A 82 años de la mayor tragedia natural de la Argentina, recordamos el sismo que destruyó la capital sanjuanina y sentó las bases de la moderna prevención sísmica en el país.
Un sábado de calor agobiante, a las 20:52, la tierra crujió con una fuerza devastadora. Un terremoto de magnitud 7,0 en la escala de Richter, con epicentro en la localidad de La Laja, redujo a escombros el 90% de la infraestructura de la ciudad de San Juan en apenas segundos. El desastre no solo dejó un saldo estimado de 10.000 víctimas fatales, sino que marcó un antes y un después en la memoria colectiva y en la ingeniería civil de la República Argentina.
El impacto fue total. Las viviendas de adobe, predominantes en la época, colapsaron sobre miles de familias, dejando a gran parte de la población a la intemperie y sin servicios básicos. La respuesta nacional fue inmediata: desde todos los rincones del país se organizaron colectas y trenes sanitarios para asistir a los sobrevivientes. Fue, además, el escenario donde se produjo el histórico encuentro entre Juan Domingo Perón y Eva Duarte, durante un festival solidario organizado en el Luna Park para recaudar fondos para los damnificados.
Sin embargo, el legado más perdurable de la tragedia fue la reconstrucción. San Juan renació bajo estrictas normas de edificación sismorresistente, convirtiéndose en la ciudad más segura del país frente a este tipo de fenómenos. Asimismo, el evento impulsó la creación del Consejo de Reconstrucción de San Juan, antecedente directo del actual Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES).
Hoy, a más de ocho décadas de aquel fatídico día, la provincia rinde homenaje a las víctimas y reafirma su compromiso con la cultura de la prevención, recordando que la memoria es la mejor herramienta para enfrentar los desafíos de la naturaleza.

































































