Hoy se conmemora un aniversario clave en la historia de la dignidad argentina. El 23 de enero de 1945, la firma del Decreto N° 1740 por parte de la Secretaría de Trabajo y Previsión liderada por Juan Domingo Perón, no fue un acto de benevolencia patronal ni un proceso natural del mercado: fue una conquista política arrancada a la oligarquía.
El fin de la «letra muerta» y el privilegio de clase
Antes de 1945, el descanso era un lujo reservado para los «dueños del país». Aunque existían leyes aisladas, eran decorativas y carecían de control. El Decreto 1740 rompió esa lógica al generalizar el derecho y, sobre todo, al hacerlo cumplir.
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La conquista del tiempo: Por primera vez, el trabajador dejó de ser visto como una herramienta de producción constante para ser reconocido como un sujeto con derecho al ocio y al goce.
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La ruptura del espacio: Las vacaciones pagas permitieron que las mayorías populares «profanaran» los balnearios y centros turísticos que la elite consideraba propios. Mar del Plata dejó de ser una postal aristocrática para convertirse en el símbolo de la justicia social.
El descanso como acto de soberanía
Esta medida no fue un hecho aislado, sino la piedra angular de un proyecto nacional que incluyó el aguinaldo, el salario mínimo y el turismo social. No se trató de caridad, sino de la devolución de un derecho que el sistema les negaba.
«Las vacaciones pagas fueron la base para que el pueblo conociera su propia tierra. No cayeron del cielo; fueron el resultado de una decisión política firme en favor de quienes producen la riqueza del país.»
Un derecho irreversible
La fuerza de esta conquista fue tal que, tras el golpe de 1955, ni siquiera la dictadura pudo borrarla del mapa social, teniendo que ser ratificada en el artículo 14 bis de la Constitución. Hoy, recordar esta fecha es reafirmar que donde existe una necesidad, nace un derecho, y que ese derecho solo se sostiene con organización y voluntad política.



































































