La NASA confirmó que el asteroide 2025 PN7 acompaña la órbita terrestre en un fenómeno de «cuasi-luna». Aunque es invisible al ojo humano, este cuerpo rocoso permanecerá cerca de nuestro planeta hasta el año 2093.
A diferencia de lo que ocurre con los satélites naturales permanentes, la Tierra ha sumado una compañía inusual en su viaje por el sistema solar. Se trata del asteroide 2025 PN7, un objeto de aproximadamente 19 metros de diámetro que, si bien no es una luna real, se comporta como tal debido a su sincronía orbital con nuestro planeta.
Según datos confirmados por la NASA, este fenómeno —conocido técnicamente como cuasi-satélite— no implica que el objeto esté atrapado por la gravedad terrestre, sino que ambos comparten una órbita similar alrededor del Sol. Esto genera la ilusión óptica de que el asteroide orbita la Tierra, cuando en realidad ambos viajan a la par.
Un fenómeno de larga duración
A diferencia de las «mini-lunas» que suelen visitarnos por pocos meses, el 2025 PN7 es un compañero de largo plazo. Los cálculos astronómicos indican que:
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Permanencia: Lleva aproximadamente 60 años en nuestra vecindad y se espera que se quede otros 60 más.
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Despedida: Su salida de esta configuración orbital está prevista para el año 2093.
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Dimensiones: Con 19 metros de largo, tiene un tamaño comparable al de un edificio pequeño.
¿Se puede ver desde Argentina?
Pese al interés que despierta la idea de una «doble luna», los especialistas advierten que es totalmente invisible para el público general. Debido a su magnitud aparente de 27 (extremadamente tenue) y su distancia de más de 60 millones de kilómetros, no puede ser detectado con binoculares ni telescopios domésticos.
En Argentina, el seguimiento del objeto queda reservado exclusivamente para observatorios profesionales y centros de monitoreo científico. Además, la agencia espacial estadounidense fue enfática al asegurar que el asteroide no representa ningún riesgo de impacto para la Tierra.
Valor científico
Para la comunidad astronómica, la presencia de esta cuasi-luna es una oportunidad única para estudiar la dinámica de los objetos cercanos a la Tierra (NEO). Mientras la Luna seguirá siendo nuestro único satélite natural oficial, el 2025 PN7 servirá como un laboratorio natural para entender mejor cómo se mueven los cuerpos menores en nuestro entorno espacial durante el siglo XXI.





































































