en Estados Unidos, aunque otros países, como Ucrania, podrían aumentar su producción.
En Argentina, la cosecha de maíz avanza cerca del 4%, aunque con rendimientos por debajo de los registrados a igual fecha del año pasado. El progreso más marcado se observa en Entre Ríos, donde se confirmaban problemas productivos, y en el norte de Santa Fe, donde los rindes mejoraron. Sin embargo, el inicio de la trilla en el núcleo norte preocupa, con rendimientos alrededor de 20% inferiores al ciclo anterior.
“Los productores están vendiendo más maíz que soja, y con el ingreso de la cosecha la presión de oferta empuja los precios con descarga a la baja”, señala Romano. No obstante, las lluvias previstas podrían moderar este efecto.
Respecto de los derechos de exportación, el impacto potencial en maíz sería menor. “Con una alícuota del 8%, una reducción parcial no generaría cambios demasiado significativos”, detalla.
Finalmente, el trigo mostró subas impulsadas por el escenario geopolítico. Existen algunas dudas sobre la cosecha del hemisferio norte, aunque recién en abril se podrá tener un panorama más claro.
“Esta volatilidad abre una ventana para vender trigo disponible. Si el impacto del conflicto en los precios es transitorio, como ocurrió en otros episodios, podría tratarse de una buena oportunidad comercial”, concluye Romano.
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