Un equipo de especialistas en conservación de fauna inició una nueva etapa en el seguimiento del tordo amarillo, una de las aves más amenazadas de la Argentina, mediante la colocación de transmisores GPS en ejemplares adultos. El objetivo es conocer en detalle sus movimientos y reforzar las estrategias para evitar su extinción.
Con una población estimada en menos de mil individuos en todo el país, el tordo amarillo (Xanthopsar flavus), declarado Monumento Natural en la provincia de Entre Ríos, enfrenta un escenario crítico. La expansión agrícola y forestal redujo y fragmentó drásticamente su hábitat natural en los pastizales del noreste argentino.
A estas presiones se suman otras amenazas: el parasitismo de cría por parte de otras especies, el tráfico ilegal de fauna silvestre y la elevada depredación de huevos y pichones. Todo este combo pone a la especie en una situación de urgencia que exige acciones coordinadas y de largo plazo.
Trabajo de campo y “Guardianes de Colonia”
Desde 2015, cada primavera se pone en marcha un operativo de campo que reúne a observadores de aves, investigadores, voluntarios, autoridades locales y técnicos especializados. La primera tarea consiste en localizar las colonias de nidificación del tordo amarillo en distintas zonas de la región.
Una vez identificados los sitios donde se concentran los nidos, se instalan campamentos cercanos desde los que operan los llamados “Guardianes de Colonia”. Este grupo, integrado por técnicos y voluntarios, permanece en el lugar durante todo el período reproductivo para vigilar los nidos, registrar su evolución y actuar ante posibles amenazas.
El monitoreo permanente permite detectar situaciones de riesgo, como la presencia de depredadores, modificaciones del ambiente o actividades humanas que puedan afectar el éxito reproductivo. Además, aporta datos valiosos sobre comportamiento, tasas de supervivencia y productividad de la especie.
Transmisores GPS para seguir sus movimientos
La campaña más reciente, desarrollada en el departamento de Gualeguaychú, marcó un antes y un después para el proyecto: 25 tordos amarillos adultos fueron equipados con transmisores GPS de última generación. Cada dispositivo pesa menos de dos gramos, por lo que no altera el comportamiento ni el bienestar de las aves.
Estos equipos permiten obtener coordenadas precisas de los desplazamientos diarios de los ejemplares. La información generada es clave para despejar una de las grandes incógnitas que aún persisten: los movimientos que realizan los tordos una vez finalizada la temporada reproductiva, especialmente durante el invierno.
- Identificación de áreas de refugio invernales.
- Detección de usos específicos del hábitat, como sitios de alimentación y descanso.
- Definición de corredores de movimiento y zonas de conectividad.
- Priorización de áreas críticas para la conservación y manejo.
Con estos datos, los equipos técnicos podrán orientar mejor las acciones de protección, focalizar campañas en sitios estratégicos y diseñar políticas públicas que contemplen las necesidades de la especie.
Participación ciudadana y red de instituciones
La recuperación del tordo amarillo no depende solo del trabajo científico. Los responsables del proyecto subrayan que el compromiso ciudadano es fundamental. Por eso, se invita a que cualquier persona que observe un tordo amarillo, especialmente en provincias del noreste y litoral, realice el aviso a las organizaciones involucradas.
“Cada avistamiento suma información que complementa el seguimiento de los ejemplares marcados y fortalece el monitoreo a largo plazo”, destacan desde el equipo de conservación.
Actualmente, la iniciativa articula a Aves Argentinas, el Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL-CONICET), el municipio de Gualeguaychú y distintas organizaciones locales y grupos de voluntarios. Esta red de trabajo se consolidó desde 2015, cuando Aves Argentinas y el Laboratorio de Biología de la Conservación del CECOAL pusieron en marcha un programa específico para preservar al tordo amarillo, símbolo de los pastizales naturales del noreste argentino.
El avance de tecnologías como los transmisores GPS, sumado al compromiso de instituciones y ciudadanía, abre una ventana de esperanza para una de las aves más emblemáticas y amenazadas del país.
Fuente: Diario Norte































































