En el Curso sobre Ambientalismo Popular, en el que me inscribí y que dicta el Ministerio de Ambiente junto a la UNLP, las coordinadoras presentaron a los expositores sistemáticamente como “los/as jóvenes”.
En general esta expresión es utilizada como dato cronológico, pero a lo largo del curso se planteó casi como un valor supremo.
Para las capacitadoras, la juventud parece ser el principal atributo —y quizás el único requisito— para “ser parte”. Al punto tal que se pondera por encima de los títulos de posgrado o la trayectoria (que paradójicamente requiere del paso del tiempo). Incluso una de las voces autorizadas frente al aula era la de un estudiante universitario, validado únicamente por su frescura juvenil.
En una de las clases al mencionar a un ex presidente de la década del 90, las coordinadoras (todas mujeres) afirmaron entre risas: “Por supuesto que no tuvimos la posibilidad de conocerlo”.
Pedí la palabra para intervenir y, casi por reflejo me disculpé por mi propia historia.
“Tuve la oportunidad de conocer al ex presidente en la Isla Martín García, cuando aterrizaba allí para cumplir sus horas de vuelo”. Y agregué, casi con resignación: “Perdón, es que soy una señora mayor. No soy joven, lo siento”.
Quienes me conocen estarán pensando que esa disculpa no surgió de un verdadero sentimiento. Y no se equivocan. Fue la necesidad de reclamar mi lugar como persona que cree haber honrado su recorrido.
Esta nota podrá parecer auto referencial. No es la intención. Solo deseo representar con mi relato lo que les pasa a otras mujeres trabajadoras del Ministerio de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires a cargo de la Ministra Daniela Vilar.
Comencé en el año 1990 en la Isla Martín García. Fui y soy la primera Guía Especializada del Sistema de Áreas Naturales Protegidas. En ese momento Guía intérprete (aún no se había reglamentado la ley que rige en las Reservas Naturales). Años después pasé a trabajar en el Parque Provincial E. Tornquist donde oficié de Guía, administrativa, educadora ambiental y hasta me ocupaba de mantener limpia la oficina, porque en ese momento, apenas éramos tres personas.
Participé en el proyecto de conservación del pastizal que incluyó la extracción inédita de caballos asilvestrados del Parque Tornquist. En esta Reserva Natural también fui coordinadora por disposición de la Dirección de Áreas Protegidas del Programa Uso Público del Recurso que implicaba la organización turística, recreativa y educativa de una Reserva Natural que iba creciendo en visitantes.
En un mundo de hombres fui la primera mujer con funciones que implicaban tener personal a cargo, soportando constantes ataques y ninguneos de mis compañeros varones. Ellos se acordarán. También debería acordarse de mí el Guardaparque Ricardo Cañete quien, en el cargo de Director, encubrió los ataques.
Algunos me llamaban con mi apellido de casada. Como si mi posición dependiera de estar casada con un Guardaparque de larga trayectoria. El tiempo demostró lo contrario.
Hoy estoy desempeñándome en la séptima Área Natural Protegida. En cada una de ellas participé en proyectos que pretendían dejar su impronta. El primer museo en la Isla Martín García, los primeros lineamientos de educación ambiental en la novel Reserva Mar Chiquita, trabajé intensamente en una Educación Ambiental en el Parque Tornquist, Reserva Natural Chasicó, Reserva Natural Pehuen Co, Islote de la Gaviota Cangrejera y hoy en la Reserva Natural de Bahía Blanca.
Soy coautora del Programa Integral e Inclusivo del Sistema de Áreas Naturales Protegidas “Sembrar Futuro” aprobado por Resolución Provincial, que plasma la impronta que las Reservas Naturales tienen en este tema y autora de cuatro proyectos de capacitación docente con puntaje aprobados por la DGCyE que además me habilita como capacitadora externa.
Tengo un profesorado, una licenciatura, un postítulo, dos diplomaturas, una Especialización en Práctica Docente culminando una Maestría y postulándome para el Doctorado en Educación.
Sin embargo el Director Provincial Gabriel Terny solicitó un préstamo al CTI, para contratar personal externo que trabaje en los planes de manejo de la Reserva donde hoy me desempeño y de las Áreas Protegidas Mar Chiquita y Pehuen Co lugares donde como dije, tuve experiencias de primera mano.
Nunca me convocaron para ser parte del contenido educativo de esos Planes de Manejo. Prefieren usar fondos del estado para que otros hagan la tarea por la que estamos nombrados el personal de planta.
Y hay más, pero como muestra basta un botón.
Repito: no soy la única. En nuestro ministerio tenemos mujeres profesionales y formadas en su área, que tampoco son convocadas. Algunas se sienten amenazadas, otras decidieron irse porque no soportaban más el destrato. Mujeres a las que les iniciaron falsas denuncias y sumarios que tuvieron que cerrar por faltas de pruebas.
¿Se preguntarán por qué? Es que nos negamos a convertir nuestro espacio de trabajo en un ámbito de militancia. Somos personal de planta y reconocemos nuestras obligaciones, pero nuestro salario es la retribución por labores administrativas, técnicas y profesionales, no un contrato de adhesión política. No estamos aquí para sostener la estructura partidaria de una gestión, sino para cumplir con la función pública que nos fue encomendada.
Desde el ninguneo, el abandono, y sobre todo de ignorar la trayectoria de las mujeres que hemos acarreado la arena sobre la cual hoy se asienta este Ministerio de Ambiente, se ha ido construyendo una cultura ministerial del peor tipo de violencia de género. Encontraron una forma de borrarnos, de decirnos que nuestra voz ya no tiene lugar en el diseño de las políticas públicas que nosotras mismas ayudamos a cimentar. Molestamos. Nos quieren calladas y sumisas.
Pero la estocada final comienza ahora. Buscan modificar la ley 10907 que rige en las Áreas Naturales Protegidas. Piensan flexibilizarla para que la naturaleza se disipe en una nube de intereses ajenos a la conservación del ambiente natural y su biodiversidad.
Pero además en la misma nube se irá disipando nuestra trayectoria, nuestro trabajo y nuestra voz hasta desaparecer por completo.
Sin embargo no nos quedaremos con los brazos cruzados.
Nuestra negativa a ser una pieza de su engranaje partidario es, en última instancia, un acto de coherencia ambiental. No empujaremos el barco de una gestión que flexibiliza la ley con la intención destruir nuestras reservas para que terminen siendo un paisaje más, ni vamos a ceder nuestra dignidad profesional a cambio de un lugar bajo su ala.
Las reservas naturales resisten, las comunidades costeras resisten, y nosotras, las mujeres de planta que sostenemos el Estado mucho antes de que esta gestión llegara y mucho después de que se retiren, también resistiremos.
Aclaro que he presentando todas las denuncias formales, por eso pido hasta el cansancio:
Señora Ministra Daniela Vilar: Basta de violencia institucional. El ambiente y nuestra dignidad no son negociables.
Lic. Patricia González.
Mujer trabajadora del Sistema de Áreas Naturales Protegidas































































