A 76 años de su nacimiento, recordamos al «Flaco», el artista que transformó la sensibilidad del rock nacional y elevó la canción a la categoría de poesía.
Cada 10 de febrero, el calendario de efemérides nacionales se detiene en un nombre que es sinónimo de vanguardia y coherencia artística: Luis Alberto Spinetta. Al cumplirse un nuevo aniversario de su natalicio en 1950, su legado continúa más vigente que nunca, atravesando generaciones que encuentran en su música un refugio de libertad y belleza.
Spinetta no fue solo un compositor; fue el arquitecto de un sonido propio que logró amalgamar la crudeza del rock con la sofisticación del jazz y la profundidad de la literatura surrealista. Desde el despertar lírico de Almendra, pasando por la furia eléctrica de Pescado Rabioso y la precisión geométrica de Invisible, hasta su etapa solista, el «Flaco» mantuvo una premisa innegociable: «Mañana es mejor».
Un faro para los artistas locales
Su influencia no conoce fronteras geográficas. En comunidades de todo el país, desde las grandes capitales hasta los rincones de la Comarca de Sierra de la Ventana, músicos y poetas locales rinden homenaje a su obra, destacando su capacidad para retratar la identidad rioplatense sin caer en lugares comunes.
Su fallecimiento en 2012 dejó un vacío físico, pero consolidó un catálogo de canciones que hoy son patrimonio cultural de los argentinos. Obras maestras como Artaud, Durazno Sangrando o Barro Tal Vez siguen siendo objeto de estudio y admiración por su complejidad armónica y su pureza espiritual.
El Día del Músico: Un tributo institucional
Cabe recordar que, en reconocimiento a su inmensa contribución, el Congreso de la Nación instituyó mediante la Ley 27.106 el Día Nacional del Músico en la fecha de su nacimiento, asegurando que cada 23 de enero (y hoy, al celebrarse su efeméride de vida), la música argentina tenga su momento de reflexión y celebración bajo su nombre.
Hoy, las radios, redes sociales y centros culturales se inundan de sus melodías. Porque recordar a Spinetta es, en definitiva, celebrar la posibilidad de un arte sin concesiones.
































































