“…probemos con nuestros hechos qué al ingresar nuevamente a la gran familia argentina, lo hacemos con nuestra bandera, con nuestros hombres, con los mismos principios que hemos sostenido por el espacio de siete años” (Arenga de Mitre en una Orden del Día al “Ejército de la Capital” días después del pacto.
Palabras clave: Confederación; Urquiza; Derqui; Buenos Aires; Mitre.
La presidencia de Derqui
La sucesión del General Urquiza en la presidencia dio origen a la primera campaña política por una elección presidencial, qué conforme al estilo de la época, se desarrolló en el ámbito reducido de los “notables”. Ya al promediar el año 1858 comenzaron a barajarse nombres de candidatos. La estructura constitucional era tan reciente y la tradición tan fuerte que muchos propiciaron, contra la prohibición constitucional, la reelección de Urquiza o la nominación del vicepresidente del Carril. Cuando ambos rechazaron estas sugestiones, quedaron dos nombres en pie: el doctor Santiago Derqui, ministro del Interior y el doctor Mariano Fragueiro, ex ministro nacional y entonces gobernador de Córdoba. Derqui representaba el federalismo oficialista, en tanto que Fragueiro representaba el ala liberal y moderada del partido. Los partidarios del doctor Salvador María del Carril propiciaron la fórmula Fragueiro-Marcos Paz; en cuanto a Urquiza, guardó silencio y no apoyó a nadie, lo que no dejó de molestar a Derqui.
Producidas las elecciones, siguiendo el sistema de electores o sea indirecto, establecido en la Constitución Nacional; Derqui obtuvo 72 votos contra 47 de Fragueiro. Para vicepresidente Marcos Paz logró 49 votos, Pedernera 45, Virasoro 17 y Pujol 12. El Congreso decidió sobre el segundo término de la fórmula dándole el triunfo al general Pedernera, de San Luis y del ala oficialista, en desmedro de Marcos Paz, cuyo sector era minoritario en el Congreso.
Derqui llegó a la presidencia condicionado más allá de la lucha electoral. Urquiza, su predecesor, seguía siendo el jefe del partido Federal y la primera figura en prestigio e influencia de toda la Confederación, ademas de ser gobernador recién electo de Entre Ríos. En consecuencia, a él pertenecía el poder efectivo, en tanto que al presidente sólo le quedaba el poder formal. La designación de Urquiza como general en jefe del ejército y de su yerno, Benjamín Victorica como ministro de Guerra, demostraron la dependencia del Presidente.
Derqui buscará una alianza con los liberales a partir de los contactos con Mitre y con federales moderados que eran reacios a las directivas emitidas desde el palacio San José. Dentro de este contexto se da su decisión de gobernar con el partido Liberal y darle mayoría parlamentaria y designa a Norberto de la Riestra, ministro de Hacienda. El partido Federal, con excepción de los más allegados al presidente, vio con temor esta maniobra y cerró filas en torno a Urquiza que guardaba un prudente silencio.
Mitre gobernador de Buenos Aires
Casi al mismo tiempo que Derqui asumía la presidencia, el general Mitre se hacía cargo de la gobernación de Buenos Aires para cumplir el Pacto de Unión Nacional. Jefe del ala nacionalista del partido, Mitre realizó una tarea destinada a convencer a unos y contener a otros, reduciendo al mínimo las divergencias y dando muestras de gran elasticidad política. Los dirigentes trabajaban en función de una base electoral reducida, eran elaboradores de opinión y “conductores de cuadros”. La organización partidaria consistía básicamente en una alianza más o menos circunstancial entre personas de ideas afines para realizar algún propósito común. La clave de cada partido estaba en el o los notables que lo integraban. De estos surgían las ideas rectoras y los planes de acción. El ámbito operativo de estos núcleos reducidos era el club político, donde se hacía proselitismo, se evaluaba la situación y de donde se propalaban las decisiones de los notables. En el sistema de club, no contaban los afiliados, sino los adherentes ocasionales, lo que hacía más fluida la situación partidaria.
Dentro de este esquema, Mitre había alterado la conducción del partido Liberal, que a partir del pacto de Unión Nacional se regía por la línea nacionalista. La nueva política de Derqui se adecuaba muy bien a esta línea y le habría amplias perspectivas.
La reforma constitucional
El año 1860 comenzó promisoriamente para la paz nacional. La Convención ad hoc, convocada en la provincia para proponer reformas a la constitución nacional, había propuesto cambios prudentes que tendían a reforzar el federalismo y la autonomía provincial.. El 6 de junio se firmó un nuevo pacto entre la Confederación y Buenos Aires que alteraba algunas de las bases del de Unión Nacional, fijaba la forma de concurrir a la nueva asamblea nacional constituyente, reservaba a Buenos Aires el manejo de la aduana y establecía un subsidio de la provincia a la nación por un millón de pesos mensuales. La Convención Nacional Constituyente se reunió en septiembre y aceptó casi por unanimidad las reformas propuestas por Buenos Aires, en lo que tuvo buena parte la influencia de Urquiza.
El estado de armonía durará poco, el proceso previsto por el Pacto de Unión se estaba descomponiendo rápidamente. Los sucesos de San Juan (asesinatos de Benavídez y Aberastain), el rechazo de los diputados porteños al Congreso Nacional por haber sido elegidos según la ley provincial y no por la nacional como correspondía, superaban en sus efectos la rápida aceptación que se había hecho de las reformas constitucionales propuestas por Buenos Aires. Por otra parte, Urquiza había concluido su mandato presidencial y su sucesor, Derqui, debía manejarse con extremo cuidado entre su propia debilidad y el poder real de su antecesor.
En suma, los dirigentes porteños se aprestaban nuevamente para la guerra y hasta para una independencia total, cuyas condiciones prepararon en el mayor secreto mediante el envío de algunos emisarios oficiosos a Montevideo y Río de Janeiro.
Al fin resultó patente que de nuevo se avecinaba el conflicto armado. Hubo, como antes, negociaciones que no llegaran a buen término y el invierno de 1861 pasó entre preparativos bélicos, gestiones frustradas, acusaciones recíprocas e intrigas de todo tipo.
La ruptura
En los meses anteriores, el presidente Derqui había protestado lealmente ante Urquiza por las presiones a que se sentía sometido. El gobernador entrerriano lo había tranquilizado, ratificándole su lealtad y respeto. ”Nadie ha de saber primero que usted lo que de usted me disguste”, le decía, asegurándole que no era hombre de actuar por detrás. Pero cuando temió que Derqui procediera, , ya no en su contra, sino contra los intereses de la Confederación, se dispuso a estrecharlo ”para que su autoridad se ponga del lado de nuestra obra”.
Sin embargo, no se ocultó al círculo de San José que la intervención a Córdoba tenía objetivos políticos ajenos a la lucha con Buenos Aires y los liberales. Derqui abandonaba a estos y se acercaba a San José, pero no del todo. Cedía al deseo de estructurar alrededor de Saa, en San Luis y Córdoba, un competidor de Urquiza.. Aunque este se resistía a admitirlo, existía en San José la sensación de la “traición” del presidente. Una vez rotas las hostilidades con Buenos Aires, al realizarse la conferencia de paz a bordo del “Oberón” el 5 de agosto, Derqui olvidó su gabán con cartas de Luque referidas al intento de neutralizar a Urquiza. Las cartas caen en poder de este y el vencedor de Caseros se convence que es traicionado. Si siempre ha sentido vocación por la paz, ahora la procurará a todo trance. Preferirá pactar y aun ser vencido por los enemigos, que traicionado por los amigos. Su espíritu decae. Nombrado jefe del ejército confederado, va a la guerra sin entusiasmo, sin ver los frutos de una eventual victoria. De allí que antes de la batalla procurará por todos los medios y hasta último momento acordar y que después de ella se retire a Entre Ríos y procure un entendimiento con Mitre.
En junio de 1861 cesó la correspondencia entre Derqui y Mitre. La intervención de Córdoba había sido el signo de la ruptura. Una ley del Congreso declaró a Buenos Aires sediciosa y autorizó al presidente a intervenir la provincia. La situación del gobierno porteño no era fácil. La guerra era impopular, si bien una minoría activa que dominaba la prensa procuraba entusiasmar por ella a la mayoría indiferente o disconforme. Los que rodeaban a Mitre se sintieron arrebatados por la perspectiva de una revancha de Cepeda. Pero Mitre sabía que las provincias aliadas lo eran en la paz pero que en caso de guerra no arriesgarían nada, pues carecían de fuerza y de solidez política.
Sabía el gobernador que la paz era muy difícil y se preparó para la guerra, saliendo a la campaña a formar un ejército, pero siguió trabajando por la paz, seguro de que ésta le daría, con menos riesgo, el fruto que otros buscaban en la guerra.
Pavón
En septiembre se pusieron en movimiento los ejércitos. Urquiza se situó entre las nacientes del arroyo Pavón con 17.000 hombres. Al sur del arroyo del Medio, Mitre contaba con 15.400 soldados. Secundaban a Urquiza, Saa, Francia, Virasoro, López Jordán. Acompañaban a Mitre, Venancio Flores, Paunero, Emilio Mitre, Hornos. En las fuerzas de Buenos Aires predominaba la infantería; en las confederadas se equilibraban caballería e infantería. Era la primera vez que Urquiza recurría a una maza de infantes tan importante; la primera vez también que adoptaba una actitud defensiva en las operaciones. Mitre no se hacía ilusiones acerca de la capacidad de la caballería porteña y jugaba todo a su infantería. Buscó así al ejército federal y lo encontró el 17 de septiembre, sobre el arroyo Pavón. Las previsiones del general porteño se cumplieron. Su caballería fue arrasada de entrada y solo una pequeña parte se cubrió sobre la reserva. La infantería en cambio pese a la resistencia federal, rompió el centro de la línea contraria y la desorganizó. El triunfo era tan completo en el centro como derrota en las alas, aunque ambos no empeñaron sus reservas. Urquiza, que situado en un ala vio la derrota de su centro y carecía de noticias del otro extremo, supuso que aquella estaba también derrotada, y cansado de una lucha que veía sin objeto, ordenó la retirada del ejército.
Los efectos políticos fueron aún mayores y permitieron al general Mitre una amplia explotación de la batalla. Urquiza disgustado con el presidente, se retiró con las fuerzas entrerrianas a su provincia, sorprendiendo a todos con su actitud.
El 4 de octubre, Mitre inició su avance sobre la provincia de Santa Fe, el 8 entraron en Rosario sus fuerzas navales y el 12 el ejército.
A partir de aquí comienza una nueva etapa que deriva en un acercamiento de Urquiza hacia Mitre por intermedio de Juan Cruz Ocampo primero y de Martín Ruiz Moreno después, mientras hace oídos sordos a los pedidos de Derqui y de gente de su propio círculo. En cuanto a Mitre se decide a una política transaccional con Urquiza, a condición de que éste deje a Buenos Aires libre para derriba a las autoridades nacionales, actuar sobre las provincias interiores y reestablecer la constitución.
Ahora si se habría una nueva etapa en la Nación Argentina, signada por la hegemonía de Buenos Aires. Acaso el enigma del retiro de Urquiza, se debía a esta convicción íntima: que el precio de la unidad nacional era dejar su instrumentación en manos de la provincia más fuerte para que la llevara a cabo a su manera.
En estas tratativas se ha diluido el rol del Presidente Derqui al quedar al margen de la conducción del proceso político, pues carecía de poder efectivo alguno y sus intentos por reestablecer la situación fueron infructuosos y finalmente los abandonó. El 6 de noviembre se refugió en la fragata Ardent, anunció que presentaría su renuncia y se marchó del país. El 20 de noviembre partía Paunero con una división de ejército sobre Córdoba, donde estalla una revolución liberal. El 22 los restos del ejército federal eran acuchillados en Cañada de Gómez por el general Flores y, terminaba su existencia como fuerza militar organizada. El colapso de la Confederación era total e irremediable. En la lucha por la dominación que se había librado, la bandera de la hegemonía volvía a pasar a Buenos Aires a una Buenos Aires liberal.
El 1 de diciembre, Entre Ríos reasumió su soberanía y se declaró en paz con las provincias. El 12 de diciembre, el vice presidente Pedernera, declaró caducas a las autoridades nacionales.
En las elecciones de abril de 1862, Obligado, candidato mitrista de transición fue derrotado por Mármol, su opositor y uno de los líderes aislacionistas. El partido Liberal se escindió en Autonomista y Nacional, y si bien Mitre subió a la presidencia, dejó muchos descontentos en Buenos Aires. Por otra parte la autoridad de Urquiza no se recuperó nunca del malestar producido por su alianza con los porteños, una década después, su asesinato por partidarios de López Jordán lo corrobora.
Buenos Aires había recogido la bandera que había perdido en Caseros, y se disponía nuevamente a dictar su política al resto del país, en verdad era más la política de Mitre que la de Buenos Aires, todavía enceguecida por arrebatos separatistas y el resentimiento hacia los provincianos.
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Repositorio propio.
José Alberto Auzmendi




























































